Centro Félix Varela

logoAutonomía integradora y transformación social:
el desafío ético emancipatorio de la complejidad

Autor: Ovidio D’Angelo Hernández

 

Contenido

Introducción ·· 7

I Paradigma emancipatorio latinoamericano ·· 11
La pedagogía de la liberación, la educación popular y la transformación social. El terreno de la educación y la acción social ·· 14
Relación cotidianidad–utopía en el paradigma emancipatorio: la apertura hacia alternativas creativas ·· 18
La investigación–acción–participativa como método. Aportes y limitaciones ·· 21

II La complejidad y los procesos autoorganizativos (autopoiéticos); subjetividad y praxis social ·· 25
Sociedad, praxis, subjetividad y transformación social ·· 35
Integración social y complejidad ·· 48
Identidad y contradicción como formadores de la cultura ·· 51

III La autonomía integradora como cuestión esencial del autodesarrollo del individuo y de la sociedad ·· 57
La persona reflexiva–creativa y la autodirección personal ·· 65
Personas y sociedades reflexivas y creativas. Procesos de masificación cultural ·· 68
Valores y creatividad en la diversidad cultural. Ética y complejidad ·· 72
Las ciencias sociales y la ética humanista–emancipatoria ·· 79

IV Autogestión y práctica humanista desarrolladora para la autotransformación social ·· 83

V Participación y construcción de la subjetividad social para una proyección emancipatoria ·· 107
Relaciones entre la política, la subjetividad social y una ética emancipatoria para el desarrollo humano ·· 121
Educación ciudadana para una democracia emancipatoria. El aprendizaje social desarrollador ·· 134

VI Creatividad para la transformación social: proyección desde PRYCREA al campo social. Factibilidades y perspectivas ·· 143
Del pensamiento a la persona y sus competencias; del aula como comunidad reflexiva a la institución; de la escuela a la comunidad; de la comunidad a la sociedad ·· 146
Factibilidad de la propuesta de formación–empoderamiento para el desarrollo reflexivo–creativo de la autogestión social ·· 151

Conclusiones ·· 155

Anexo
Fundamentos teórico–metodológicos de la proyección social de PRYCREA ·· 161

Notas ·· 167

Bibliografía ·· 197

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Introducción

El tema de la gestión local o comunitaria está en el orden del día en los más diversos contextos sociales. La puesta en primer plano de lo microsocial va unida a la tendencia a la descentralización de los procesos sociales, económicos y políticos, como alternativa a los requerimientos del desarrollo sustentable que imponen los nuevos tiempos, cuestión que es tratada desde diferentes ángulos y desde corrientes teóricas relativamente conservadoras —muchas de las cuales abogan por el logro de un nivel aceptable de gobernabilidad dentro del statu quo vigente (léase neoliberal y globalizado)— hasta corrientes liberadoras. Por otro lado, la articulación entre los procesos micro y macro de gestión social constituye una necesidad insoslayable, no siempre tenida suficientemente en cuenta, lo que comporta un reto teórico y práctico asumido en este libro.
Nuevos paradigmas presentan alternativas con posibilidades confluyentes desde ópticas tercermundistas, latinoamericanas y emancipatorias que desde las ciencias sociales y otras disciplinas —con intención de síntesis y más allá del eurocentrismo característico de las teorías generadoras en boga— comienzan a ocupar un lugar destacado como novedosas opciones para la transformación social y política.
Una experiencia integradora de saberes —incluido el cotidiano— hacia la que apuntan estas páginas, debería ser construida —es la tesis que asumimos— en la dimensión transdisciplinaria socio–histórico–psico–filosófica–política, para avanzar una hermenéutica crítica aportadora en la profundidad de las relaciones entre participación y subjetividad sociales —con sus expresiones contradictorias de poder–impotencia y de autodeterminación–dominación–complacencia.
Esta es una necesidad para el desmontaje de los mecanismos ocultos de la subjetividad frente a las potencialidades reconstructivas de una sociedad que se dirija a la autorrealización social y al desarrollo de una autonomía integradora que abra mayores oportunidades y opciones (proyectos de vida) a sus ciudadanos, en un contexto de justicia social, progreso, solidaridad y dignidad humanas.
En este sentido, se parte de los nuevos planteos que desde las ciencias sociales van constituyendo un paradigma sintetizador y renovador, en el que los aportes del pensamiento latinoamericano y emancipador, y la perspectiva de la complejidad son analizados en sus potencialidades epistemológicas y heurísticas para el logro del propósito de transformación social liberadora que necesitan nuestros pueblos. La ubicación en el contexto teórico (y práctico) retoma algunas elaboraciones de estudiosos de los temas, en el exterior y en Cuba, que nos sirven para focalizar desde ese punto de partida nuestras propuestas.1
En esta dirección hay que señalar la importancia del Informe Gubelkian2 (Wallerstein, 1995), que presenta a debate temas fundamentales para las ciencias sociales contemporáneas e inspira algunas de esas elaboraciones y la producción latinoamericana que recoge, en síntesis reinterpretativa propia, la construcción de un pensamiento alternativo al pensamiento único colonizador. Como señala Mayra Espina (2002):3

