Carismática y lucida dirigente sindical y feminista, excepcional oradora capaz de apasionar a cualquier auditorio, profundamente humana, Elena Gil estuvo presente y activa a favor de todas las luchas por la justicia social en América Latina. Su militante acción pública en defensa de la agredida República Española le ganó por su vibranteverbo e infatigable combate el sobrenombre de "La Pasionaria Cubana".

Bajo su dirección cientos de miles de trabajadoras domésticas, campesinas y humildes mujeres de todo el país adquirieron una profesión y un lugar digno dentro de la sociedad cubana. A Elena se le confió también la masiva y urgente formación de miles de maestros primarios, pilar insustituible de la revolución educacional y cultural que se iniciaba.
En estas escuelas la autodidacta pedagóga revolucionaria, incorporó a la organización de la vida escolar y a su curriculum, el sistema de valores morales sobre el cual erigió su vida. Comprendía mejor que muchos que una sociedad alternativa no se lograría sobre la base del adoctrinamiento político del intelecto sino, esencialmente, por la consolidación de una ética humanística y revolucionaria. Honradez, dignidad, decoro, modestia, tesón, sentido colectivo y solidario, amor al prójimo y a la humanidad eran los sostenes seguros de un socialismo llamado a perdurar. A inculcar esos valores en las nuevas generaciones dedicó Elena sus mejores esfuerzos.
Sus últimos años la vieron retomar nuevamente las tribunas internacionales como Presidenta del Movimiento por la Paz y la Soberanía de los Pueblos en Cuba. El Consejo Mundial por la Paz, a una de cuyas vicepresidencias fue electa, se vio enriquecido con esta mujer que insistía una y otra vez en la defensa no sólo de la paz mundial sino de las luchas populares y nacionales de los pueblos del Tercer Mundo.