Centro Félix Varela

logoAurelia Castillo: ética y feminismo

Autora: Mercedes Valdés Estrella

Palabras de presentación del Libro [DrSc Georgina Alfonso Glez]
Prólogo por Mirta Yáñez
Fotos de Aurelia Castillo

AtomoManosDiabloISBN: 978-959-7071-52-5
Págs: 144
Tamaño: 14 x 21 cm
Tirada: 1500
Año:  2008
Edición: Lourdes Pasalodos Díaz
Cubierta, realización y diagramación: Carlos F. Melián López
Fotos: Archivo Nacional de Cuba. Fototeca. Caja 124, sobre 931, registro 2473
Impresión: Editorial Linotipia Bolívar, Bogotá, Colombia

Contenido

Prólogo: Aurelia Castillo, una escritora de armas tomar

Introducción

Capítulo 1: Bases teóricas para un análisis
     Aproximación a los conceptos de ética, feminismo, género y ética feminista
     Ilustración y ética feminista
     El Iluminismo en la filosofía cubana

Capítulo 2: El contexto histórico en que se desarrolla la obra de Aurelia Castillo
     Panorama económico, político y socio-cultural
     Mujer y moral
     Visión de la moral en la literatura escrita por mujeres

Capítulo 3: La dimensión ética en el pensamiento feminista de Aurelia Castillo
     Reflexiones acerca de la eticidad aureliana
     La ética feminista en el pensamiento de Aurelia Castillo
     Manifestaciones de patriotismo y humanismo
     Aurelia Castillo y sus contemporáneas
     Visión de algunos intelectuales cubanos sobre la poetisa

Bibliografía

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Presentación del libro
Aurelia Castillo: ética y feminismo

Palabras pronunciadas por la DrSc Georgina Alfonso González, del Instituto de Filosofía de Cuba, el lunes 16 de febrero de 2009 en la Sala Carlos J. Finlay (2:30 pm) en San Carlos de La Cabaña, La Habana, en ocasión de la presentación del libro en el marco de la Feria Internacional del Libro Cuba 2009.

El Con mucho placer he aceptado la invitación de Mercedes Valdés a presentar su libro Aurelia Castillo: ética y feminismo, resultado de un minuciosos trabajo de investigación doctoral que, además, obtuvo Mención en el Concurso Iberoamericano de ética “Elena Gil”.

Conozco el texto desde sus primeras versiones y cada lectura ha sido diferente, con nuevas ideas para profundizar y debatir en relación al feminismo en Cuba y sus significados éticos, políticos, estéticos y jurídicos, que sigue siendo una deuda del pensamiento crítico cubano para sacar a las mujeres de entre la muchedumbre y colocarla entre las altas dignidades, como proclamaba Aurelia Castillo. Por eso resulta tan meritoria la labor de la autora y tan atinada su publicación por parte del Centro Félix Varela (“La mujer siempre está entre la muchedumbre nunca entre las altas dignidades” A.C)

El tema del feminismo en Cuba ha sido objeto de ambiguas y encontradas interpretaciones y para superar este embrollo, que diluye las esencias y distorsiona el debate necesario, conviene para comenzar a hablar del tema, aceptar la diversidad semántica de un concepto esgrimido desde las plurales y concretas prácticas sociales y referentes políticos de las mujeres. El feminismo, en general, a través de su historia ha revelado una de las formas de poder más ocultas, la opresión de un género  por el otro. También, el poder que se ejerce sobre los cuerpos y las formas de dominación que se arraigan en el inconsciente, más allá de los límites restringidos de lo privado.

El feminismo, como movimiento de ideas, prácticas y valores de las mujeres, contiene no sólo una visión propia de la vida, a partir de la cual repensar las vicisitudes del sujeto mujer, sino una propuesta analítica y valorativa  específica acerca de la reproducción de las relaciones sociales globales.

La prevalencia de un tipo de paradigma de acceso al poder y al saber, centrado en el arquetipo viril de un modelo de hombre racional, adulto, blanco, occidental, desarrollado, burgués (toda una simbología del dominador) ha dado lugar al ocultamiento de formas de dominio que, tanto en la vida privada como en la pública, perviven al margen de la crítica y la acción liberadora. La opresión de género se expresa mediante una superposición de injusticias enraizadas en el tejido social a través de símbolos, significados, representaciones, interpretaciones y formas comunicativas.

