Centro Félix Varela

AtomoManosDiablologoParticipación
y espacio asociativo

Compilador: Armando Chaguaceda Noriega
Autores: Armando Chaguaceda Noriega, Cecilia Linares, Pedro E. Moras, Yisel Rivero, Martha Alejandro Delgado, Geisel García Grañas, Yúver Díaz

 

A manera de introducción
Matriz DAFO sobre la participación

ISBN: 978-959-7071-50-1
Págs: 136
Tamaño: 14 x 21 cm
Tirada: 1500
Año: 2008
Edición: Emilio Hernández Valdés(†)
Diseño de cubierta: Carlos F. Melián López
Realización y diagramación: Carlos F. Melián López
Impresión: Editorial Linotipia Bolívar, Bogotá, Colombia

Contenido

A manera de introducciónArmando Chaguaceda Noriega

Participación ciudadana y espacio asociativo. Armando Chaguaceda Noriega

Participación social y vida asociativa en Cuba. Cecilia Linares, Pedro E. Moras y Yisel Rivero

La participación: reconceptualizando el tema. Martha Alejandro Delgado

Participación bajo palabra: las prácticas comunicativas que sustentan la participación popular en el Consejo Popular Sierra. Geisel García Grañas

Análisis de la participación en el proceso de rehabilitación del Centro Histórico de La Habana. Yúver Díaz

Anexos
   Debate
   Construcción colectiva de matriz DAFO sobre participación

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A manera de introducción

Hace algunos meses, un grupo de investigadores, activistas barriales y miembros de asociaciones nos reunimos en la capital cubana para juntos reflexionar sobre la problemática de la participación dentro del espacio asociativo. La generosa acogida del Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello (CIDCC) hizo posible que los esfuerzos reunidos de dos organizaciones de la sociedad civil cubana, el Grupo de Reflexión y Solidaridad Oscar Arnulfo Romero (OAR) y el Centro Félix Varela (CFV), se vieran coronados por el éxito al desplegar, durante casi seis horas, un espacio de análisis y debate multiactor caracterizado por su sorprendente organicidad, profundidad y compromiso. El evento constituyó, en su propia realización, un ejemplo de proceso concertador desarrollado entre actores civiles y estatales, y tributó al cúmulo de experiencias afines que se viene desplegando en nuestros entornos sectoriales y territoriales. A partir de la unánimemente reconocida calidad del evento, pudieron satisfacerse los objetivos propuestos:

Quiero hacer constar un especial reconocimiento a l@s amig@s que nos acompañaron en este espacio de ansiada reedición. A los entusiastas amigos del Centro Memorial Martin Luther King, Jr., a los miembros de los Talleres de Transformación Integral del Barrio Alamar Este, Atarés y Balcón de Arimao, a los colegas del Departamento de Sociología de la Universidad de la Habana, del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), del Centro de Investigaciones Jurídicas y del propio Centro Juan Marinello. A quienes, en el terreno, asumieron la cobertura logística y organizativa del encuentro: a Andrea y Asunción del Taller de Transformación Integral del Barrio Alamar Este, al equipo de OAR (Olga, Nirma, Diego, Gabriel, Zulema), a Teresa y Maritza del Centro Félix Varela, a Vicky, Rolando y demás compañeros del CIDCC. A todos un infinito agradecimiento.
Adicionalmente quiero agradecer a quienes hicieron posible la puesta a punto de este taller y del libro que ahora se les ofrece. A Oxfam Internacional, por su generoso aporte al financiamiento del mismo. A aquellas instituciones extranjeras que, al contribuir de múltiples maneras al intercambio con colegas en torno a aquellas problemáticas comunes que (como la participación, el espacio asociativo, la innovación democrática) motivan nuestra reflexión y compromiso militante. Al Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), especialmente a sus Programas Sur-Sur, Regional de Becas ASDI, Campus Virtual y la Editorial, con su colección de libros, y al Observatorio Social Latinoamericano. A la Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales (CRIES), a las Fundaciones Friederich Ebert, Heinrich Böll y Rosa Luxemburgo.
Un acto de elemental justicia resulta también reconocer en estas líneas a los centros investigativos y docentes que siguen promoviendo estos temas dentro de sus agendas de trabajo: Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas, Centro de Investigación y De­sarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, Instituto de Filosofía, los colectivos de Sociología y Teoría Política de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de la Habana, Centro de Desarrollo Comunitario de la Universidad Central de Las Villas, los grupos afines de las otras universidades cubanas, el novel Centro para el Desarrollo Local y Comunitario del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente. A los funcionarios que –en el propio CITMA, el Ministerio para la Inversión Extranjera y la Colaboración Económica y en las estructuras de gobierno en diversos niveles y territorios– apuestan por el desarrollo participativo.
Por último, quisiera dedicar este libro a l@s miembr@s de las diferentes asociaciones y proyectos comunitarios, porque con su perseverancia y compromiso –por mínimo y esporádico que parezca–, despliegan un ejercicio activo de ciudadanía que contribuye al fortalecimiento de la participación dentro del inacabado y perfectible proceso social que vive, por casi medio siglo, nuestro amado país.

