
Sensibilidad Autora: Sandra Baquedano Jer
| Palabras de presentación del Libro [DrSc Carlos J. Delgado Díaz] |
| Resumen del libro (por la propia autora) |
ISBN: 978-959-7071-54-9
Págs: 140
Tamaño: 14 x 21 cm
Tirada: 932 ejs.
Año: 2008
Edición: Lourdes Pasalodos Díaz
Diseño de cubierta: Raúl Martínez
Realización y diagramación: Carlos F. Melián López
Impresión: Intergraphics Ltda.
Prólogo: Sandra Baquedano y sus poderes medusantes Introducción 1. El pensar rememorante sobre la naturaleza 2. Hermenéutica ecorreificadora 3. Por un extensionismo antiespecieísta 4. La reivindicación socioambiental del recuerdo pesimista 5. Extensionismo cósmico del padecimiento representado Bibliografía |
Palabras pronunciadas por el DrSc Carlos Jesús Delgado Díaz, profesor de la Universidad de La Habana, el lunes 16 de febrero de 2009 en la Sala Carlos J. Finlay (2:30 pm) en San Carlos de La Cabaña, La Habana, en ocasión de la presentación del libro en el marco de la Feria Internacional del Libro Cuba 2009.
El libro “Sensibilidad y responsabilidad socioambiental. Un ensayo de pesimismo autocrítico” de la investigadora chilena Sandra Baquedano es una de esas joyas de calidad y sensibilidad humana a que nos tiene acostumbrados el Centro Félix Varela y sus Publicaciones Acuario.
Desde finales del siglo XX se escribe mucho sobre la problemática ambiental, y me gustaría en pocas palabras esclarecer qué tiene de novedoso este libro que hoy se presenta, y por qué lo recomiendo a los lectores.
Este es un libro de filosofía profunda, que a diferencia de los textos escritos para filósofos, está escrito para seres humanos, y quien se sienta tal, encontrará en él resonancias y destellos de su propio ser.
La autora recoge el reto de pensar simultáneamente lo que tenemos de racionales los humanos, y lo que tenemos de imaginativos y oníricos. A diferencia de la literatura cientificista y tecnicista, este libro nos ayuda a pensar la problemática ambiental como asunto de construcción de imaginarios humanos, por lo que no podía escoger un género mejor que el ensayo para adentrarnos en conceptos y metáforas que nos ayuden a ver.
El abanico temático que abarca es amplio, se adentra en los orígenes de los modos humanos de pensar la naturaleza; busca las bases de nuestros extravíos en la cosificación de nuestro ser ecológico; no duda en abordar la difícil problemática ideológica y política para dejar clara su postura con respecto a las formas de optimismo capitalista y marxista; indica los riesgos del ecofascismo y la austeridad impuestas; y toca en seis agudas pinceladas finales las problemáticas de la salud socioambiental, los estados pseudoholísticos, el modelo cubano de salud socioambiental, el pacifismo y el pesimismo autocrítico.
Sus poderes medusantes, --como ha dicho Teresa Díaz Canals en el bello prólogo que abre el libro--, se hacen sentir cuando nos hace vivir en ágil síntesis la magnitud del problema ambiental.
Dice la autora:
“La política bélica de los Estados Unidos, el holocausto palestino, los grupos neonazis en Europa, el éxito del capitalismo para una minoría, el especieismo exacerbado del Homo sapiens, la impotencia, tanto de la ciencia, como de la técnica, aunada con el optimismo superficial del Homo faber para afrontar y detener el cambio climático, la pérdida de la biodiversidad, la deforestación, la desertificación, y lo peor: la explosión demográfica que ha sido la más devastadora epidemia antropogénica hasta ahora vista; todo ello está a su vez aunado con un pesimismo sintomático mucho más profundo, realista y desolador: la pérdida de interés en el trabajo, el alza estadística de la depresión, la angustia, el alcoholismo y la psicosis. El Homo sapiens no puede sentirse parte integral de un mundo, que se ha vuelto en sí mismo ajeno y hostil. Tanto la obstrucción que sufre la integridad de su psiquis, como la ruina a la que ha sometido al medio ambiente, son partes de un todo. Si bien no es justo sugerir que con Bacon y Descartes se originó la actitud actual del siglo XXI, no podemos negar que el especieismo epistemológico se desencadenó agudamente al academizarse y legitimarse a través de las nociones técnicas y mecanicistas de la realidad.” (p.49)
Después de leer el libro aparecerán muchas interrogantes y cuestionamientos. Cuánto habría que conversar con la autora acerca del especieismo y sus consecuencias; de la noción economicista de marxismo que critica y si es esa acaso la única real; de su negación explícita de la utopía en un libro que a todas luces la revive; de la vitalidad de la eco-revolución posible; del pesimismo autocrítico de una obra que se abre a un modo nuevo de pensar la ética y con ello, se me antoja que fomenta lo opuesto: el optimismo autocrítico.
