Centro Félix Varela

Publicaciones Acuario

Documentos en línea

Comentario al libro Familia y Pobreza en Cuba. Estudio de casos
Dra. Luisa Iñiguez Rojas

Centro Félix Varela. La Habana,  7 de julio del 2010

Con sincera gratitud, acepté comentar el libro “Familia y pobreza en Cuba”, a solicitud de su querida autora.

Pausada, rigurosa y sutilmente enérgica, María de la Carmen Zabala nos conduce en este documento por la pobreza, uno de los temas más delicados y temidos en nuestra sociedad, estudiada en la familia, una de las instituciones más cuidadas y lastimadas en el proceso de construcción de la sociedad socialista.

Recuerdo hace una década al terminar un proyecto de investigación sobre desigualdades espaciales del bienestar en Cuba, en medio de las dificultades para encontrar a alguien que avalase sus resultados, conocimos de algunas vicisitudes que la Zabala  experimentaba con su tesis de doctorado. A partir de entonces, numerosos encuentros formales e informales alimentaron el profundo aprecio, que espero nunca acabe, por el ser humano, la mujer, la madre, y la investigadora que es.

Desigualdad y pobreza están íntimamente relacionadas desde el punto de vista ético y social, y cuando asumimos estos escabrosos temas Zabala, estábamos tal vez adelantadas, porque sus reconfiguraciones estallaban ante nuestros ojos y nuestras mentes inquietas en la década del 90, cuando como bien consta en el prólogo de este libro, no estábamos preparados para afrontar el tema de manera pública.

Por razones de mi permanente persecución de la diferenciación espacial de la sociedad, la lectura de este libro, me mantuvo todo el tiempo viajando del recorte del consejo Popular Catedral,  y sus históricos barrios de San Juan de Dios y Santo Ángel, que nadie sabe cuántos de sus residentes conocen,  a sus vecinos de Santa Clara, Santa Teresa, San Felipe y los demás santos o no, que los rodean, viajé a otros barrios de su contiguo municipio de Centro Habana, y otros  más distantes. También me trasladé de la condición de nativa, nacida y residente de toda a la vida en el barrio, a la de inmigrante de  varias décadas o recién llegada, procedente de barrios similares “populares, de obreros” de la provincia, de pueblos de otras provincias, o incluso de un lugar rural anterior.

Con certeza las situaciones documentadas en este libro, se repiten en los espacios donde ha sido secuestrada una expresión tal vez única en el mundo de  pobreza urbana y de pobres urbanos. Analizada en varias investigaciones, conocida y atendida con pocos resultados, el deterioro de condiciones de reproducción social, calificada por la autora como pobreza, toma un matiz de consternación y de urgencia, hasta para los que hemos documentado durante décadas condiciones similares de vida, sin atrevernos a hablar de pobreza.

Partiendo de un grupo de niños de escuelas primarias con desventaja social, que viven en un Consejo Popular, y pobres, en viviendas precarias y con ingresos insuficientes, la autora selecciona a varias familias, y comienza con una arsenal, teórico metodológico y humano propio, a descifrar sus vidas, mediante una caracterización intensa y  viva, donde hablan datos, integrantes de las tramas y la propia Zabala.

A un investigador social que no conozca Cuba, puede desconcertarlo el contraste entre condiciones materiales de vida de las familias, y la escolaridad de sus miembros, la cobertura de servicios de salud, la asistencia y la seguridad social a las que acceden. Dudosamente encontraría algún otro ejemplo de tal contraste. Pero las características del funcionamiento y la dinámica familiar, lo aproximarían de nuevo a las familias pobres de cualquier ciudad, al menos de América Latina. Tamaño promedio de la familia alto, con bajo índice de ocupación laboral, sobrerrepresentación de mestizos y negros, patrón matrifocal, de maternidad temprana y elevada fecundidad, baja comunicación entre sus miembros, desbalance entre la función reguladora y la afectiva, nivel de participación social limitado, nivel de elaboración de los proyectos familiares bajos y visión a corto plazo, son también particularidades de espacios familias pobres en nuestro contexto regional, pero en nuestro caso, a diferencia del resto, las calamidades que se derivan de estos cuadros están controladas, o nunca se manifestaron.

La pobreza se alimenta de sucesos económicos, culturales, y también políticos, pero a decir de Chesnais, todo lo que se construye socialmente, es susceptible de derribarse. Así, entre numerosos desajustes familiares que la autora detecta, revela importantes recursos, no materiales, para enfrentar el cotidiano, que coloca con optimismo, como la protección efectiva de las políticas sociales, que les permiten mantener la salud y la escolarización de sus miembros, y le asegura, aunque sea un mínimo, de satisfacción de necesidades primarias y halla un nivel de cohesión en general elevado, una respuesta adaptativa a las circunstancias en que viven, y un nivel de integración social en general altos. Aceptados como beneficiosos, en algunos casos pueden volverse perjudiciales, ni siempre la cohesión o las respuestas adaptativas son socialmente deseables.

