
El átomo Autor: Carlos Pazos Beceiro
| Palabras de presentación del Libro [GralDiv Guillermo Rodríguez] |
| Epílogo |
ISBN: 978-959-7071-53-2
Págs: 240
Tamaño: 14 x 21 cm
Tirada: 2000
Año: 2008
Edición: Lourdes Pasalodos Díaz
Diseño de cubierta: Raúl Martínez
Realización y diagramación: Carlos F. Melián López
Impresión: Editorial Linotipia Bolívar, Bogotá, Colombia
Prólogo La posibilidad de supervivencia en una conflagración nuclear global / 62 |
Palabras pronunciadas por el Gral. Div. DrSc. Guillermo Rodríguez del Pozo, Presidente Centro de Estudios e Información de la Defensa (CIED) el lunes 16 de febrero de 2009 en la Sala Carlos J. Finlay (2:30 pm) en San Carlos de La Cabaña, La Habana, en cocasión de la presentación del libro en el marco de la Feria Internacional del Libro Cuba 2009.
Compañeras y compañeros:
Con sumo gusto vamos a presentar a Uds. el interesante libro "EL átomo en las Manos del Diablo", del Profesor y Doctor Carlos Pazos Beceiro, ganador del Certamen Iberoamericano de Ética, Elena Gil 2007. Es una obra del Centro Félix Varela, Publicaciones Acuario, editada en 2008.
El autor, Coronel (R) de los Servicios Médicos de las FAR, Profesor Titular del Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana desde 1977 y Especialista de Segundo Grado en Salud Pública desde 1974, cuenta en su aval con varios libros de texto y consulta, entre ellos Organización y Táctica de Servicios Médicos en Tiempos de Guerra (tres tomos): Protección Médica Contra las Armas de Exterminio en Masa; La Guerra: el sumum de la anti-ética, dentro de la obra Bioética para la Sustentabilidad; La Globalización Económica Neoliberal y la Guerra, antagonistas esenciales del desarrollo sostenible y de la salud; así como numerosos artículos y conferencias sobre Salud Pública, Educación Médica Superior, Desarme, la Paz, la Guerra y sobre desastres.
Además ha sido invitado a impartir conferencias sobre estos temas en numerosas universidades y centros médicos de América Latina, Europa, Estados Unidos y Canadá. Fue fundador y Presidente de la Filial Cubana de la prestigiosa institución "Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear", institución esta que es Premio Nobel de la Paz siendo él recipiente colectivo de este Premio Nobel. En dicha institución fue Co-Presidente Mundial y es Miembro At Large de su Board. También ha sido Vicepresidente de esa organización en América Latina. Fue Representante de Cuba ante el Comité de Desarme de las Naciones Unidas en Ginebra, Suiza
Esta importante obra constituye un imprescindible texto de consulta para todas las personas interesadas en la seguridad internacional y en distintos aspectos del quehacer mundial, además de contribuir a la cultura en general de los lectores.
El autor, que posee amplios conocimientos sobre el tema, ha realizado una exhaustiva búsqueda bibliográfica que le ha permitido aportar datos de gran interés para enriquecer su contenido e incrementar el bagaje de información de los que lo lean.
La obra se refiere a la enorme amenaza que representa el arma nuclear para toda la humanidad, profundizando de una forma amena y comprensible para cualquier tipo de lector, en sus desastrosos efectos sobre la salud y la vida humana.
Realiza un amplio recorrido sobre el desarrollo de los conceptos de la energía atómica, partiendo del pensamiento de los filósofos griegos Demócrito y Leucipo que desde el siglo V a.n.e., plantearon que la materia se encontraba formada por diminutas partículas invisibles en constante movimiento. Esta teoría fue olvidada por muchos años y no fue hasta el siglo XVII que resurgió con una base científica derivada de las investigaciones llevadas a cabo por el eminente científico John Dalton.