Mtr. Armando Chaguaceda Noriega
Organizador del Taller y compilador

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Debate

Joel Suárez. Deseo expresar mi preocupación por las amenazas a la participación, tanto por parte de ciertos mesianismos como por la recepción del discurso liberal que supone que todos quieren participar pero el factor externo lo impide. Hay que reconocer que no siempre la gente desea hacerlo, que tiene necesidades más elementales y debemos analizar los aportes de la psicología social para construir desde la educación la nueva participación que desarrolle una movilización colectiva y la autoestima generalizada en los sectores populares.
Tenemos la amenaza de importar el discurso de lo asociativo como mercado de asistencialismo compensatorio y de recrear una diversidad fragmentadora, tan en boga en el mundo actualmente.
Junto a la topografía de participación que aquí se ha descrito, y que preferiría identificar con otro termino más que con el de estructuras participativas, hay que recuperar una dimensión de lo psicológico, de lo subjetivo. Por ejemplo los refranes y dichos populares que reflejan la idea social de participación.
Además, hay que explorar no solo los espacios formales o tendenciales de participación, sino otros tan valiosos como los que desarrolla un pastor cuando se reúne e interactúa un domingo con cuatro mil personas.
Tenemos que prepararnos para un escenario de cambio, que puede sobrevenir, donde zonas de presión social combinadas con impulsos de la propia dirección del país proyecten demandas concretas de ampliar la participación, articulando actores, creando nuestra propia reflexión, etcétera.

Gabriel Coderch. No podemos hablar de participación sin reconocer que existen entre nosotros sectores invisibilizados por sus condiciones identitarias, culturales, que al no ser reconocidos socialmente y por los medios no sabemos cuánto pueden aportar, sus valores, etcétera. Además, no podemos asumir acríticamente el contenido participativo de nuestra democracia, identificándolo de manera reduccionista, por ejemplo, con el hecho de que los pioneros custodien las urnas electorales. ¿Es solo eso la democracia participativa?

Roberto Dávalos. Hay que ver la participación como conflicto entre medios y fines, donde los primeros aluden a derechos ciudadanos y a su capacidad de ser usados, y los segundos apuntan a las prioridades coyunturales de la política. Por allí podemos reconocer la existencia de una «participación descafeinada», de ritual. En Cuba tenemos que analizar nuestra herencia de participación, como proceso histórico que se acumula y asume, con una historia de su institucionalización y desarrollo. En cuanto al caso de la Habana Vieja, creo que sus principales aportes residen en las experiencias de crear un marco de autonomía y recursos financieros para desarrollarse en los espacios locales.

Mayra Espina. En nuestro contexto tenemos un discurso tecnoburopolitizado de la participación, donde se definen actores que saben lo que tienen que hacer (los decisores). La consulta no es sistemática y posee un bajo perfil, y la distribución de la información es pobre y autoritaria. Sin abandonar la noción de los clásicos de un Estado que transfiere cuotas crecientes de poder a la sociedad, y ante las difíciles coyunturas de la transición, tal vez debemos pensar en la idea de una coevolución del mundo asociativo y el estatal, en la cual las lógicas se interpenetrarían y pudieran analizarse oportunidades –y barreras– para ambas esferas en aras de un desarrollo participativo.

Martha Alejandro. Hay que valorar la participación creciente en grupos informales –de jóvenes mayoritariamente–, con liderazgos horizontales no autoritarios, con equipos que funcionan orientados a las tareas, estructurados en redes relacionales, etcétera.

Cecilia Linares. La participación es ante todo una utopía, un referente al que hay que llegar. Para su desarrollo requiere factores diversos: una política interna más flexible, cierta herencia cultural proasociativa, un entorno exterior no amenazante. La gente se asocia por reconocimiento social, visibilidad, para desarrollar actividades de interés, vinculando el interés individual con el colectivo.

Yúver Díaz. En el contexto de La Habana Vieja se destacan dos elementos clave: los límites institucionales y las atribuciones están bien delimitados y la población participa como consumidora, disfrutando el bienestar generado, no en sentido general en la gestión del proceso.

Armando Chaguaceda. Hay que rescatar la vinculación de participación con conceptos como el de ciudadanía para definir un sujeto y darle roles activos. Además, debemos acabar de desterrar la ingenua idea de que pueden existir democracias participativas puras y sustantivas en contraposición a las representativas valoradas como formales. Tanto la participación como proceso y sustancia de empoderamiento, como mecanismos y procedimientos innovadores de representación, son atributos de cualquier democracia en desarrollo. Lo que hay que definir bien claro son los contenidos clasistas, culturales, etarios, de género, ambientales, territoriales, entre muchas otras dimensiones, de cada proyecto concreto.

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Construcción colectiva de matriz DAFO sobre participación

Fruto de la discusión de dos equipos mixtos, integrados por actores diversos, emergió esta «foto» del estado de nuestra participación, la cual, sin obviar la influencia y coincidencias de condicionantes y expresiones del fenómeno incidentes en otros entornos institucionales, centra su mirada en el desarrollo de la participación en el espacio asociativo. Se ha respetado en la síntesis las ideas originales de los talleristas, fruto de una hora de construcción conjunta de la herramienta. De tal forma, los resultados fueron los siguientes:

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Contenido

 

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