La supuesta superioridad del sexo-género masculino ha dependido históricamente de la lógica productiva y reproductiva de la vida impuesta por el capitalismo a la humanidad. El edificio patriarcal ha sido construido a lo largo de la historia. Va desde la explotación del trabajo invisible de la mujer en el «dulce hogar», la sobreexplotación de la fuerza de trabajo femenina vinculada a la producción mercantil, la subvaloración de su ciudadanía hasta la representación masculina de la especie en el idioma y en la cultura.

“La mujer ha sido la última sierva del mundo civilizado, escribió Aurelia Castillo. Aun algo peor que eso ella ha sido hasta ahora la soberana irrisoria de una sociedad galante y brutal al mismo tiempo… la mujer hubo de acatar leyes en cuya confección no tomaba parte. Sus destinos se decidieron sin consultarla para nada y decretada quedó su eterna minoría, su posición de perpetua protegida, posición humillante que deja ancho campo a todos los abusos y cuyo resultado final e ineluctable es la postración de la voluntad, la perdida completa de la dignidad, ahogada entre los ruines defectos de los que viven sojuzgados”1 Por esas trampas de la historia que no dejan de ser asombrosas, este texto se publica el 24 de febrero de 1895, en el Editorial del Fígaro.

El llamado de la cubana Aurelia Castillo a hacer una “gran revolución” en medio de otra revolución que se gestaba en Cuba tiene que ver, como señala Mercedes Valdés en el texto, con una concepción universal  de la ética y la política al servicio de la humanidad toda y  modificar no sólo la condición de la mujer, sino el estatuto de lo humano como ente genérico y universal.

El pensamiento feminista de Aurelia Castillo, su enfrentamiento a los prejuicios patriarcales de la época y a las concepciones androcéntricas más allá de polémicas filosóficas en acciones concretas, sacrificando su propia vida, legitiman el ideario de las mujeres cubanas que desde distintas esferas de la vida social aportaron a la emancipación de la mujer y lucharon por una real equidad de géneros. La eticidad de Aurelia Castillo trasciende el discurso sobre cuestiones de ética y moralidad. Ella arremete contra las formas de explotación y dominación esclavistas y desde aquí deconstruye el universo valorativo y simbólico en el cual se siente obligaba a actuar.

Es extremadamente valiosa la afirmación que hace la autora de este libro al considerar la ética feminista de Aurelia Castillo como  integral al insertar en una propuesta ética para las mujeres lo físico, lo intelectual, lo subjetivo con lo cotidiano y lo heroíco.

Plantear el debate sobre las ideas feministas en Cuba desde la tradición filosófica occidental y cubana es un reto que asume Mercedes Valdés, no solo para argumentar posibles influencias sobre el pensamiento de Aurelia Castillo sino para reafirmar la validez propositiva del feminismo para el pensamiento y la práctica social cubana.

El libro que se pone a consideración del público, es también un panorama económico, político y sociocultural de la Cuba del siglo XIX. Logra integrar de manera fluida distintos aspectos de la vida cubana, de modo que el lector puede fácilmente darse cuenta del ambiente en que se desarrolló el pensamiento de Aurelia Castillo. El texto es bastante amplio en datos, referencias  y valoraciones epocales útiles para contextualizar los debates de pensamientos a los que se hace referencias.  

Estamos ante un texto que reivindica el pensamiento emancipatorio de las mujeres cubanas. La necesidad de desarrollar nuevas formas de convivencias humanas para mujeres y hombres fue un reclamo existencial y esencial de Aurelia Castillo. Un siglo después sigue siendo este el reclamo de la humanidad ante el dominio del patriarcado en su versión neoliberal y globalizado que acentúa sus significados clasicos: el individualismo,  el divorcio entre lo público y lo privado, la desigualdad natural de género. Reconstruir la imagen creíble y atractiva de una sociedad fraterna, solidaria y libre desde una perspectiva emancipatoria de género precisa impulsar procesos permanentes de crítica y creación libres de actitudes o prejuicios que atentan contra la dignidad de mujeres y hombres. El pensamiento ético y feminista de Aurelia Castillo es parte imprescindible de la cultura emancipatoria cubana cuyo sentido es y será la transformación de la sociedad hacia formas convivencias más humanas, justas y dignas.