Si el auditorio me pidiera algún argumento definitivo que motive la lectura de este ensayo, les diría que les retará a pensar y a sentir lo que significamos como humanos, hará más vívida la eterna pregunta de quiénes somos, y contribuirá a que pensemos e imaginemos mejor lo que podríamos ser y hacer.
Carlos J. Delgado
¿En qué forma mostraba su destreza esa vivencia oblicua? Vemos un imposible engendrando una realidad igualmente imposible…
José Lezama Lima
Cuando terminé de leer el libro de Sandra Baquedano, Sensibilidad y responsabilidad medioambiental. Un ensayo de pesimismo autocrítico, confirmé las palabras del filósofo Martin Heidegger en su denso y extraordinario libro Ser y tiempo. En él escribe lo siguiente: El comprender lleva consigo la posibilidad de la interpretación, es decir, de la apropiación de lo comprendido.1 Por esta razón, me es imposible describir en qué consiste cada uno de los capítulos del texto, tal vez si me lo hubieran pedido para presentarlo en un tribunal de rigor académico lo haría por pura rutina disciplinaria. Sin embargo, nadie me ha obligado a regirme por un guión forzado de prólogo, tengo entera libertad de expresarme acerca de una lectura que es necesario revisar más de una vez. Soy incapaz de seguir una filosofía de conceptos que clasifican los conocimientos, la insuficiencia de este método consiste en su conversión en un pensamiento clasificado. Este no es el sentido de la escritora, la esencia de su trabajo no es esa, por lo tanto, no hay cajón para definiciones que la gente pueda repetir, no hay registro.
La investigación presentada, lejos de ser una obra de fría filosofía, perdida en la viscosidad de determinadas ideas, constituye un tratado de moral cósmica, expresada en la imagen modelante de la naturaleza.
Esta joven chilena viene a Cuba con un estudio de lucidez vigilante, nos entrega un argumento repleto de señales. Al principio podrán confundirse con una lectura racionalizante. Su entrega la podemos comparar sólo al granito de Goethe, porque esta materia significaba para él «lo más profundo y lo más alto». Como si esculpiera en piedra, en hielo, en escarcha, la autora llama la atención sobre los miedos de tiempos nuevos.
Conocí a Sandra en la Universidad de La Habana, cuando asistía a un evento en la Facultad de Filosofía a la cual pertenezco. Salimos del viejo edificio académico y conversamos más de tres horas. Mejor dicho, debo confesar que casi no la dejé hablar. Quizá ella sabía mejor que yo, que el callar es una posibilidad esencial del discurso y sólo ahora me doy cuenta que quería-tener conciencia. Su sabia actitud consistió en ese escuchar respetuoso, porque sólo así se está abierto al otro. Como un escuchar de una voz amiga, decidió atender porque comprendía, como una forma de coexistencia y en esta sujeción del escuchar mostró una solidaridad.
Meses antes, en el Centro Félix Varela, tuve referencias excelentes de su persona, en ocasión de unas conferencias que impartió y a las cuales me fue imposible asistir. Disertó sobre la obra de Hans Jonas. Trasladó un saber y nos hizo llegar –en un acto de generosidad– el libro El principio de responsabilidad del mencionado pensador, como un gesto de fineza chilena hacia Cuba. Sabe muy bien que «sólo se vive verdaderamente cuando se transmite algo».
Debo de hacer una advertencia. Este nuevo regalo que nos hace Baquedano Jer, constituye algo que todavía en nuestro contexto no se encuentra totalmente generalizado en el ámbito de las ciencias sociales. Tenemos una mente muy abierta a este tipo de ética nueva, que despliega con énfasis un determinado grupo de especialistas nuestros, uno de ellos lo menciona la propia autora, que es el filósofo cubano Carlos Delgado, pero estamos en un proceso de toma de conciencia para poder institucionalizar una manera diferente de estar‑ahí. Por eso, es excelente su propuesta: no son sólo palabras cargadas de significaciones. Es también al revés, son significaciones de las que brotan palabras.