Si tuviese que destacar aportes más notables de este libro, me referiría en particular a cuatro de ellos: La ruptura en pedazos de las dicotomías inútiles, la heterogeneidad al interior de la homogeneidad y su implicación en las respuestas individuales y de las políticas sociales;  la omisión de la vivienda como componente de la condición de la pobreza; y el cuarto y más importante, la dolorosa actualidad de sus relativamente envejecidos resultados.

Entre condiciones materiales de vida, y dimensión económica, digamos más objetivas, este libro hace emerger con firmeza y serenidad, la dualidad pocas veces tratada  de lo subjetivo-objetivo, y lo material - espiritual ofrece un riguroso procedimiento para entender la complejidad de la vida de familias pobres, transita escalas y niveles con métodos hibridados cuantitativos y cualitativos, y teje un documento que integra, convence y además de cumplir con los requerimientos de una tesis de doctorado, se coloca por momentos en el límite de formas literarias, narrativa, ensayo, cuentos sin ficción.
En el segundo aspecto, la autora coloca en foco, un asunto de particular atención en los peligrosamente dinámicos marcos conceptuales en los cuales se mueven hoy las investigaciones sociales, en la búsqueda de enfoques complejos y pudiéramos formularla como interrogante. ¿Cuales son los límites de la homogeneidad en el diseño de políticas sociales?
  La pobreza según los indicadores seleccionados, une a estas familias, que posteriormente se separan según  la composición familiar, las estrategias de vida y los proyectos familiares que conciben para enfrentar la propia condición de pobreza. Así, la orientación pro social o pro familiar mayoritaria, los  proyectos futuros con énfasis en lo inmediato, o sin proyectos definidos, la alta o baja cohesión familiar, las respuestas adaptativas flexibles o poco flexibles, y los variados tipos de conformaciones familiares en contextos de pobreza, parecen subdividir estas familias pobres en ricas y doblemente  pobres.

Ello refuerza la necesidad de practicar  lo que llamaríamos, aceptando de esta vez los controvertidos conceptos,  la  focalización de la focalización, o la selectividad de la selectividad, la primera lograda mediante datos generales de contexto, y la segunda elaborada “a mano” por trabajadores sociales o comunitarios suficientemente preparados para comprender las implicaciones de estas silenciosas diferencias, en el logro de resultados efectivos y permanentes. La heterogeneidad dentro de la homogeneidad relativa, es un paso que exige de una cautelosa atención y es decisiva en  el diseño, la   aplicación y en especial en los logros de cualquier política equitativa, sea esta familiar, grupal, territorial, u otras.   

En tercer lugar, el hecho de que las familias no aludan  a las condiciones desfavorables de la vivienda, al fundamentar su pobreza, trae otra interrogante desde el punto de vista teórico y aplicado. Si es el problema de la vida cotidiana más repetido, identificado incluso antes que la precaria situación económica de la familia, si  en varios momentos se considera la principal carencia, lo que más se necesita, del que hacen depender otros problemas, la no consideración de este componente es significativo como la autora destaca. ¿Por qué la familia no reconoce que los problemas de vivienda y de habitabilidad se asocian con su pobreza?

En este hecho, en apariencia paradójico, operan con seguridad múltiples causas entretejidas, entre las cuales pudieran operar referenciales enquistados por generaciones de habitar en un reducido espacio, con indetenible deterioro constructivo, que llega a considerarse  “inevitable “o a “naturalizarse” y estar rodeado de condiciones similares; el convencimiento de no contar con recursos a corto plazo para mejorar; o la seguridad de que hay que esperar por la intervención del gobierno, esperar con o sin esperanza.

Como bien destaca la autora, las familias que estudia residen en condiciones de de habitabilidad precarias, acentuadas en la década del 90, cuando también sufre un deterioro la  dimensión económica de sus condiciones de vida. No creo en el determinismo geográfico o espacial, no obstante considero que estos enclaves de deterioro constructivo, que hasta hoy no hemos sido capaces de enmendar, son fuentes, condicionantes, de otros deterioros sociales. ¿Será que es posible minimizar estos deterioros sin mejorar las condiciones de habitabilidad?

Aceptar que no es un proyecto de la familia, que no es una meta que los hijos o el matrimonio posean un cuarto independiente o “realmente independiente” para dormir, que los niños o jóvenes no tengan un lugar donde guardar los materiales de la escuela o donde estudiar, o que no haya un baño dentro de la vivienda, como hemos constatado en barrios similares, nos aflige tanto, como que estos y otros atributos de la vida cotidiana, no se asocien con el futuro de la familia. La psicología, la antropología, la sociología y otras ciencias unidas, tienen modos de explicar estas ausencias, las consecuencias inmediatas y mediatas de ellas, pero lo más difícil es elaborar propuestas éticas para que las familias consideren metas o aspiraciones aquellas que deban o puedan ser incluidas.

