Razones para aprender a Dra. Dolores Vila Blanco
Prof. Universidad de La Habana
[Palabras pronunciadas en la presentación del libro Ver claro en lo oscuro. El laberinto poético del civismo en Cuba de la Dra. Teresa Díaz Canals el 6 febrero de 2004 en el marco de la XIII Feria Internacional del Libro de La Habana]
Proponer el examen de una obra, explicar las razones por las que urge socializarla, aproximarse al discernimiento diáfano de su esencia es un compromiso cívico para quien se adentre en tal empeño. Buscar las palabras exactas que evalúen el contenido que se insta a conocer es una anhelo harto difícil para quien se precie como cientista social, toda vez que el entendimiento atraviesa por la subjetividad de cada individuo que la consulta y valora. No obstante, inmersa en la realidad en que existo -y existen mis congéneres-, encanecida y convencida de que la libertad, es la libertad del que piensa de manera diferente -al decir de la Luxemburgo-, es que he decidido abordar la nave pública del combate cotidiano para redimirnos de nuestros ancestrales vicios, defectos y puritanismo pueriles que envuelven en lo más hondo de su toga oscura el miedo a la incomprensión y del cual es pertinente emanciparse para hombrear y espigarnos juntos como individuos como nación.
El Libro titulado "Ver Claro en lo Oscuro: El Laberinto Poético del Civismo en Cuba", de la Dra. Teresa Díaz Canals, Mención del Certamen de Ética Elena Gil 2003, constituye una de las publicaciones más valiosas sobre la Cuba de los tiempos que corren, aspecto este que resalta su significado, en tanto invita -deja abierta las puertas- como es común en su autora a continuar la tarea nunca acabada de redimensionarnos perpetuamente como necesidad de cada cubano y de cada generación en la labor de alcanzar el que patria sea humanidad, según el apóstol José Martí.
Resulta imposible -al menos para la autora de éstas reflexiones- el adentrarse en un que hacer científico sin agradecer a la totalidad que le da cuerpo y por ende complejiza aún más su trascendencia. En primer lugar, a la entrañable colega Díaz Canals por haber confiado en mi para el lanzamiento de su libro, por haberme regalado la primicia de esta obra que sólo es resultado de su incuestionable civismo, o lo que es lo mismo, cubanía a toda prueba, y porque confieso de todo corazón y con entera franqueza que ésta llegó a mis manos en un momento en que necesitaba tanto oxigeno en las venas y en el alma que su lectura fue un remanso de miel y de confianza en los que creen en las posibilidades congénitas de la especie humana para redimirse de una vez y por todas y así alcanzar la estatura cívica de su linaje. A la publicación Acuario del Centro Félix Várela, por regalarnos esta edición que tanto urge ser socializada para el devenir cultural y ético de la sociedad cubana actual y de todas las épocas. A la inigualable labor de edición del señor Emilio Hernández Valdés. Al desempeño de cubierta y emplane de los señores Adrián Rivera González y Carlos Melián López.
Confieso que cuando me fue entregado el libro por su autora en su covacha dostoieskiana, tal y como ella la describe en su trabajo, para preparar esta modesta aproximación a su valor, no podía apartar mi mirada del diseño de presentación, mientras los que me acompañaban aquel día conversaban y miraban el libro, yo no podía separarme de la portada era un imán, un verdadero asidero que me dio desde el inicio mismo la clave de su contenido, eso evidencia la maestría de su gestor, aquel que supo aprehender la esencia de lo que se proponía Díaz Canals. Para la autora, por supuesto, es mucho más que la cita de Lezama Lima que aparece en la página 79, cuando afirma: "Sin embargo, ver claro en lo oscuro significa no dañarse jamás. Todo aquel que vea oscuro en lo claro, nunca llegará a tener misterio sexual, haga lo que haga".
