Centro Félix Varela

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Autora: Ana Cairo Ballester

Foto de cubierta: Alberto Lescay Terencio. Monumento al cimarrón (1997). Bronce, hierro y otros materiales, 9,60 x 1,70 x 0,95 metros. Está erigido en la Loma de los Chivos, poblado de El Cobre, provincia de Santiago de Cuba. Tomado del Almanaque 2005. Fundación Caguayo.
Contracubierta: Juan Jorge Peoli. Negro guardiero (1853). Litografía. Tomado de Revista de la Habana.

Contenido

Agradecimientos ·· 13
Señales ·· 17

Los faltos del libre albedrío y los amos señores ·· 25
Claves en el siglo xvii ·· 27
El reglamento de cimarrones ·· 29
El reglamento de esclavos ·· 32
Los hijos de Cam ·· 36
La mayor maldad civil ·· 37
La obediencia católica de los esclavos ·· 40
La sociedad hoy… suciedad ·· 46
Dos poemas coléricos ·· 52
El triste infortunio de un esclavo poeta ·· 58
Los argumentos de dos damas ·· 62
Las contradicciones de un amo… abolicionista ·· 69
El cimarrón del Cuzco ·· 75
Los suicidas ·· 78
El palenque de Juan Bemba ·· 82
Un cimarrón arrepentido ·· 85
El sol de un bardo esclavo ·· 87
Guaracuya, el niño cimarrón ·· 90
La primavera cimarrona ·· 101
Un ñáñigo cimarrón ·· 102

Negra es mi suerte ·· 109
Los reajustes de un científico social ·· 111
La Sociedad de Folklore Cubano ·· 114
Un olor de sangre ·· 116
Los cuentos folclóricos ·· 118
La vindicación cimarrona ·· 121
Los rostros húmedos de los vencidos ·· 124
La madre ceiba ·· 129
Un perro rancheador ·· 131
La saga de Mackandal ·· 132
El palenque ecuménico ·· 138
El Decreto del 16 Pluvioso del año II ·· 139
La verdad no es triste ·· 141
El tiempo de las raíces ·· 144
Los palenques en Oriente ·· 146
La Cueva del Tambor ·· 148
Un negro y un indio ·· 150
Voces en la escena y el cine ·· 152
Figuras en las artes plásticas y la fotografía ·· 175
Últimas noticias ·· 183

Documentos
Poemas
Mercedes Matamoros:
«La muerte del esclavo» ·· 187
Bonifacio Byrne:
«La esclava» ·· 188
«El sueño del esclavo» ·· 188
«El cimarrón» ·· 189
Felipe Pichardo Moya:
«VI» (Fragmento de «El poema de los cañaverales») ·· 191
«Filosofía del bronce» ·· 192
Nicolás Guillén:
«Sensemayá» ·· 194
«La balada del güije» ·· 195
Nancy Morejón:
«Mujer negra» ·· 198
Rogelio Martínez Furé:
«Evocación nocturna» ·· 200
Canciones
Anónimo:
Canto ·· 201
Columbia antigua ·· 201
Ernesto Lecuona:
Triste es ser esclavo ·· 202
Gilberto Valdés:
Oggere ·· 203
Bembé ·· 203
Arsenio Rodríguez:
Bruca maniguá ·· 205
Reynaldo Brito del Valle:
El cimarrón (guaguancó moderno) ·· 206
Diario
José Antonio Ramos:
«Caniquí en el Diario de José Antonio Ramos (1928-1936)» ·· 207
Cuentos
Fernando Ortiz:
«Cuento de ambeco y aguatí» ·· 212
Lydia Cabrera:
«Desiderio Lima» (cuento intercalado en El monte) ·· 215
Novela
Alejo Carpentier:
«Una gran cimarronada» (Fragmento de El siglo de las luces) ·· 217
Otros
Rogelio Martínez Furé:
«Galería de algunos cimarrones famosos» ·· 222