Georgina Alfonso González

1 Valdés Mercedes Aurelia Castillo. Etica y Feminismo. Publicaciones Acuario, Centro Felix Varela, La Habana, 2008 Pag 89.

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Prólogo:
        Aurelia Castillo, una escritora de armas tomar

¿Una gran revolución opérase entre otras varias en nuestros días, la mujer reivindica sus derechos. Ella ha sido la última sierva del mundo civilizado. Aun algo peor que eso: ella ha sido hasta ahora la soberana irrisoria de una sociedad galante y brutal al mismo tiempo.
Aurelia Castillo

Averiguando por aquí y por allá, he venido a saber que una calle en Camagüey, antiguamente conocida como «Astilleros», lleva el nombre oficial de Aurelia Castillo. No sé si los moradores den uso a su noble nombre o se hayan quedado con la fuerza de la costumbre. También rastreando datos aparentemente lejanos a los literarios, alguien me dio a conocer que cumple un siglo la primera escuela pública en la zona, fundada en 1908 y que además de tener el lustre del nombre de Aurelia Castillo, conserva un retrato suyo dedicado a alumnos y maestros.
Lamento opinar que es bien poco, para quien tanto hizo, no solo como patriota cubana, sino como generosa intelectual, de avanzadísimas posturas sobre el antiesclavismo y el feminismo, sobre la mujer y la literatura. Valiente y sacrificada pagó en vida precios altos por su independencia de ideas.
Uno de nuestros modelos, de los mencionados reiteradamente por los medios masivos de comunicación, es Mariana, la madre de los Maceo. Muy merecido su reconocimiento por la historia. Pero me pregunto… ¿a qué se debe que solo algunas de las grandes mujeres cubanas de todos los tiempos nos ayuden a ejemplarizar los valores necesarios para la formación de ciudadanos como paradigmas de una ética y una clara identidad cubana?
Ha habido varias notables mujeres que junto a su labor poética o de magisterio, teorizaron sobre aspectos esenciales del pensamiento social. Una de ellas fue la camagüeyana Aurelia Castillo.
Si en pleno siglo xxi esa retardataria «fuerza de la costumbre» traiciona la vanguardia del pensamiento humanista contemporáneo con oscuros rechazos a la igualdad de la mujer…. ¿cómo habrá vivido en la segunda mitad del siglo xix, bajo la corona de España, una mujer escritora que, para colmos, habitaba en una ciudad de provincia?
No se necesita mucha imaginación para conjeturar los agravios, las puertas cerradas, las burlas y los obstáculos de todo tipo que debió sortear Aurelia Castillo, bien plantada en sus convicciones.
Mas, ¡qué fortuna que entre nuestras antepasadas se pueda contar con su nombre, limpio, recto, audaz!
Los hitos de la biografía de Aurelia Castillo (1842-1920) son bien conocidos entre quienes se han interesado por su vida y obra. Casada con un español digno, comandante de infantería, en plena lucha independentista se vio obligada a salir de Cuba después que sus protestas públicas molestaran a las autoridades españolas en la Isla. Al darse por terminada la Guerra de los Diez Años, pudo regresar, pero la desgracia siguió poniéndola a prueba y no solo enviudó tempranamente de quien fuera un compañero cabal, sino que al poco tiempo, el general Weyler decreta su segunda salida de su tierra natal. Expulsada una y otra vez. Solo en 1898 puede retornar finalmente y, se cuenta, encontró a su regreso el patrimonio familiar destruido, recibió amenazas de muerte e incluso se vio asaltada en su propia casa. Pero el espíritu de Aurelia Castillo nunca se dejó derrotar.
Mujer autodidacta, la publicación de sus obras completas tuvo una edición de cien ejemplares, compiladas por ella misma bajo el título sobrio de Escritos de Aurelia Castillo de González (Imprenta El siglo XX, La Habana, 1914), que, además de su extensa bibliografía, suma textos de otros autores relacionados con ella. Cuando personalmente consulté esos volúmenes entre 1997 y 1998 pude constatar que algunos de ellos se conservaban intocados por mano alguna.
Poetisa, ensayista y autora para niños, incluida por Julián del Casal, junto a Juana Borrero, en Bustos (1893); otro poeta, José Lezama Lima cuenta en el fragmento que le dedica a la poetisa en el tomo III de su documentada Antología de la poesía cubana, editada por el Consejo Nacional de Cultura en 1965, que sus Fábulas, publicadas en Cádiz en 1879 se siguieron usando por mucho tiempo en los libros de enseñanza primaria. No sé dónde y cómo se generaría la confusión, la errata, o lo que fuese de sus apellidos; temo que yo misma contribuí al desorden cuando utilicé el «del» que ahora descarto por completo. (Ver Mirta Yánez: Cubanas a capítulo, Editorial Oriente, 2000.)