Para esta modesta seguidora de su creación, ver claro en lo oscuro a través de toda la obra y de su portada que es sobre lo que discernimos en estos momentos, denota que la luz se encuentra en nosotros mismos, nos viene de dentro, del amor a las raíces de las que somos herederos, del que hacer cotidiano, del cómo lo enfrentemos dando amor y lo mejor de cada uno sin precio fijo, ni mano en el monedero por las deudas absurdas que nos fomentemos o a las que nos insten aquellos que sólo saben dar a costa de lo que deben recibir. Enfrentar la vida con luz aún en medio de las sombras más grotescas que nos circunden, es cultivar los límites de lo verdadero, del respeto al igual, del calor al desvalido, del ser un guía honrado en el conocimiento aunque el saber se encuentre enfermo. Dar y dar, amar y amar es ser libre como las olas del mar.
Una última, pero por ello no menos valiosa gratitud, al enjundioso prólogo de Victoria Camps, que como nos tiene acostumbrados a sus alumnos y admiradores sintetiza, organiza y desorganiza, insiste, precisa y levanta la creación nunca acabada de Díaz Canals fiel seguidora de sus enseñanzas. No es casual, que en la página 17, después de meditar sobre el texto y referirse al ensayo dedicado a la "moral del camaleón", asevere: "... es la expresión más evidente de la falta de civismo, puesto que pone de manifiesto la vaciedad de los valores, la mera existencia de los mismos como palabras sin contenido, no interiorizadas ni íntimamente aceptadas. Sin duda, los maestros de moral que han servido de guía a la autora de este libro quisieron combatir por encima de todo esa moral que es pura apariencia y que sólo encubre deficientemente una realidad putrefacta" . A lo que la autora de esta presentación agregaría en íntimo correlato con los puntos de vista de la Camps, pero que sin embargo en tal ambiente de vida falaz y prontos olvidos, aún se alzan a viva voz hombres y mujeres que reclaman desde diferentes posiciones el retorno a las raíces, la práctica constante de la generosidad, el despliegue de una razón y pasión prudente y la fe en la armonía del universo del cual somos parte constitutiva esencial.
Con relación al libro, les recomiendo que lo conserven siempre a mano, con él no sucede como con la incógnita que Dulce María Loynaz nos propone resolver en su poemario "Juegos de Agua", aquello de que: "Cuando la ola viene impetuosa sobre la roca... ¿La acaricia o la golpea?". En este "Ver claro en lo oscuro", la autora deja nítidamente expresado en su introducción que ni asume posturas pesimistas, negadoras de las potencias vitales de los individuos para redimirse de una vez y por todas de los destripadores de lo humano -al decir martiano-, ni aquellas triunfalistas y vocingleras de que todo esta hecho, de que todo anda bien en avenencia con los intereses y objetivos de sus tutores. No, ella desdeña por enanos tales postulados; aboga por el rescate de una sociedad civil pensante, que implique una capacidad crítica prohijadora de un nuevo interactuar humano. Por eso, en la página 19, deja sentado: "Yo vengo a ofrecer mi corazón".
Y es su corazón lo que late en toda su producción, aquella que nos coloca ante la realidad en la que se encuentra inmersa, y tal y como declara, desborda toda posibilidad de intelección de la subjetividad humana, dado que es más rica y nutritiva que cualquier texto donde nos propongamos apresarla. Por eso, Díaz Canals se traza como norte aproximarse desde la herencia y el desenvolvimiento cubano del hoy a la imperiosa necesidad de reconstruirnos cívicamente, o lo que es lo mismo: humanamente. Aunque el secreto del civismo se encuentre en su eternidad, no en sus palabras. Ya que el pasado cubano está grávido de porvenir según sus propias palabras.
He aquí otro aspecto de gran valía para la Cuba imperecedera, que no por lejano nos parezca cosa del futuro reorganizarnos. Esto es tarea diaria de todos, y sólo puede lograrse como propone la autora desde la revitalización perenne de la herencia, pues ella no es un manjar recalentado y vuelto a recalentar por la moda o las urgencias de justificar el presente con la historia pasada cuando ya no quede nada que ofrecer, nada nuevo que decir, dado que la tarea es la de fundar y no la de transitar cómodamente por la vida o la nación sin dejar huellas sólidas que la enriquezcan y no que la conlleven a desvanecerse en el aire.