a) Los años 90 fueron especialmente fructíferos en el trabajo de recreación e innovación dentro de la tradición crítica del pensamiento social, lo que permite que hoy podamos encontrar un conjunto de propuestas que, a mi juicio, perfilan claros ejes de reconstrucción epistemológica de las ciencias sociales. Lo significativo es que todos estos diagnósticos de alguna manera se sitúan, explícita o implícitamente, en una salida de la crisis e implican la presencia de un proceso de reconstrucción de naturaleza epistemológica, que incluye también una reconceptualización del desarrollo, como el rasgo esencial que caracterizará a las ciencias sociales en el inicio del siglo.

Otros referentes de las corrientes posmodernas y críticas ponen de manifiesto los nuevos planteos:

Esta es la etapa de emergencia de la vida cotidiana como ámbito de estudio; del énfasis en la diversidad y la diferencia como fin privilegiado de la comprensión de lo social; de la refundación del sujeto en su condición de agencia, de actor social; de los significados y la intersubjetividad, del discurso, como elementos básicos de los procesos sociales y el devenir histórico. En el plano metodológico todo ello se reflejó como expansión y desarrollo de la perspectiva metodológica cualitativa, en tanto opción más viable para atrapar lo simbólico, lo cotidiano, lo peculiar.4

Coincide este proceso renovador con la impronta, proyectada desde sus orígenes en las ciencias exactas y naturales, del paradigma o perspectiva de la complejidad que, a juicio de Frederic Munné (2001):5

no sólo hay que verlo como un paradigma, ni contrapuesto ni alternativo, sino integrador de la simplicidad que surge y emerge con referencia a la simplicidad y al reduccionismo. La cuestión es: ¿qué sentido tiene la totalidad desde la complejidad? [...] La noción compleja de la realidad tiene referentes externos a partir de los cuales y por contraposición, incluso podríamos decir dialéctica, se ha ido generando como paradigma epistemológico.

Una distinción entre transformación y autotransformación social se va perfilando a lo largo de los capítulos, precisamente con el énfasis en el papel proactivo y autorreferente de los propios actores sociales.
Los propósitos del presente trabajo, por tanto, se dirigen a continuar el intento, ya iniciado por otros autores, de articular, desde la posición de reconstrucción renovadora de las ciencias sociales, el paradigma emancipatorio latinoamericano —en sus principales propuestas de transformación social— con la perspectiva de la complejidad y las elaboraciones del tema de la autogestión social en tanto puede nutrirse de una comprensión de los procesos instituyentes de las prácticas cotidianas y la subjetividad social.
El planteo de una proyección hacia la construcción de autonomía para la integración social, a partir de estas articulaciones teóricas y la aportación de un enfoque de creatividad y desarrollo humano (individual, local, social) que enfatiza la problematización–anticipación–generación–autorrealización hacia fines de progreso social, completan la intención que presentamos.
Por otro lado, la armazón vincular de este marco interpretativo en elaboración debe proyectarse, coherentemente, a experiencias transformativas de las prácticas y las subjetividades de actores sociales relacionados con procesos de gestión comunitaria, educativa, cultural, social y otras, en las que los métodos interpretativos y reflexivo–creativos disponibles puedan actuar como instrumentos de empoderamiento emancipatorio a través de la formación de competencias reflexivo–creativas que permitan la realización de una praxis autotransformadora de esos mismos actores en sus contextos sociales.6