Después de la lectura de la investigación de la profesora Baquedano, tuve que callarme y hacer un proceso inverso. Sólo hoy, a las tres de la madrugada del último día del presente año, pude sentarme a escribir este elogio a la razón auténtica. Su obra tiene resonancias infinitas. Su alternativa es cierta porque es imposible. Ella destruye y crea un lenguaje, su escritura provoca un henchimiento, un desarrollo, forma parte de un estilo. Nos llama a un comprender distinto, a una manera diferente de estar en el mundo, a dibujar nuevos acuerdos donde estemos absolutamente todos. Cosa difícil nos plantea, retos que no están a la mano. Su esencia es un decir en el subtexto, que la naturaleza no respeta el diálogo ni las horas de amor, sino que se complace en ver a los seres humanos como otros árboles más. Es su gran lección. Anuncia la obligación de elaborar naturaleza y no de recibirla como algo dado.
Sería superficial de mi parte decir que este es el gran libro, porque «cualquier buen libro es el libro… Mayor es un grado bélico que le sobra a la lectura».2 Sin desmesura aseguro que es un estudio imprescindible para los lectores, porque el escenario mundial nos toca de cerca. No estamos en primera fila para ver los resultados de la irracionalidad de una especie, formamos parte también del espectáculo. Los seres humanos siempre estamos eligiendo; la profesora nos presenta una elección. Si llevamos sus palabras a una dimensión poética, podemos observar cómo realizar un acto, y elegir, constituye una prolongación del germen. Viene a ser algo así como una respuesta a una pregunta que no se puede formular, que se mueve en lo infinito. La chilena lleva en sus alforjas alarmantes problemáticas para que rectifiquemos y ganemos en inéditas andanzas.
Estos tiempos –al contrario de lo que piensan algunas personas–, son tiempos de sinceridad, no porque en sí lo sean, sino porque no dejan otras alternativas que volver la mirada a la realidad que nos acecha. Esta filósofa lo sabe; si llevara su trabajo a un psicólogo avezado, seguro que concluiría de sus palabras, que este personaje que escribe tiene un complejo de Medusa, pero no en el sentido negativo del hipnotismo malo, sino porque logra un cierto ensueño petrificante. Descubrió el deseo de imponer la inmovilidad de las piedras al mundo hostil, al inexperto asombrado. Su voluntad de medusar la gasta de un vistazo. Su libro es una mirada que detiene, para dar paso a la inteligencia, a la estatua animada. Por eso, invito a que cada cual haga de este texto el examen que le plazca, al final se darán cuenta que con ese poder de la autora, brinda un libro movilizador en torno a un tema complejo, por ello manifiesta una variabilidad de juicios dirigidas no sólo a todo tipo de lectores, sino para un mismo lector que tenga distintos climas de lectura.
Si imaginamos un poco, podemos darnos cuenta que el menor pretexto de racionalización, justifica el principio de una leyenda. La lectura en su asombrosa construcción espera que los destinatarios fijen esa leyenda en otra esperanza, en un río de miel, como símbolo de la cocción más paciente y profunda.
Teresa Díaz Canals
La Habana, 31 de diciembre de 2008
1 Martin Heidegger: Ser y tiempo, Madrid, Editorial Trotta S. A., 2003, p. 183.
2 Carmen Berenguer Hernández y Víctor Fowler Calzada: José Lezama Lima. Diccionario de citas, La Habana, Casa Editora Abril, 2000, p. 85.
A diferencia de los principales planteamientos en relación con la temática del medio ambiente, este análisis tiene como referente no sólo el entorno que nos rodea, sino lo interno que nos integra dentro de ese medio ambiente concebido usualmente hasta ahora como una realidad únicamente externa. Un ensayo de pesimismo autocrítico puede volvernos concientes de cómo en el ser humano la naturaleza se ha perturbado a sí misma. El hombre escribió la historia de la humanidad interpretándola de forma especieísta.1 He denominado «hermenéutica ecorreificadora»2 a este modo de interpretar la naturaleza, ensalzando el rol del hombre histórico que hizo obra contra el ser ecológico y, por consiguiente, contra su propio ser ecológico. Esto ha determinado una gran gama de sistemas, modos de producción y de vida que han dañado de un modo irreversible nuestro entorno, dejando en evidencia nuestra perturbación especieísta en el desarrollo interno de la historia humana.