Más adelante se analiza el impetuoso desarrollo en las investigaciones sobre la teoría atómica hasta llegar a la actualidad haciéndose especial hincapié en las que llevaron a la fisión nuclear y la explosión nuclear, adquiriendo un auge en las actividades en el campo militar a partir de finales de la tercera década del siglo XX, principalmente durante la Segunda Guerra Mundial, cuando EEUU y sus aliados por una parte, y la Alemania Nazi por la otra, pugnaron por construir la bomba atómica.
Refiere como el gobierno de los EEUU con su programa denominado Proyecto Manhattan logró poner a punto dos bombas y llevó a cabo la decisión para su lanzamiento. El libro relata de una forma diáfana los hechos relacionados con esta decisión, demostrando la responsabilidad absoluta del gobierno norteamericano en la ejecución del genocidio de Hiroshima y Nagasaki, en lo que primó, por encima de cualquier otro argumento, un feroz oportunismo político con el fin de asegurar su futura hegemonía militar y económica.
Analiza como un factor importante la coyuntura del fallecimiento del Presidente Roosevelt y el ascenso a la presidencia del Vicepresidente Harry S. Truman, persona muy diferente en cuanto a talento, experiencia, pensamiento y prestigio en las relaciones internacionales, en especial la buena comunicación con Stalin.
Pone de manifiesto la situación militar existente el 1ro. de junio de 1945, cuando se designó al Comité Interino para que emitiera sus recomendaciones sobre el uso de la bomba atómica sobre Japón:
En resumen, Japón estaba completamente derrotado. No obstante el Comité Interino recomendó que la bomba atómica debía usarse contra Japón en el más breve plazo, contra un blanco militar rodeado de otras edificaciones y hacerlo sin previo aviso por la naturaleza de esta arma.
Muchos de los científicos que trabajaron en el Proyecto Manhattan estuvieron en desacuerdo con esta recomendaciones y expresaron que la ola de horror y de repulsión que ocasionarían los lanzamientos de estas bombas, serían mucho más significativas que sus ventajas militares. Además hicieron propuestas alternativas para que se conociera por el mundo el poder destructivo de estas armas.
En el Capítulo "Los genocidios de Hiroshima y Nagasaki", se expone las características de ambas ciudades y las razones que indujeron a su selección como los blancos más indicados para el lanzamiento de las bombas: la primera el seis de agosto de 1945 y la segunda, el nueve de agosto.
Las consecuencias de este genocidio son bien conocidas, pero en el libro se recoge con bastantes detalles los efectos de las bombas que causaron de forma inmediata, más de 200 000 muertes y la herencia dejada a los sobrevivientes por las radiaciones, muchos de los cuales murieron de cáncer y otras enfermedades derivadas de la radiación ionizante y además, los defectos congénitos en sus descendientes.
Más adelante, se denuncia la carrera armamentista nuclear y los innumerables argumentos para justificarla por parte de las potencias nucleares. Muchos de ellos se han convertido en mitos para muchas personas, aunque la realidad de la falacia que todas ellas entrañan no han hecho más que contribuir a colocar a la humanidad a un paso de un final apocalíptico.
En el Capítulo "Consecuencias en la salud humana de las armas nucleares", se hace un detallado análisis de todas las afectaciones que se generan a la humanidad como resultado de la producción nuclear, tanto en los trabajadores en las instalaciones de esta producción, como a la población que reside en sus cercanías, haciéndose especial énfasis en los accidentes en reactores nucleares, como los sucedidos en Three Mile Island, Estados Unidos, Chernobil, en Ucrania, Tokaimura, en Japón, y otros de menor envergadura.
También se plantea los accidentes e incidentes con las armas nucleares en todas las potencias poseedoras de ellas, así como en las áreas donde han estado asentadas, señalándose los más significativos.