Entre otras múltiples labores, también como periodista, Aurelia Castillo participó en la fundación de la Academia Nacional de Artes y Letras (1910), de la cual fuese vicedirectora de su Sección de Literatura. Incansable, presidió la comisión editora de las obras de Gertrudis Gómez de Avellaneda y cuidó la edición de versos de José Martí en la primera recopilación de sus Obras completas. En todos los ámbitos que participó nunca dejó poner muy en claro que ella era mujer y cubana. Cuando en 1920, ya cercana su muerte, se creó la Asociación Femenina de Camagüey fue elegida como Presidenta de Honor.
La estremecedora vigencia de muchos de sus textos y su lucidez de sumar las identidades de nación y género en el concepto de ser cubana necesitarían de mayor divulgación entre los estudios sobre el pensamiento y nuestra historia. Aurelia Castillo, ética y feminismo, de Mercedes Valdés Estrella, publicado por el Centro Félix Varela, es una investigación que felizmente contribuye al rescate de su figura y de su obra.
El desconocimiento del feminismo y el rechazo que todavía se siente ante sus planteamientos en algunas esferas de nuestra sociedad cubana obliga a insistir en estos asuntos, aunque la nueva modalidad de la misoginia se refugie en argumentar que «el tema ya aburre», como he escuchado decir por ahí a algunos zafios entre nuestros «intelectuales». Temor, ignorancia y, en los últimos tiempos, una casi inocultable rivalidad ante el notorio desarrollo de la escritura femenina, saltan como ratas despavoridas entre el lenguaje de algunos caballeros que usan de una tribuna otorgada por la sociedad para descargar sus cavernícolas posiciones. ¡En pleno siglo xxi! Y si alguien se lo hace ver, sueltan la bromita o, directamente, la descalificación. ¡Ay, manes de Aurelia Castillo, ahora te quisiera aquí, con tu pluma generosa e inclaudicable!
Algunos aspectos que trata Valdés Estrella en este libro, como la solidaridad entre escritoras de lo cual Aurelia Castillo fue modelo, la fe en la ilustración como modo de combatir el oscurantismo del siglo xix, la denuncia de la doble moral sexual, la sustentación de una ética universal donde ha tomado también cuerpo y alma la ética feminista, la necesidad de un análisis de las relaciones entre los derechos ciudadanos de las mujeres y las instancias subjetivas ante la evidencia de que no existen parámetros claros para medir la misoginia y el machismo, son aspectos de un debate abierto en la contemporaneidad. Como muy bien lo señala la autora al referirse a Simone de Beauvoir y al socialismo llamado real «el cambio de sistema de producción no significó […] la creación del hombre ni la mujer nueva y mucho menos la plena igualdad entre los sexos» (p. 47).
El estudio del pensamiento de Aurelia Castillo nos muestra una mujer que penetró agudamente en los problemas de su tiempo con una visión universal sin descuidar la perspectiva feminista. «En Aurelia Castillo se desarrolló un positivismo metodológico opuesto a los dogmas escolásticos.» (p. 81). Y esta sería para mí una de las palabras clave para revelar las esencias del espíritu creador de Aurelia Cas­tillo: antidogmática. La otra palabra sería: justiciera. Antidogmática y justiciera. Sus ansias de progreso, sus ideas liberales, su patriotismo y sus reivindicaciones feministas se sumaron en un conjunto armónico, inteligente, moderno, en un espíritu libre, de esos que, por fortuna, resultan polémicos y suelen molestar.
Antes de terminar el breve preámbulo a este libro que, ojalá me equivoque, mas mucho me temo que no acudirán a su lectura quienes más necesitarían ilustrarse acerca de los antecedentes de la ética y el feminismo en Cuba, quisiera puntualizar la necesidad urgente de hoy de establecer nexos claros entre los concepto de ética y feminismo con el de solidaridad. Y el concepto de solidaridad así visto, como un desafío de estremecedora vigencia. A veces, las propias mujeres ignoran cuánto trecho les falta. Aurelia Castillo les hubiera halado las orejas, y no las hubiera querido en su trinchera a riesgo de mantener cerca una patética quinta columna. De que las hay, las hay.
Cuando Aurelia Castillo dice, «las escritoras en nuestro país vivimos en un lamentable estado de aislamiento literario» (citada por la autora, p. 95) o «la mujer siempre está entre las muchedumbres, nunca entre las altas dignidades» (citada por la autora, p. 92), parece que nos murmura el camino que todavía falta por recorrer.
De los tres poemas que escogió Lezama Lima cuando colocó a Aurelia Castillo bajo el acápite de Poetas de transición, fue «Expulsada» (ob. cit., p. 48) el más desgarrador y el que me hizo interesarme hace ya bastante tiempo por esta figura.