 

1Tendríamos que mencionar los esfuerzos constructivos realizados en Cuba mediante los talleres internacionales sobre paradigma emancipatorio (con cinco ediciones en los últimos años); la formación y divulgación sobre educación popular llevadas a cabo por el Centro Memorial Martin Luther King Jr. y el Colectivo de Investigación Educativa (CIE) Graciela Bustillos durante muchos años (así como la formación de promotores culturales y comunitarios de los Centros de Superación de la Cultura y del Centro Nacional de Cultura Comunitaria, entre otros); los programas de difusión de enfoques y metodologías de desarrollo local del Centro Félix Varela y las actividades y talleres de la Cátedra de Estudios de la Complejidad, de reciente creación, sin olvidar la proyección reconstructiva de las ciencias sociales en el país, que se viene enfatizando por varios autores e instituciones desde hace más de una década, entre ellos, el Programa PRYCREA para el desarrollo de la persona reflexiva y creativa.
2 El texto de Wallerstein (citado en la bibliografía) aborda el contenido de este Informe en su totalidad.
3 Se trata de un trabajo inédito de la autora, disponible en formato word impreso, que se puede consultar en los fondos del Centro de Documentación del CIPS, con el título que se indica en la bibliografía.
4 Ibídem. La propia autora ha enumerado, de manera sintética, varios rasgos que, por su importancia para la presentación del fenómeno integrador presente en las ciencias sociales contemporáneas nos ha parecido de interés reseñar:
a) Recuperación de la noción de totalidad y del sentido holístico.
b) Rescate de la postura ético humanista.
c) Transdisciplinaridad.
d) Comprensión de la complejidad (del pensamiento simple al pensamiento complejo).
e) Presupuesto de reflexividad.
f) Reconceptualización del tiempo y vindicación de la función utópica.
g) Reemergencia crítica del concepto de desarrollo.
5 La cita corresponde a un trabajo en formato word enviado por el autor a Ovidio D’Angelo, razón por la cual falta el número de la página.
6 En este sentido, vale la pena mencionar la labor del Grupo Técnico de la Comisión Ministerial para el Trabajo Comunitario Integrado (GMCTI, 1995); las experiencias recogidas en el Primer Taller Nacional Intersectorial de Trabajo Comunitario (UNESCO, 2001) y otros eventos; las múltiples experiencias de los talleres de transformación integral y las múltiples acciones de diversos centros orientados hacia el trabajo local y el desarrollo comunitario y experiencias de gobierno en diferentes espacios geográficos del país.