Un aspecto importante que se refleja, es el que después de la Guerra Fría el mundo pensó que la llamada era nuclear se terminaba. Sin embargo, muy lejos de ello, en los últimos años se han producido acciones negativas de las potencias nucleares que han burlado todos los esfuerzos encaminados a la extinción de esta amenaza.
El Diablo ha cambiado su estrategia nuclear. Se ha llevado a cabo de manera oculta actividades, tales como: adquisición de una nueva tecnología que permite probar las armas nucleares sin hacerlas explotar (pruebas nucleares invisibles); se han reducido los arsenales nucleares pero a expensas de las armas más fácilmente detectables como los misiles balísticos intercontinentales y se mantienen intactas las que son de más difícil detección, como las lanzadas por submarinos; se han desarrollado ojivas pequeñas y ligeras con gran poder destructivo (las llamadas "mininukes").
Existen todavía 30 000 ojivas estratégicas y tácticas en el mundo, más de un 95% de ellas en los arsenales de los EEUU y de Rusia. Las existencias de plutonio y uranio enriquecido se estiman en 470 toneladas y 1600 toneladas, respectivamente, con las que se pueden producir 250 000 bombas nucleares. En el libro se ofrecen datos de las existencias de estas armas y su materia prima en cada uno de los países tenedores.
Esto obligó a que se impusieran una serie de tratados dirigidos a limitar la existencia y evitar la proliferación de estas diabólicas armas, aunque algunos han sido burlados.
Con el objeto de no cansarlos a Uds, me limitaré a mencionar el título de los cuatro últimos capítulos, no menos interesantes: Peligros de la actual carrera armamentista nuclear de los EEUU; El terrorismo nuclear; La presente amenaza de una guerra contra Irán; y La última alternativa: ética humana o desaparición de la civilización.
Para terminar esta presentación, permítanme leer un párrafo del Epílogo del libro: Las armas nucleares representan una constante amenaza para la supervivencia del género humano, sobre todo a medida que la recesión económica mundial se haga más patente y que el nuevo reparto del mundo nos conduzca inevitablemente a un enfrentamiento de las potencias militares por los remanentes de la riqueza global, por lo que se hace imprescindible diagnosticar y priorizar los grandes factores destructivos que la determinan, en la búsqueda de una solución definitiva.
Estos son tiempos difíciles para permanecer vivos. Nunca antes los seres más afortunados del mundo han disfrutado de una vida tan larga y saludable. Incluso los menos afortunados viven más que sus antecesores que vivieron hace ya un siglo. Pero enfrentamos múltiples amenazas para la existencia humana y para la integridad de la biosfera –para el cambio climático y para la depleción del petróleo y de otros recursos naturales–, así como para la degradación del ecosistema. No hemos aprendido todavía a vivir en armonía con nuestros congéneres. Continuamos utilizando la guerra en nuestro intento de lidiar con los conflictos y manejamos un sistema económico global con una manifiesta injusticia.
El gran problema de las armas nucleares estriba en tratar de conciliar nuestras dificultades para vivir en armonía con la Tierra y con cada uno de sus moradores. Si tuviésemos que usarlas, en un oscuro intento de resolver un conflicto o por accidente, podríamos matar a millones o a miles de millones de seres humanos. Más aún, los modeladores climáticos nos dicen que podríamos interferir groseramente en el clima universal, que la producción de alimentos en extensas franjas de la superficie terrestre podría cesar virtualmente por años, y los supervivientes de las bombas arrastrarían a muchas especies a morir de enfermedades y de inanición.
¿Cuál debe ser la conducta a seguir por los ciudadanos responsables del globo para enfrentar estas amenazas?
La actitud inteligente en cada uno de estos casos no requiere de un considerable conocimiento, pues aun los niños pequeños saben que no deben lastimarse unos a los otros ni a la Tierra. También se puede enloquecer tratando de saber lo suficiente acerca de estos asuntos e intentar actuar adecuadamente en cada uno de ellos. Quizás la respuesta sea organizar para cada uno de nosotros una base para los más importantes de esos asuntos y tratar de actuar en todos ellos, y entonces concentrar nuestra acción en uno o en varios temas, dispuestos a darle una mano a otros cuando nos la pidan. ¡Tendríamos ochenta años más para alcanzarlo!