Bibliografía ·· 229

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Señales

I

Don Fernando Ortiz (1881-1969) explicaba en el Glosario de afronegrismos (1924), que bembé era «un baile africano». Tres podían ser las fuentes del vocablo: un toponímico asociado al Mubangi, uno de los afluentes del río Congo; la palabra conga mbembo equivalente a «canto, himno, son, rezo funeral»; y un tambor de procedencia sudanesa.1
Por extensión, bembé también se identificó con fiesta de naturaleza religiosa; y, en ciertos contextos racistas de la república burguesa (1902-1959), denotaba una intencionalidad peyorativa. Para los cubanos actuales, la palabra dignificada puede significar convite, fiesta democrática, en la que podrían encontrarse personas muy diferentes en cuanto a ideologías, creencias, maneras de ser y gustos.
Las interacciones se fundan sobre el más estricto respeto a las diferencias y a la convicción de que en los estudios culturales e historiográficos todas las perspectivas deben evaluarse.

II

La esclavitud se consideraba la alternativa más productiva y rentable de organización económico–social que los españoles y otros europeos podían implantar con rapidez durante la conquista y la colonización. Ellos venían a enriquecerse y no les interesaban las conductas filantrópicas hacia las víctimas. A partir de 1511, se instauraba junto con el proceso fundacional de las primeras villas y se mantendría hasta el 8 de octubre de 1886, cuando se declaró oficialmente eliminada al cesar la ley del patronato.
Bartolomé de las Casas (1484-1566) participó en la campaña de la Isla de Cuba. Tuvo esclavos y tierras. Se arrepintió y los entregó. Después, ingresó en la orden de los dominicos y se hizo escritor para influir en la política de la monarquía hacia los aborígenes. Logró alcanzar la mitra de Obispo. En sus años finales, concluyó la Historia general de las Indias (1564). Él narró, en el primer libro, los atropellos y crímenes a los que fueron sometidos los «indios» en Cuba y Santo Domingo para adaptarlos a un sistema de violencia laboral, física e ideológica.
La cacería e inmigración forzosa de miles de africanos esclavizados y el estímulo a la reproducción de ellos —como forma de crecimiento rentable de ese capital humano—, se utilizaron desde los siglos xvi hasta el xix.
Una parte de los aborígenes (esclavos o no) logró huir a territorios inhóspitos; los africanos (llamados bozales) y los criollos también lo hicieron. Así se generalizó la palabra cimarrón desde el siglo xvi para designar a los fugitivos. El vocablo se asociaba a criminales, bandidos, marginales, en resumen, a personas transgresoras de la legalidad esclavista.
El lingüista Esteban Pichardo (1799-1879) explicaba en el Diccionario provincial casi razonado de vozes [sic] y frases cubanas (cuarta edición, 1875) que: «Por antonomasia se dice del negro esclavo prófugo que anda errante por el campo.» Con ironía acotaba un refrán: «Con buenos modos se saca al Cimarrón del Monte.- Refrán que pondera cuanto se consigue con buenas maneras.- Pero ¿cuándo al negro Cimarrón se sacó del monte sino con perros, sogas, machete, etcétera?»2

III

La comunidad de intelectuales españoles, criollos y cubanos, elaboró textos muy disímiles para reflexionar sobre la esclavitud hasta 1886. En la última década del siglo xix y durante el xx, los intelectuales cubanos prosiguieron los análisis historiográficos y las recreaciones artísticas y literarias de hechos y personas.
En la evolución del pensamiento cubano se ha elaborado un consenso en torno a la tesis de que no se debería auspiciar la variante del olvido programado sobre los crueles impactos sociales y espirituales de la esclavitud. Por el contrario, se ha estimado que debería incentivarse una reflexión más plural sobre las formas de convivencia, las redes familiares, las creencias, las contradicciones individuales y colectivas, las polémicas ideológicas, entre las centurias del xvi al xix, profundizar en los impactos secundarios, así como el giro cualitativo exegético en torno al imaginario, durante la del xx.