Potenciando la sensibilidad autocrítica del Homo sapiens –en aras de facilitar la identificación de sí mismo como un ser inseparable de la naturaleza en su actual padecimiento holístico–, este libro se propone reorientar el rol de la razón desde su crónico extravío especieísta y cosificador hasta la conciencia de los límites a la que nos conduce la pregunta por la esencia humana del sufrimiento y el misterio de su padecimiento en las especies no humanas. Más que denunciar en son de reiterar una crítica ya existente o acatar irreflexiva e insensiblemente la condena formal y despersonificadora contra alguien, buscamos sondear sensible y gradualmente la introspección autocrítica que inspira nuestra propia hermenéutica ecorreificadora con vistas a minimizar paulatinamente o evitar aquello que nos lleva a propiciar y legitimar un trato especieísta contra el resto de las especies y un trato despersonificador contra nuestros semejantes.
La división especieísta entre la especie humana y las no humanas no provoca en sentido estricto un abismo ontológico entre el animal racional civilizado y la naturaleza arracional aún no domeñada –como si esta última fuera independiente de él–, sino ante todo una ruptura en sí mismo –ya que no es independiente de él–. Diagnosticado el trasfondo de esta ruptura queda en evidencia la responsabilidad del hermeneuta ecorreificador, quien termina en su desvarío e indigencia existencial cosificando conciente o inconcientemente el vivenciar subjetivo de sus semejantes. ¿Pero entonces de qué sirve volverse conciente si en nada cambian las cosas? Hemos visto que en nombre de la responsabilidad por una nación se ha hecho la guerra contra otro pueblo devastándolo de dolor y destrucción; o que en nombre de la responsabilidad por los intereses de determinada empresa se han levantado represas, hundido bosques nativos y contaminado aguas, con daños irreversibles desde una perspectiva socioambiental. Sin una sensibilidad en torno a la esencia del sufrimiento humano y el misterio del padecimiento en las especies no humanas difícilmente pueda todo esto llegar a ser evitado, aun cuando existan razones suficientes de sobra para impedirlo. La sensibilidad holística no admite la exclusión parcial del por, propio de la responsabilidad, en detrimento del otro, sino que tienda un puente hacia ella para reivindicar socioambientalmente el pesimismo autocrítico. El antiguo rol de la utopía queda sustituido por el principio del no daño holístico, motivándonos ahora una fantasía conciente de sí misma que se figura cada una de las posibles catástrofes venideras, más allá de este tiempo y espacio, tomando como referente la representación humana del sufrimiento y el misterio del padecimiento en las especies no humanas. Esta ficción regulativa ya no apela a la esperanza de un mundo mejor, sino a la responsabilidad socioambiental que se anticipa sensiblemente y hace frente a lo peor de éste.
No es negativo deshacernos de la consideración del pesimismo como una actitud que acepta o rechaza el curso que han seguido el mundo y las relaciones de dominio, tanto intra como extrahumanas según un determinado tipo de temperamento fruto de una circunstancialidad.
Independientemente de nuestras tendencias políticas no podemos negar la existencia de un mundo que tiene sumido a un continente en el hambre y a casi dos completos en la extrema pobreza; que mantiene el estándar de vida de un hemisferio con la esclavitud actual de ochenta millones de niños del otro hemisferio. Un mundo que desde que la historia es historia institucionalizó el terrorismo y lo peor de nosotros con la creación de las fuerzas armadas, y que ha hecho de sus hitos: guerras mundiales, guerras civiles, genocidios (el exterminio de gran parte de nuestros aborígenes) o en el mejor de los casos, un mundo en el que si no se diezmó a pueblos enteros se los humilló y rebajó hasta el punto en que la historia no les ha permitido volver a levantar la cabeza. Un mundo donde los exilios en masas y los refugiados han abundado por doquier en todos los tiempos y rincones del planeta. Un mundo en que en tiempos de paz no deja de reinar en todo pueblo, en toda etnia, en toda raza: la ira, el odio, la brutalidad, la crueldad innata, la tortura sistemática, la violencia en todo su espectro, el hastío, el clasismo, el racismo, el abandono, la decadencia física y espiritual hasta la muerte, y con ello no sólo las enfermedades físicas que aniquilan rápidamente a pueblos completos, sino aquellas que rebajan lentamente, también en lo espiritual, más allá de lo tolerable: la locura, la demencia senil, la dependencia severa, etcétera. Un mundo cuya cultura ha sido manchada por guerras formales, por el belicismo formal de los críticos, por el afán absolutista de los intelectuales (en su sed de dominio y sometimiento formal) por el narcisismo y la inmadurez exacerbada de los hombres de luces, por el fetichismo del mundo artístico, finalmente por la indiferencia de los concientes y la ingenuidad intencional de todo el resto que no quiere serlo. Un mundo donde el especieísmo, el saqueo, la explotación, y depredación del medio ambiente no ha sido la excepción sino la regla.