Este libro de Carlos Pazos Beceiro resulta de gran ayuda para proporcionarnos esa base comprensiva en el caso de las armas nucleares. Comienza con física atómica y los caminos del descubrimiento científico, que desafortunadamente –en este caso– fue adaptado a los propósitos del exterminio en masa. El doctor Pazos cubre todas las áreas necesarias para la comprensión del problema de las armas nucleares en un libro de extensión modesta. De los electrones a la ética, este libro sigue una lógica invencible hacia un programa de acción. Pazos está excepcionalmente calificado para guiarnos a través de esta autoeducación.
De alguna manera, él se sitúa fuera del sistema. Como médico cubano, ha tenido un profundo compromiso en el desarrollo de un país de bajos recursos económicos y que a pesar de ello ha jugado un rol particular en demostrar la peligrosidad de una guerra nuclear. Él recibió parte de su educación de posgrado en la antigua Unión Soviética, y aprendió muy tempranamente los efectos en la salud del uso de las armas nucleares, pero a su vez, se ha sentido también «en su casa» en muchos países occidentales a los que ha visitado regularmente. Se ha visto envuelto en las primeras líneas de acción para eliminar las armas nucleares como un líder de la Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear. Es un magnífico guía a través de este escabroso terreno.
Nuestro buen doctor nos ofrece una historia de la enfermedad, de sus síntomas, de su diagnóstico y de su pronóstico. Entonces perfila un plan comprensivo de terapia que en primer lugar saque al paciente del peligro agudo, para proceder después a una lenta rehabilitación. Todos debemos y podemos dar una mano al respecto.
Joanna Santa Barbara1
Georgian Bay, Canadá, 2007
1 La doctora Joanna Santa Barbara se graduó en Psiquiatría en Sydney, Australia, y ejerció como psiquiatra infantil por espacio de 30 años hasta su retiro de la práctica clínica. Es miembro facultativo del Departamento de Psiquiatría y de Neurociencias de la Conducta y miembro del Centro de Estudios de la Universidad de McMaster. Fue presidenta de Médicos para la Prevención Nuclear y por varios años participó en un diálogo con la OTAN en Bruselas acerca de temas sobre armas nucleares. La doctora Santa Barbara enseña Transformación de Conflictos y la Paz a través de la Salud en el Programa de Estudios para la Paz de la Universidad de McMaster, y se mantiene activa en el desarrollo del Programa de la Paz a través de la Salud del Centro de Estudios para la Paz. Ella participó en el trabajo sobre salud mental y construcción de la paz en relación con los niños afectados por la guerra en Croacia, y actualmente se encuentra relacionada en un proyecto similar en Afganistán. Este último estudio incluye educación de adultos para la paz, en especial, enfocado sobre la reconciliación nacional y la no violencia. Otros de sus intereses están relacionados con la paz para los niños y con la relación entre la guerra, la paz, la salud y asuntos sobre la escasez del petróleo, la depleción de recursos y los cambios climáticos. Recibió en 2005 la Orden de Ontario por su trabajo en estudios y activismo por la paz.José Luis López Aranguren: Ética de la felicidad y otros lenguajes, Editorial Tecnos, Madrid, 1989, p. 37.
Los seres humanos no somos ni absolutos ni completos, por el contrario vivimos con frecuencia en medio de un mar de sentimientos contradictorios que cuando se extreman y distorsionan hacen bueno el viejo adagio «el que es ángel, es también bestia». La imprescindible regulación de la ética y de la educación de manera permanente en sus hábitos de conducta, se impone para evitar la aparición circunstancial de un comportamiento anómalo. Pero para entender las posibilidades virtuales que su naturaleza le confiere para que aquel se produzca, es necesario comprender y analizar los mitos creados atávicamente por la mente humana.