Realizar esta labor desde el pensamiento que nos legaron los padres fundadores de la cubanía, desde la literatura, la poesía en especial, o el arte en cualquiera de sus manifestaciones es un mérito indiscutible de esta obra mayor por su resonancia y su legado aún desde la resistencia que se muestre para asimilarla, por las ausencias que hoy pueblan nuestro universo y del cual es muy difícil sustraerse, so pena de perderse en destierros y/o auto destierros por la soledad declarada que ellos implican y de las que he sido testigo han rondado -y rondan- a esta lucida cubana.
Pero Díaz Canals, para orgullo nuestro es como aquello que Waldo Leyva afirma, en su, "La distancia y el tiempo": "Un hombre puede ganar o perder muchas batallas pero solo será derrotado cuando no sea un sueño quien levante su espada". Y son los sueños quienes atizan la pasión y la ciencia que acompaña a este texto que hoy les invito a consultar, pues transpiran responsabilidad, sabia y esperanza en que la felicidad existe sobre la tierra y se la conquista, -no cae del cielo- con el saber y la conducta virtuosa. Los cinco ensayos que nos regala la autora, tienen un hilo conductor que enlaza el civismo en todas sus aristas en sus ausencias y presencias, salpicadas todas ellas del inmenso humor criollo que acompaña a cada creador de esta mágica isla en su tránsito por la vida. Nos conmueve, por tanto nos moraliza, nos coloca en las mismas circunstancias que todos hemos experimentado y a las que se pudieran aportar más elementos que la harían infinita. Pero que tiene un fin preclaro, hacernos pensar y repensar en quiénes somos y por qué somos así en cualquier latitud donde nos encontremos.
Las circunstancias que relata, los datos sociológicos que aporta confirman una y otra vez las carencias que nos pueblan querámoslo o no. Adentrarse en el carácter de las personas, en su autocomprensión como seres sociales, relacionales por excelsitud es una línea comúnmente olvidada, pues se tiene más la tendencia a atender al macro y olvidar al micro mundo de la reproducción de la especie, con lo cual dicha reproducción es mecánica, estrecha y amorfa pues olvida lo esencial a saber: el individuo concreto inmerso en todo el entramado social del cual forma parte, lo cual conduce a una reproducción simple y no ampliada de las bases de la humanidad. Civilización para una parte y no para todos los humanos, no es civilización, dado que ella implica dar riendas sueltas a lo que yo le he dado en llamar unicentrismo civilizatorio y humano, con lo cual intentar adentrarse en el civismo desde tal perspectiva -y esto no es lo que caracteriza a la presente obra- es pecar de simplistas en el más suave de los términos que puedo utilizar.
Qué entender por unicentrismo civilizatorio y humano, dicho a mi manera, pero emparentando con el entendimiento cristalino de "Ver Claro en lo Oscuro", o mejor ahondando en la génesis de los presupuestos de la obra. En la lógica del invariable desenvolvimiento hominal, jerarquizamos los intereses y todas las relaciones en sus diferentes gradaciones, al colocar a nuestro ser en la cima de la pirámide estructural y unicéntrica que nos construimos internamente, lo que no hace otra cosa que reproducir, los paralelismos y paralelismos que nos aíslan y nos niegan en nuestras determinaciones fundamentales. Esclavos de nuestros fueros internos, de la exaltación de toda nuestra existencia, del egocentrismo civilizatorio, nos convertimos en esclavos de otras estructuras sociales idénticamente diseñadas para el ordenamiento disciplinado que regenta a la sociedad en su constante movimiento.