Tocaron en mi cuerpo las manos criminales
Y el rencoroso arcángel gritó, de nuevo: «¡Anda!»

Deseemos que el rencoroso arcángel del olvido, y las criminales manos de la misoginia contemporánea no la expulsen de nuevo, y le demos a Aurelia Castillo, una de nuestras primeras cubanas humanistas, el sitial que merece en nuestra historia.

Mirta Yáñez

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Introducción

«Aurelia y su obra eran indivisibles, ambas alcanzaron idéntico sentido moral.»
Dulce María Borrero de Luján


El tratamiento del tema femenino en cualquier época conduce a tocar un estrato fundamental del desarrollo cultural de las distintas sociedades. Hasta nuestros días llegan los estereotipos que han marcado las diferencias esenciales de lo que es ser hombre y ser mujer.
En el caso cubano, la revisión del pasado colonial es indispensable para develar la presencia de la mujer desde los inicios del proceso de formación de la nacionalidad; de la precariedad y el abandono de que fue objeto en la colonia, víctima del régimen económico, político, jurídico y religioso.
No podremos comprender con justeza ningún fenómeno social en nuestro país en sentido de progreso, sin tener presente la situación de la mujer, por ello es de gran significación acercarnos a la vida y obra de personalidades femeninas de la estirpe de Aurelia Castillo (1842-1920), quien incorporó a su pensamiento y ­quehacer práctico valores universales como el patriotismo y el humanismo dentro de una amplia perspectiva ética. Esta mujer excepcional proyectó además un discurso feminista de avanzada para su época. Dos títulos de su amplia producción literaria así lo demostraron, «Al libre pensamiento», en el cual defendió el derecho a la libertad espiritual e intelectual sobre la base de sus ideas positivistas y «Esperemos», que constituyó una denuncia de la ideología patriarcal de la época.
Cuando nos decidimos a comenzar el estudio del pensamiento de esta gran mujer no imaginamos la riqueza de su mundo espiritual, ni la magnitud y significación de su obra en el tiempo en que vivió y sobre todo lo legado al presente.
Las últimas décadas del siglo xix en Cuba se caracterizaron por la complejidad en los cambios económicos, políticos, sociales y culturales que, indiscutiblemente, se reflejaron en la situación de la mujer y su moral, tanto en la vida cotidiana, como en la esfera del conocimiento.
En la sociedad colonial patriarcal la corriente literaria del Romanticismo utilizaba la belleza como la única cualidad a resaltar en el personaje femenino. Esta visión romántica de la mujer como ser ideal, frágil, sensible, con respecto al hombre, se tornó progresivamente diferente en los últimos años del siglo decimonónico, en el que se articuló un discurso femenino y feminista que se concretó en torno al 98 y que dio al traste –por lo menos– a nivel de parte de la intelectualidad con el mito romántico de la mujer, ante las crecientes exigencias del progreso, la influencia de nuevas tendencias filosóficas, la participación de las mujeres en la guerra, la reconcentración y la intervención norteamericana en los destinos de la nación cubana. La proyección de la imagen femenina y su participación en la vida pública no podía ser la misma. Si bien se cerró un capítulo, el de la colonia, se reprodujeron en la república neocolonial, la dependencia económica y los mismos problemas sociales anteriores: la discriminación racial y por sexo; aunque la mujer accedió al mundo del trabajo, ello sucedió en condiciones de ­inferioridad laboral con respecto al hombre, los códigos morales patriarcales dominantes continuaron imponiéndose en detrimento de la mujer.1
Es notable el avance de un pensamiento femenino en la etapa analizada, manifiesto en la narrativa y la poesía. Sin embargo, aunque existen algunos estudios sobre la historia de la cultura que incluyen a mujeres y varios análisis de historia social que abordan algunas aristas de la temática femenina, todavía hoy se observa una sensible ausencia, desde una perspectiva del discurso de género, así como una carencia casi total de enfoques de carácter ético filosófico que aborden el pensamiento de un grupo de mujeres de las letras cubanas del siglo xix.2
El arte y, en el caso que nos ocupa, la literatura, es un medio propicio para expresar las aspiraciones, sentimientos, frustraciones y anhe­los de cualquier pueblo. Es interesante descubrir con un sentido ético las diversas manifestaciones literarias que se desarrollaron en el período que se analiza, escritas por mujeres, a pesar de las limitaciones de la época, tanto objetivas, como subjetivas.