Desde sus orígenes el hombre ha proyectado sus sentimientos más íntimos: sus amores, sus pasiones, sus odios y sus temores, y lo ha hecho a través de figuras fuera de sí mismo, con el fin de no comprometer su responsabilidad final en las consecuencias de sus acciones. Así creó un Dios y un Diablo a su imagen y semejanza. Con esto edificó la teoría del bien y del mal, sempiterna y consustancial a su ser, e incluso al percibir la contradicción entre la omnipotencia de Dios y los grandes poderes del Diablo, creó el submito de la confrontación entre ángeles buenos y malos, dándole así al Sumo Creador, otro nivel, a pesar de la entrega a Satanás de importantes prerrogativas y de una excepcional capacidad de manipulación sobre los seres humanos.
Este desprendimiento del lado oscuro del alma humana que significa el Diablo, está unido sin duda, a la separación intencionada que ha construido el hombre de Dios, y que representa el carácter esencial del pecado, como fue el pecado original de Adán, al quebrar la sumisión de su voluntad a la voluntad divina, lo que provocó el alejamiento de aquel de toda la humanidad a través de su distanciamiento de Adán, y al mismo tiempo se produjo la división entre todos los hombres, basada fundamentalmente en su egoísmo y en su temprana transgresión de la verdad.
Entre las prerrogativas entregadas por Dios al Diablo para conformar su complejo juego divino con los hombres, se hallan: el poder para manipular sus mentes, su arte para rechazar la verdad de la realidad existente, sobre todo de aquella que no le resulta conveniente, con el preciso fin de dominar esa realidad y la extraordinaria capacidad seductora para tentarlos. Además con el ejemplo de su historia de rebeldía y soberbia, representa un estímulo incalculable para la lujuria de poder en sátrapas, dictadores y caudillos.
El desarrollo de la humanidad ha llevado implícitas las ansias de los seres humanos de dominar el mundo, y de sobresalir ostentosamente por encima de sus congéneres, un ejemplo antológico de esta tendencia se plasmó maravillosamente en el Fausto de Goethe, con sus ambivalencias, contradicciones, esperanzas y desesperanzas, pero sin duda, todos nos hemos visto reflejados de alguna forma en él, convencidos de que somos prisioneros de una afanosa búsqueda –de ser posible, fácil– de satisfacciones y de placer, y al mismo tiempo temerosos de poder perder nuestras conciencias individuales.
La historia de la humanidad con sus continuas guerras y devastaciones ha demostrado fehacientemente el predominio en ellas de nuestra parte de Diablo sobre la de Ángel, y particularmente durante la gran explosión científico-técnica del siglo xx, con su paralelismo y consecuencias en la carrera armamentista mundial, en la que sus científicos protagonistas se han debatido constantemente en una peligrosa ambivalencia entre lo racional y lo irracional, soslayando en la mayoría de las ocasiones los principios éticos y la responsabilidad medular inherentes a sus perfiles profesionales y a sus deberes ciudadanos.
En ese contexto, el desarrollo y la utilización de la energía atómica, han representado un hito en la historia de la humanidad, no solo por la magnitud y trascendencia científica, militar, económica y social que determinaron, sino sobre todo porque su desequilibrada proyección ha puesto en peligro desde entonces la supervivencia de la civilización.
La utilización de la energía nuclear como arma de exterminio en masa, representó en Hiroshima y Nagasaki lo más cruel y aberrante del pensamiento y de la decisión humanos en tiempos de guerra, cuando por primera vez, en un funesto precedente, se puso al átomo en las manos del Diablo.