El último de los aportes que destaco es el más sensible y de mayor repercusión científica y también política. Los barrios pobres, pueden poseer un fondo construido originalmente para o por pobres, o haberse empobrecido con el tiempo. La Habana nació y evolucionó segregada,  y como problema hereditario y genético, está en los cimientos de sus fijos espaciales. El cambio de funciones urbanas,  y la pérdida de interés de estos espacios residenciales para algunas familias de algunos estratos sociales, se convirtieron en ventajas para otros que solo veían oportunidades. Sus barrios centenarios o casi centenarios, originalmente pobres o empobrecidos persisten como  refugio de carencias acrecentadas al aumentar sus miembros.

Tres décadas resultaron muy poco tiempo para eliminar las más agudas diferencias de condiciones materiales de vida, y la siguiente martilló estas condiciones para profundizar estas diferencias, complicadas con el surgimiento de  nuevas desigualdades entre espacios que incrementaban su opacidad y la atracción de inmigrantes, al lado de otros que por el contrario se convertían rápidamente en atractivos y luminosos. La desigualdad y la delicada trama que la separa de la inequidad, se revelaron y dolorosamente permanecieron en la pasada década, y permanecen en la actual, al igual que se mantienen vidas familiares como las de Olga, Rita y Bárbara  personajes que cierran este libro, y de otras tantas familias similares que pueden ser conocidas o amigas de cualquiera de nosotros.

Por último, destaco un aspecto más a favor de la vigencia de un documento que cumplió una década. Cuando la autora “unió” desventajas sociales de niños, con viviendas precarias y situaciones económicas desfavorables,  integraba las miradas institucionales parceladas de tales hechos, e imbricaba de forma rotunda las causas de las causas, tantas veces inapreciables en  las pragmáticas acciones de planificación, y gestión territorial, e incluso en los mecanismos  formalmente establecidos de atención a las poblaciones más vulnerables.

En la actualidad, entre las prioridades de prevención para el trabajo comunitario  en la Ciudad de La Habana, aparecen por orden, los niños que incumplen sus deberes escolares, y los niños con problemas de conducta, hacia los cuales la Zabala orientó sus preocupaciones a inicios de la década del 90, los jóvenes desvinculados, los ex reclusos, la prostitución, a la que hoy se vinculan algunos de aquellos niños u otros que tuvieron condiciones similares a las que describiese entonces, y las indisciplinas sociales la quinta de las prioridades, más general, presente en estos y otros espacios urbanos, acrecentada como una de las consecuencias secundarias más tristes de la crisis de los 90 y de los procesos de recuperación y de nuevas crisis. En paralelo a estas prioridades de atención comunitaria, se intenta ampliar las opciones para mejorar las condiciones de habitabilidad, donde espero no sean beneficiadas solo las familias de mayores ingresos y cuyos resultados también espero no demoren.

En estas circunstancias, ganan valor aplicado los resultados de este libro, su propuesta teórico-metodológica, y sus conclusiones acertadamente propositivas, que a mi juicio deben alimentar políticas y  prácticas sociales.

Familia y pobreza en Cuba constituye un valioso aporte a las Ciencias Sociales en nuestro país, su lectura provoca recordar la máxima del Che Guevara, de que la nueva sociedad en formación debería competir duramente con el pasado, y reconocer  como ese pasado se propaga en el presente, cuando la pobreza refugiada, secuestrada en algunos espacios, se reproduce con nuevas reconfiguraciones materiales y subjetivas, en antiguas o nuevas familias que no consiguen liberarse de sus penurias.

La indagación que le dio origen a este libro, sienta un precedente en las las investigaciones sociales  después del triunfo de la Revolución Cubana, es muestra de lealtad con ella, y de intrepidez de la autora al asumir un tema “prohibido o auto prohibido”, que no debimos, ni debemos omitir.

Las palmas para la Publicaciones Acuario y el Centro Félix Varela, para Patricia Arés quien acompaño directamente a la autora en estos resultados, y honores para mi querida María del Carmen Zabala por un libro de crucial importancia para los que hoy intentamos documentar las mudanzas de la sociedad cubana, y para aquellos que nos sustituirán.

Muchas gracias

Subir

Menu de la pagina

 

Calle 5ta. Nº 720 esq. a 10,
El Vedado,
municipio Plaza de la Revolución,
C.P. 10400,
La Habana, CUBA.

Teléfono:
(53-7) 836-7731
Fax:
(53-7) 833-3328

Correo electrónico:

cfv@cfv.org.cu