Ejemplo paradigmático es Aurelia Castillo, quien desafió el presunto destino femenino, hecho que hace trascender su vida y su obra. Mujer prácticamente olvidada hoy, aunque reconocida en los medios intelectuales de las últimas décadas del siglo xix y principios del xx. En la década del noventa de la centuria decimonónica era una de las criollas más destacadas y activas de las letras cubanas, lo que se pudo constatar al revisar las principales publicaciones de esos años. De amplia y variada producción literaria, bajo su revisión se editaron en el año 1914 sus textos en cinco volúmenes; en 1918 se publicó el sexto, todos comprenden, cartas, artículos, pensamientos, estudios históricos y biográficos, cartas de viajes, cuentos, fábulas, composiciones y poesías. Su obra muestra un basamento ético, que unas veces refleja los códigos morales de su época y otras los trasciende.
Es como si la lucha por la autodeterminación de las mujeres se ocultara una y otra vez. Recoger, seleccionar, ontologizar textos, es dar contenido a la memoria crítica del feminismo, que es ya de por sí una tarea emancipatoria.
Este ensayo se propone recuperar para nuestra memoria histórica el pensamiento ético-feminista de una mujer cubana de la segunda mitad del siglo xix y principios del xx que se empeñó, en teoría y acción, en modificar no solo la condición de la mujer, sino también el estatuto de lo humano como ente genérico universal.
Aurelia Castillo, considerada una de las primeras feministas de Cuba, reflexionó profundamente sobre los problemas de la mujer y además escribió sobre poetisas de su época con la intención de abrirles espacios para que publicaran sus obras. Esta solidaridad entre las mujeres escritoras constituye un paradigma y es un aspecto de vital importancia que se extiende hasta nuestros días.
La importancia de este tema radica en el estudio que por primera vez se realiza con un enfoque ético del pensamiento de una destacada mujer de las letras cubanas en un período histórico rico en transformaciones económicas, sociales y culturales, enmarcadas en un orden colonial en el que regía un código moral que subordinaba a la mujer al ámbito de la vida privada, reducida esta al estrecho marco de lo doméstico. Sin embargo, a través del análisis realizado se constató cómo en los intersticios de la sociedad y a través de la literatura, la mujer cubana encontró diversas maneras de subvertir su propia condición. A lo largo de este estudio se brinda una aproximación a la moral femenina de la etapa seleccionada.
Existen referentes anteriores al tema de la moral en la primera mitad del siglo xix, no así un estudio en las ciencias sociales cubanas sobre la relación moral-mujer.
Se privilegian los conceptos patriotismo y humanismo en el pensamiento ético de Aurelia Castillo, lo que contribuye a una formación axiológica en el pensamiento cubano del siglo xix.
La historia del feminismo demuestra que este pensamiento es esencialmente ético por la carga de justicia social que encierra, tanto desde el punto de vista teórico, como de movimiento social, y por los fines que persigue en gran parte de sus postulados. En este sentido, coincidimos con Celia Amorós, cuando afirma que el feminismo significa: «un salto cualitativo del nivel de autoconciencia ética de la especie humana, lo que lo constituye en objeto privilegiado de atención para la reflexión ética».3
El aporte de Aurelia Castillo, está presente en el contenido ético de su pensamiento, en la contribución como mujer y escritora a la conformación de un modo de ser, de pensar y actuar, que le asigna un lugar especial en el ambiente literario de su época. Su obra contribuye, además, al enriquecimiento de las ideas sobre la emancipación humana y nos brinda una fundamentación de las reivindicaciones feministas todavía necesarias.
Su pensamiento y quehacer práctico –caracterizados por un profundo sentido humanista– la convirtieron en paradigma de la transformación social que acontece en nuestro país en el presente y en la perspectiva futura. De ahí la significación que adquiere en nuestros días el rescate de sus ideas, que bien pudieran ocupar un lugar fundacional en nuestra historia, en la cual la voz femenina ha permanecido generalmente en el silencio.
Su obra, condicionada por el momento histórico en que transcurrió su trayectoria vital, conserva plena vigencia por constituir un instrumento esencial para asumir una conducta verdaderamente moral en un mundo que a pesar de exhibir increíbles avances en el orden científico-técnico, ofrece pocas alternativas de desarrollo al ser humano para satisfacer sus necesidades básicas y elevar su espiritualidad.
Las concepciones éticas de la escritora revisten en determinados aspectos un carácter anticipador. Develar las claves en el ideario de Aurelia Castillo, constituyó un gran reto, ya que no nos dejó una obra que de manera especial versara sobre ética, ni contábamos con referentes anteriores o estudios desde un ángulo ético-filosófico. Solo existían escasas investigaciones relacionadas con el discurso de género y con el literario.4 Ello implicó hurgar en el pasado y descubrir a una pensadora que,