Los seres se lamentan y luchan contra el mundo exterior que los esclaviza y tiende a primitivizarlos; pero el mundo interior, igualmente exclusivista del yo, no admite condena, ni señalamiento; él es único e incuestionable para su portador, nadie tiene derecho a dudar de él, ni a orientarlo. Se cree que se es, lo que se es, y que a nadie se le pidió prestado; omitiendo de esta manera, al carácter relacional que lo asiste y que es lo que verdaderamente merita loas. Se es, lo que se es, por la humanidad y no por don divino. Los dones divinos, nos los adjudicamos nosotros mismos, como autócratas intocables de nuestro destino y de nuestro entorno. No es casual por ello, que Díaz Canals tome de la historia de la neocolonia aquello del vivo y el bobo o el bicho y el guanajo, que traducido a los momentos actuales es el luchador y el pasmao, o el palmiche, según una pieza musical de la CHaranga Habanera muy popular en estos días y que refleja el estado de cosas que se presentan en las relaciones interpersonales, o aquellos lemas que acompañan a los bienaventurados en la pirámide social y/o familiar que se consideran administradores de lo que el resto de sus congéneres deben recibir acorde a la moral que puebla sus posiciones y que se traduce en el argot popular en "cerveza y gasolina" o "en si me gano 50 dólares, 30 son para los chamacos y 20 para mis putas" -esto, en el mejor de los casos pues existen muy variadas divisiones de dichas ganancias-, y yo me pregunto y la esposa o compañera, dónde esta, qué le toca aún y cuando se lo facilite todo hasta ponerle las medias y los zapatos ya que viene muy cansado de su intensa "labor", aquella que contiene como lícita el engaño y porque no la traición. Los individuos de tal catadura no se percatan que nada de lo que logran lo alcanzan por sí solos, que detrás de esos 50 dólares se encuentra la atención, el cuidado, el trabajo agotador de lo que Díaz Canals con meridiana certeza apunta en su ensayo: "De eso no se habla: lo cívico y el trabajo doméstico". Es por ello, que me gustaría compartir con un ustedes algo que escribió sin pretensiones alguien muy cercano:
"E.T."
(Estimados traidores)
La traición se cuece en el nicho de la amistad,
de los amores sinceros,
de la entrega,
la hermandad ...
La traición es hija de la ingenuidad,
manoseada por irredentos de la confianza,
la fe, la libertad.
Quien traiciona, se traiciona.
Quien engaña, se engaña.
Entra pues, en el laberinto
donde no hay tela de araña.
Tal orden de situaciones, se reproduce a escala de sistema social, el cual no admite cuestionamiento fuera de lo que al respecto él disponga e intenta para colmo de insolencias, adjudicarse como privativo -y cuan irritante es esto- para lo que el individuo pueda alcanzar a ser, con el implícito y nunca olvidado agradecimiento al mismo, por lo que supuestamente él le ha permitido lograr. Es una suerte de confabulación de lo internamente aceptado con lo externamente impuesto, en conflicto perpetuo y abrasador entre rebeldía y obediencia, entre libertad y sumisión. Jamás podrá resolverse el uno cual cadena tortuosa si no se da solución al otro y viceversa. El ensayo de la autora de "Ver Claro en lo Oscuro", titulado: "Sobre el mimetismo social o la moral del camaleón", retrata fielmente tal estado de cosas y las consecuencias históricas para los individuos y la sociedad en su conjunto.
La reorganización de los principios civilizatorios tan palmariamente in humanizados, exige también, de una reorganización del mundo interior de los seres completamente individualizado. Inmersos en la experiencia histórica en que vivimos proponer alternativas que no tengan en cuenta este presupuesto, es hipotecar el devenir con las cómodas soluciones parciales a que nos encontramos acostumbrados, y es, como aspecto supremo del asunto, renunciar a una posición holística respecto al universo en el que estamos incluidos. Vale puntualizar, que no nos referimos a las cronísticas propuestas de cambio envueltas en mantos de abundante sangre, odio y escarnio; o las supuestas reformas venidas de arriba -de lo más prominente de la pirámide social -, sino de reorganizaciones válidas, universales, prohijadoras de un nuevo interactuar, que nazca y crezca en avenencia "con todos y para el bien de todos", en el acabamiento de la obra de la humanidad. Es por ello, que envuelta en la memoria histórica en que me he acostumbrado a existir y existo, harta de mentiras, dobleces y fanatismos levíticos en todas las interconexiones humanas, es que me he decidido a dar a conocer y vincular con la obra que presento algunos de los móviles que han acompañado cronísticamente mis puntos de vista al respecto, como modo de colaborar en el crecimiento del civismo desde una perspectiva reorganizadora total que atienda a las mediaciones precisas y diversas que son necesarias en cada momento y situación en cuestión.