Carlos Pazos Beceiro,
La Habana, 2007
Lord Byron dijo en una ocasión que la Historia era la escritura del Diablo. En esta afirmación están implícitas, la concupiscencia humana y sus horribles consecuencias. Y si bien la naturaleza humana no ha sido la única responsable de ellas, el Diablo ha utilizado toda clase de métodos, personajes, tendencias, organizaciones, credos, y cuanto subterfugio le ha sido útil en la consecución de sus fines. Pero indudablemente, en todas las épocas, la guerra ha representado el exponente más significativo de ese lado oscuro del hombre.
Sin duda, nada ha sido más trascendente para la supervivencia de la civilización que el descubrimiento de la incontenible capacidad destructiva de la energía nuclear y su uso con fines militares, que abrió una era de constante peligro para la humanidad, imbricada con otros factores de índole ambiental, económica, política y social, la han llevado a un punto crítico en los últimos años.
El siglo xx fue testigo del exponente más evidente de esta secuencia demencial de la historia humana, con sus dos terribles guerras mundiales, con el advenimiento del fascismo y del nazismo, con los genocidios de Hiroshima y Nagasaki, con la Guerra Fría y el desencadenamiento de las carrera armamentista nuclear, con los cientos de conflagraciones nacionales y regionales que han azotado al mundo entero, y con el cese del relativo equilibrio económico y militar globales que determinó la desaparición de la Unión Soviética, al que ya hicimos referencia, y que preparó el camino en el siglo xxi de un mundo unipolar y hegemónico.
La situación antes expresada se enmarcó en un desastroso sistema económico globalizado que fue ampliando un abismo entre una exigua minoría rica y poderosa y una gran mayoría cada vez más pobre y carente de poder, y en un ambiente ya exhausto por su continua devastación por la propia mano del hombre.
Como si todo lo anterior no fuese suficiente, los acontecimientos terroristas del 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos, y la nefasta coyuntura de un gobierno neofascista en ese país, ha situado al mundo en una situación de crisis integral, caracterizada –de una parte– por una fuerza económico-militar única y hegemónica, que aspira a la posesión de los remanentes de los beneficios del mercado mundial, y comienza por la apropiación de las fuentes energéticas mundiales, en primer lugar del petróleo –y de otra–, por la gran globalización de la pobreza, que deja a la gran mayoría de la humanidad sin la menor posibilidad de un desarrollo sostenible, realmente en puras condiciones de supervivencia.
La nueva política del Diablo consistió en utilizar un nuevo eslogan: el del antiterrorismo, con desconocimiento de las desafortunadas raíces históricas del terrorismo, macabro mal que se sustenta en el resentimiento provocado por la meridiana y permanente injusticia económica, étnica y social que padece hace ya mucho tiempo la gran mayoría de la humanidad, y en particular muchos pueblos y razas, que por múltiples factores, desafortunadamente no han encontrado otras formas de responder de manera adecuada a tan descomunal desequilibrio para poder sobrevivir.
En consecuencia, con la «guerra al terrorismo», el gobierno de los Estados Unidos comenzó una peligrosa escalada en relación con las armas nucleares, determinó como blancos potenciales a China, Rusia, Iraq, Irán, Corea del Norte, Libia y Siria, dentro de una nueva doctrina de guerra preventiva, por lo que esas armas podrían emplearlas en tres situaciones: contra blancos capaces de utilizar ataques no nucleares; como represalia en el caso de un ataque nuclear, químico o biológico; o en el caso de descubrir algún desarrollo militar en supuestos enemigos que amenazara supuestamente la seguridad de ese país.
Esta nueva postura nuclear provocó lógicamente, reacciones inmediatas en los países amenazados por ella. China, por ejemplo, adujo que incrementaría su arsenal nuclear por la posible intervención de los Estados Unidos en Asia; argumentos similares esgrimieron India y Paquistán por la factibilidad del apoyo norteamericano a una de las partes en ese diferendo.
Resulta evidente que la nueva doctrina de George W. Bush, no solo cambió la política nuclear de un mero instrumento de disuasión a una real confrontación con esas armas, al extender su amenaza a los países no nucleares e incluir a cuatro naciones islámicas, con un significativo empeoramiento de su cruzada para la «solución del terrorismo».