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Conclusiones

A lo largo de los distintos capítulos hemos ido sistematizando las diferentes posiciones que consideramos clave en el desarrollo teórico y práctico de la sociedad para su autotransformación social dirigida a una cultura del desarrollo humano integral, desde los paradigmas contemporáneos que ponen de manifiesto el interés emancipatorio y los procesos de la complejidad, acerca de cuyos presupuestos hemos aportado algunas reflexiones y conceptualizaciones.
Se ha tratado de fundamentar por qué es necesario el desmontaje crítico de los fenómenos contradictorios y disruptivos para la construcción social, que ocurren de manera natural en cualquier formación económico–social o sistema social como resultado de las interacciones propias, y de ponderar la autonomía y la autogestión social articulada con mecanismos integradores en sus vínculos con las acciones de nivel central del Estado. En este sentido, también nos hemos referido a cuáles son los riesgos y retos de los procesos participativos conducentes a la emergencia de una conciencia crítica popular y los que comportaría la expresión de una conciencia no reflexiva o sometida, a la necesidad de entender la praxis social como una unidad inseparable de reflexión y acción, a la importancia de la criticidad de los sujetos —individuales y colectivos— para que los procesos liberadores del campo popular se desplieguen en toda su potencialidad.
Los problemas de la autogestión social y de la participación necesitan ser vistos a la luz de nuevos diseños políticos de la sociedad socialista. En efecto, las cuestiones vinculadas con las formas del poder estatal y político, así como el carácter de las instituciones sociales autogestoras y el cuerpo jurídico que las sustente, está todavía por cristalizar en el debate teórico y es menos presente en la práctica social.
Autogestión social es el autogobierno mediante sus diferentes formas y mecanismos; en un plano más amplio también implica la articulación entre autogobierno popular y sociedad civil a través de las instituciones y espacios sociales. El tema de la subjetividad y las prácticas cotidianas se plantea aquí desde lo teórico, primero, y desde sus implicaciones para el tejido social y las formas de participación social, después.
Algunas de esas prácticas se convierten, no solo en inerciales sino, a veces, en barreras para los cambios de la dinámica social, mientras que otras son más permeables al cambio y siempre de acuerdo con las «abordabilidades» (coherencia de diseño entre las posibilidades individuales de los sistemas y los entornos) en relación con las peculiaridades del contexto.
La incorporación de nuevos actores e instituciones sociales (en una concepción más acabada de la sociedad civil) y la disponibilidad de normas jurídicas que promuevan la diversidad de los agentes sociales en los procesos participativos, más abiertos y menos tutelados, podrían ser claves de una construcción socialista desde lo popular, que reincorpora con un sentido de compromiso y efectividad a los diferentes sectores y agentes sociales a la construcción social y económica del país.
Una conclusión necesaria de los abordajes realizados va en la dirección de la transformación permanente de la sociedad, basada en la autonomía de sus actores populares y la creatividad para la anticipación, proyección y elaboración de soluciones a todos los niveles de gestión de los procesos de la sociedad, y enfatiza lo micro; planteamiento esencial porque da pie al análisis de las condiciones de contradicción que resurgen de manera diferenciada y permanente, en las nuevas condiciones sociales de transformación.
Ello implica no ver los procesos de transformación social como acabados ni como realizaciones de verdades absolutas. La creatividad viene ligada a la idea de conciencia crítica de los sujetos para la acción transformadora. Y, con ello, a su empoderamiento de manera que permita su acción efectiva y sustentable, como un proceso de auto­transformación real, en el que se gerencian los propios espacios de autonomía en la construcción de la sociedad.
La tendencia aportadora a la proliferación de procesos de autogestión parcial en el nivel micro–social (comunitarios, locales o empresariales) puede quedar frustrada en sus fines si no se articulan sus proyecciones y realidades con las voluntades y acciones desde lo macro (y meso) social. Ello requeriría de esfuerzos integradores, en los que un aspecto importante puede ser el funcionamiento en red de estas experiencias, lo que podría abrir nuevos cauces a su difusión y generalización.
Las consideraciones para la implementación de alternativas de solución a estos asuntos no tienen que ser necesariamente peligrosas para el orden social (entendido en esta necesidad de estabilidad integradora y de cambio permanente) sino que, abordados en todas sus complejidades, en su integralidad social, política, jurídica, económica, etc., y desde esquemas participativos, pueden ser más bien preventivos de crisis y situaciones caóticas y de fragmentación social.161
Desde los paradigmas emancipatorio y de complejidad y los planteos de enfoque renovado de las ciencias sociales, en general, se hace un énfasis en la reflexividad y la creatividad social para el desarrollo integral humano. La creatividad constituye una cualidad que se refuerza desde estos paradigmas, con la necesidad de problematización de la actividad cotidiana, a partir de la existencia de conflictos, interacción compleja en las redes sociales–conectividad, alternativas posibles de desarrollo autoorganizativo que dan cabida a las emergencias en la transformación de abajo–arriba en la dialéctica con los procesos de arriba–abajo, etc.
Precisamente, uno de nuestros intereses en este trabajo es la fundamentación de la categoría de autonomía integradora, por lo cual los procesos autoorganizativos requieren ser tomados en cuenta en toda su importancia.
De manera que la autonomía integradora, como conceptualización tiene sus implicaciones concretas en la aplicación para la transformación hacia el empoderamiento orientado a la autogestión social emancipatoria.
La conceptualización de la autonomía integradora que elaboramos implica, en resumen, la consideración de diferentes dimensiones teóricas y de urgente aplicación en la práctica social:

Por eso, la lógica del trabajo está en relación con las potencialidades del Programa PRYCREA y su capacidad para asimilar nuevos enfoques (complejidad, competencias de desarrollo humano, proyección emancipatoria a lo social), de manera que se examinan los sustentos teóricos de PRYCREA y las nuevas adquisiciones en el marco de esa proyección social más amplia, conducentes a esta propuesta.
Sus aportes posibles pueden dirigirse a la conformación de espacios de cultura reflexiva y creativa para la participación integral de los actores sociales de los procesos autogestivos, a través de comunidades reflexivas cuyo propósito es el de propiciar cómo aprender a pensar y debatir, problematizar, concertar, clarificar, convivir con las diferencias, reconciliar los puntos de vista de acuerdo con principios y valores, negociación de conflictos para lograr consensos desarrolladores, formación de una postura ética de tolerancia, respeto, compromiso y concertación social, promoción de valores humanistas, de solidaridad, honestidad y dignidad humanas conducentes a desplegar procesos de autogestión para la autotransformación social en el sentido del desarrollo humano integral emancipatorio.

 

161 Es preciso reconocer, explícitamente, diversas convergencias con autores citados a lo largo del trabajo sobre las soluciones posibles a la situación social actual cubana, proyectada desde las alternativas reconstructivas del modelo socialista. Particularmente, quisiéramos destacar la sintonía de nuestros enfoques con las soluciones propuestas por Mayra Espina (2002), en el sentido de propiciar: «las políticas económicas y sociales territoriales, centrándolas en la recuperación del trabajo (y contemplando) [...] diversas formas de propiedad en la pequeña producción y los servicios locales (comunitaria, cooperativa urbana, propiedad mixta: estatal–cooperativa, estatal–comunitaria, estatal–individual, profesional) [...] en un esquema de integración, complementación y competencia en la que todas las formas aporten directa o indirectamente a espacios mercantiles y de igualdad [...] como fuente de bienestar y de acceso a un consumo material y espiritual adecuado y en el desarrollo autotransformativo grupal y comunitario [...] (con las recomendaciones siguientes, entre otras) [...]:

»– La potenciación al máximo del desarrollo local endógeno y la construcción de fórmulas de enlace y transferencia a través de la identificación y creación de redes de relaciones sinérgicas interterritoriales que permitan corregir los desbalances que no pueden ser solucionados localmente.

»– El carácter participativo y autotransformativo de las acciones de desarrollo local, partiendo de un enfoque de agentes sociales, es decir, de identificar aquellos grupos y sectores sociales que se configuran dentro de un territorio concreto y que tienen una capacidad para actuar proactivamente para modificar las condiciones de su existencia y relacionamiento.

»– El trazado de estrategias centradas en la sustentabilidad de los procesos de cambio [...] instalación de una capacidad perdurable de autogestión y autoorganización participativa de las sociedades locales.»

De igual manera, las propuestas de Juan Valdés Paz (1996, citado, pp. 115–116), en el sentido de las transformaciones necesarias en el espacio de lo político: «incremento de su legitimidad —principalmente en su descentralización y mayor democraticidad—[...] límites más precisos del sistema en beneficio de la máxima autonomía de los demás sistemas [...] amplio desarrollo de las organizaciones sociales de todo tipo [...] diversificación de los sujetos y actores sociales, principalmente, en los grupos de base [...] entre otras referidas».

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