"Ver Claro en lo Oscuro", toca el fenómeno de la prostitución o para ser más actuales del jineterismo, con las "Luces y las Sombras del Progreso Moral", como trabajo que le antecede y que da continuidad a sus estudios; donde se sentencia que tan prostituido se encuentra quien compra el sexo como quien lo vende, pues la tarea de quien oferta es hasta la de fingir los orgasmos, que los babeos del comprador no alcanzan a producir, pues según estos artistas de la carpa raída del circo sexual afirman, "lo importante es que se crean los bárbaros o las camajanas" - de acuerdo al caso pues no hay distinción de compradores- para que sigan "aflojando billetes", aspectos estos recreados con estudios de casos en el texto sobre el que meditamos.
Las soledades, las inevitables soledades afloran por doquier bajo tal crisis de valores y conexiones activas humanas, por eso les recomiendo muy en especial atender esa maravillosa creación de Díaz Canals, que aparece en la página 71, sobre "La Soledad Femenina y la Redimensión del Amor", donde la soledad que se describe es compatible con la del sexo masculino. Pues como afirmase alguien muy modesto: en un fragmento de lo que llama sus versos fallidos y que aparecen en "El Invierno de la Civilización": "El amor no esta de moda y la verdad esta en desuso. La justicia aniquilada y la libertad un intruso". Aunque, en su "La Esperanza y Yo" conflictualmente declare: "Esperanza paloma blanca, esperanza libertad por qué te empeñas en poblar mis sueños en no abandonarme jamás".
Ambos fragmentos manifiestan ese laberinto de emociones, sensaciones y acciones que este libro nos muestra, y que ponen en claro lo real maravilloso que nos puebla. La encomiable tarea de esta autora, los retos que tuvo que enfrentar ante diversos escenarios donde la vi exponer algunos de estos trabajos amasados con amor y solo disponiendo de 10 o 15 minutos, como acostumbran a organizarse nuestros fastuosos eventos donde la dedicación y el esmero se convierten en el todo y la nada desbordan cualquier argumento que pueda expresar, pues la observé convivir con el pesado fardo de la incomprensión, incluso cuando defendía el derecho de lo femenino y los tribunales eran presididos mayoritariamente por mujeres caladas hasta el tuétano de sus huesos por supuesto, con un modelo mental patriarcal y porque no servil hasta la saciedad.
Díaz Canals demostró hasta llegar aquí que ella es como el poema "META" de la Loynaz: "YO SERÉ COMO EL RÍO, QUE SE DESPEÑA Y CHOCA, Y SALTA Y SE RETUERCE... ¡PERO LLEGA AL MAR!, llegaste amiga socializastes tus sueños, tus esperanzas, tus anhelos, cumplistes con tu compromiso cívico para con la patria que te legaron tus ancestros. Por eso yo me tomaría la licencia de cambiar el epitafio que se ha impuesto y que aparece en la página 59 y cito: "HIZO REFLEXIONES: NOSOTROS ACEPTAMOS ALGUNAS"; por el de: "NOS CONTINUO CONVOCANDO A PENSAR: APRENDÍMOS, NOS DIVERTIMOS, EN FIN TRASCENDIO SU OBRA, PUES SUPO TOCAR COMO CUERDAS DE VIOLIN EL LABERINTO DEL ALMA HUMANA".