[…] a pesar de no haber dejado una voluminosa obra filosófica formuló ideas, incluso en ocasiones en forma aforística, o en el contexto de una obra literaria pero que por su valor y significado trascienden su época y pueden ser esgrimidas por las nuevas generaciones, aunque aquellas hayan sido planteadas en un contexto histórico diferente.5

1 Mirtha Yáñez: «El discurso femenino finisecular en Cuba: Aurelia Castillo y otras voces en torno al 98», en Cubanas a capítulo, Santiago de Cuba, Editorial Oriente, 2000, p. 179.

2 El censo de mujeres poetisas en el siglo xix cubano –sobre todo en su segunda mitad– marca más de un centenar, muchas con libros publicados. Si tenemos en cuenta la población cubana en aquellos años, que no llegaba a dos millones de habitantes, de los cuales casi el 30 % eran esclavos en las décadas del sesenta al ochenta; si recordamos además, el estado de la educación femenina y la situación de dependencia y discriminación de la mujer, es realmente sustantivo el número de poetisas. Ver Denia García Ronda: «Poesía femenina cubana del siglo xix», en Mujeres latinoamericanas. Historia y cultura. Siglo xvi al xix, Casa de las Américas, UAM Iztapalapa, 1997, p. 288.

3 Celia Amorós: «La ética feminista en el ámbito iberoamericano», en Tiempo de feminismo. Sobre feminismo, proyecto ilustrado y postmodernidad, Valencia, Ediciones Cátedra, Instituto de la Mujer, 2000, p. 410.

4 En este sentido podemos citar: Luisa Campuzano: Aurelia Castillo. Cartas de México. Estudio preliminar, México D. F., Editorial Redacta, 1997, y Mirta Yáñez: «El discurso femenino finisecular en Cuba: Aurelia Castillo y otras voces en torno al 98», en Cubanas a capítulo, Santiago de Cuba, Editorial Oriente, 2000.

5 Pablo Guadarrama: «Herencia filosófica y herencia cultural», en Humanismo en el pensamiento latinoamericano, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 2001. p. 10.

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Fotos de Aurelia Castillo

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* Fotos del Archivo Nacional de Cuba. Fototeca. Caja 124, sobre 931, registro 2473.

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