IV

Gracias a las libertades de la imaginación, se propone un Bembé para cimarrones. Se trata de dos ensayos de historiografía cultural: uno para la problemática desde el siglo xvii hasta finales del xix y otro, para la del xx. Cada uno se subdivide en capitulillos autónomos, a través de los cuales se va construyendo un espacio festivo en el que se presenta la memoria cultural sobre los tipos de cimarrones y la evolución de las perspectivas sobre ellos. Los dos ensayos se complementan con una sección de «Documentos», en los que se ofrecen textos desconocidos e inéditos, cuyo interés cultural por sí mismos podrían motivar una lectura independiente para otros fines también legítimos.
En el convite interactúan (para contextualizar mejor) las personalidades históricas, los tipos e individuos, personajes representativos de las dinámicas grupales inseparables. Así, participan también en el ágape los distintos tipos de amos (con sus variados pensamientos y mentalidades), mayorales, rancheadores y perros, esclavos domésticos y de las dotaciones rurales, sacerdotes, bandidos, maestros, historiadores, críticos literarios, autoridades políticas, militares y judiciales, entre otros. Las dos partes y la sección de «Documentos» se justifican, porque se opera con una concepción historicista; casi todo se ha datado y los sujetos sociales se van renovando.
En el Bembé… se desechan las perspectivas maniqueas. Se diseña una coral de puntos de vista, articulada ya como collage de textos disímiles en el eje sincrónico, ya como un montaje de secuencias en el eje diacrónico.
El repertorio de textos incluye, por ejemplo, un acta del cabildo habanero, el catecismo escrito por el sacerdote Nicolás Duque de Estrada, el reglamento de cimarrones de Francisco de Arango y Parreño, un reglamento de esclavos del coronel Cecilio Ayllón, poemas de José Jacinto Milanés, narraciones desconocidas de Anselmo Suárez Romero insertas en los álbumes para damas y amigos, novelas, obras de teatro, cartas, diarios, etcétera.

V

En una reunión del consejo editorial de la revista Catauro, órgano de la Fundación Fernando Ortiz, se discutió sobre lo que cada cual podría aportar a un número monográfico consagrado a la esclavitud. Recordé que tenía un file sobre cimarrones en textos literarios y se aceptó este tema como mi aporte.
Inicié una búsqueda complementaria para el artículo comprometido. Me sorprendí ante las opciones analíticas. Finalicé un artículo muy extenso, ya impublicable en Catauro. Algunos amigos en la Fundación Fernando Ortiz se lo leyeron y trataron de hallar la variante para publicarlo.
Entretanto, seguí adelante para construir una segunda versión como folleto. Esto fue lo que remití al Premio Elena Gil del Centro Félix Varela, en el que obtuvo mención y una recomendación para publicarlo.
De nuevo, proseguí encontrando textos valiosos y me decidí a escribir esta tercera versión, Bembé para cimarrones, libro que estimo útil para la comprensión de cómo se fue construyendo la categoría de justicia cultural en torno a un motivo. En ninguna de las versiones se ha trabajado con pretensiones de exhaustividad.
Alejo Carpentier pensaba sobre la cultura:

Yo diría que cultura es: el acopio de conocimientos que permiten a un hombre establecer relaciones, por encima del tiempo y del espacio, entre dos realidades semejantes o análogas, explicando una en función de sus similitudes con otra que puede haberse producido muchos siglos atrás.
[…]
Y yo diría que esa facultad de pensar inmediatamente en otra cosa cuando se mira una cosa determinada, es la facultad mayor que puede conferirnos una cultura verdadera.3

Desde la coincidencia con esta definición carpenteriana, se insiste en la idea de que el Bembé… funciona como un relato cultural, para privilegiar el carácter de texto dialógico. Se aspira a que los receptores construyan los suyos con la ayuda de este. Se agradecen todas las opiniones (coincidentes, discrepantes, agnósticas, indiferentes, etcétera.), porque se asumirán como indicadores de cierta utilidad cognoscitiva y ética en los intentos de seguir meditando acerca de la memoria, privada y pública, de la esclavitud.

La Habana, 10 de noviembre de 2005

 

1 Fernando Ortiz. Glosario de afronegrismos. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1991, p. 52.
2 Esteban Pichardo. Diccionario provincial casi razonado de vozes [sic] y frases cubanas. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1976, p. 162.
3 Alejo Carpentier. «La novela latinoamericana en vísperas de un nuevo siglo» (1979). En La novela latinoamericana en vísperas de un nuevo siglo y otros ensayos. México, D.F., Editorial Siglo XXI, 1981, pp. 7-32. La cita en p. 17.

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