En Europa, sus únicos aliados en los inicios de esta peligrosa aventura histórica fueron Berlusconi en Italia y Blair en el Reino Unido, y este último mantuvo su incondicional apoyo a George W. Bush en medio de una tremenda revuelta en el seno del Partido Laborista británico.
Es innegable que la ominosa militarización de la campaña en contra del terrorismo continúa ocasionando desolación, muerte y devastación irreversible en Iraq, así como un incesante incremento de la inseguridad y de la angustia globales, a pesar de la evidencia de esta vesánica política.
La unipolaridad del mundo actual y el poder hegemónico norteamericano hacen muy difícil cualquier acción mancomunada en contra de la carrera armamentista nuclear. Aún las propuestas más racionales y objetivas no han logrado progresar. Recordemos las seis recomendaciones básicas de la Comisión de Canberra para la Eliminación de las Armas Nucleares en 1996:1
Resulta muy peligroso para la humanidad su agotamiento en el establecimiento de medidas efectivas para la abolición de las armas nucleares. Muchos son los pasos que hay que dar para lograrlo. Entre los más importantes se encuentran los siguientes:
Ya hemos expresado con anterioridad, que para lograr los fines expuestos se requiere en primer lugar, brindarle a la opinión pública mundial una información veraz y bien fundamentada sobre las verdaderas causas del actual desequilibrio global, y dentro de él, del terrorismo: las iniquidades que determinan la monstruosa pobreza que padece la gran mayoría de la humanidad agravada por la guerra, y los enconamientos étnicos, sociales y religiosos que son exacerbados sistemáticamente por los sustentadores del poder económico y militar mundiales en su provecho.
Además, sin la completa solidaridad del género humano, poco podremos hacer en este sentido, aunque resultan edificantes y conmovedoras a la vez, las movilizaciones mundiales que se han producido desde sus inicios, y que se siguen produciendo en contra de la invasión a Iraq, sobre todo las que se llevan a cabo en los Estados Unidos.
Las armas nucleares representan una constante amenaza para la supervivencia del género humano, sobre todo a medida que la recesión económica mundial se haga más patente y que el nuevo reparto del mundo nos conduzca inevitablemente a un enfrentamiento de las potencias militares por los remanentes de la riqueza global, por lo que se hace imprescindible diagnosticar y priorizar los grandes factores destructivos que la determinan, en la búsqueda de una solución definitiva.
Qué importante sería que los políticos y hacedores de decisiones de los Estados Unidos, depusieran toda obstinada prepotencia e interiorizaran el razonable mensaje de la Academia de Ciencias de su propio país, en junio de 1997, transmitido en un informe titulado, «El futuro de la política de los Estados Unidos sobre las armas nucleares», donde se admite que aún prefiere sobre estos asuntos la palabra prohibición a la de abolición, y concluye: «Los beneficios potenciales de un desarme nuclear comprensivo son tan atractivos en relación con los presentes riesgos –y las oportunidades ofrecidas por el final de la Guerra Fría y por otras tendencias internacionales– que resultan tan apremiantes, que se hace imprescindible incrementar la atención para estudiar, fomentar y hacer deseable y factible la prohibición de las armas nucleares.»2
En realidad no existe otra opción para alcanzarla que abandonar la práctica inveterada de acciones guiadas por una ética animal que desafortunadamente ha seguido el mundo, y sustituirla por la práctica de una ética humana y racional.
1 «The Canberra Commission. Policies for Nuclear Elimination. 1996», Internet: http://debate.uvm.edu/handbookfile/WMD2002/261.htm, 25 de agosto de 2005, p. 1
2 Lachlan Forrow: «Medicine and Nuclear War. From Hiroshima to Mutual Assured Destruction to Abolition 2000», JAMA, August 1998, vol. 280, no. 5, p. 459.