La condición actual del ser humano si es realista, si es sensata y sensible, no puede dejar de ser pesimista. Pensar a un optimista simplemente como a una persona que le gusta vivir y se maravilla de la hermosura de la vida y a un pesimista como alguien que constantemente se queja de ella, es una consideración válida, pero absolutamente superficial. El asunto consiste en que el amor a la vida, las ganas de vivir, no implica que esa vida sea necesariamente buena, sólo comporta que se la quiera. Una humanidad ávida de vida que avanza hacia los diez mil millones de seres humanos –renovados todos cada un par de décadas sobre la faz de esta Tierra–, ansiosos todos, o de seguir manteniendo el pródigo estandar de vida de los favorecidos o de elevar el de la gran mayoría del resto, entraña un proceso de ecorreificación, tanto intra como extrahumano, que impide tener una visión optimista de la vida, en consideración del padecimiento holístico.
1 Especieísmo proviene de especie, así como racismo proviene de raza. Se aplica a la creencia que aplica la superioridad de una especie en detrimento del resto. Para una explicación más profunda que hemos elaborado del término, véase el Capítulo 3
2 La palabra reificación proviene del latín res, que significa cosa.
En el libro “SENSIBILIDAD Y RESPONSABILIDAD SOCIOAMBIENTAL. Un ensayo de pesimismo autocrítico”, interpreto los procesos naturales y la degradación de los ecosistemas como consecuencia de lo que nuestra especie ha comprendido como naturaleza. El hombre escribió la historia de la humanidad interpretándola de forma especieísta.1 He denominado “hermenéutica ecorreificadora”2 a este modo de interpretar la naturaleza, ensalzando el rol del hombre histórico que hizo obra contra el ser ecológico y, por consiguiente, contra su propio ser ecológico. Esto ha determinado una gran gama de sistemas, modos de producción y de vida que han dañado de un modo irreversible nuestro entorno, dejando en evidencia nuestra perturbación especieísta en el desarrollo interno de la historia humana.
En el primer capítulo (1. El pensar rememorante sobre la naturaleza) concibo el medio ambiente como la composición biótica y abiótica tanto de la biosfera como de los seres que en ella habitamos. Esta noción no abarca solamente los sistemas de elementos bióticos y abióticos extra-humanos, puesto que al interactuar el Homo sapiens se desenvuelve, adapta, trasforma y utiliza dichos sistemas mediante otros que él ha creado y en los cuales él mismo ha evolucionado y trastornado: sistemas sociales, culturales, económicos, bélicos, tecnológicos, religiosos, estéticos, etc. A dicha perturbación me he referido mediante el término: desnaturalización. Para hacer frente de un modo cabal a la problemática de la desnaturalización consideré ineludible recordar las principales concepciones y modos de comprender la naturaleza en la historia de la filosofía, para entender luego el proceso de ecorreificación del cosmos y la correspondiente responsabilidad y sensibilidad socioambiental por las que abogo producto de esta problemática. (1.1 ¿Univocidad o multiplicidad tras las diversas connotaciones de la naturaleza?, 1.2 Etimología del término, 1.3 Concepciones histórico-filosóficas de la naturaleza, 1.3.1 Época Antigua, 1.3.2 Época Medieval, 1.3.3 Época Moderna)
En el segundo capítulo (2. Hermenéutica ecorreificadora) expongo que si bien es característico de la Época Moderna concebir el cosmos y la naturaleza en términos de materia y movimiento, esa concepción es un proceso que se halla enraizado mucho antes de la Revolución Científica de los siglos XVI y XVII. Luego de haber desarrollado en profundidad esta temática, el lector se encuentra en condiciones de darse cuenta que no es justo lanzar una crítica automática contra Bacon y Descartes como los responsables de la actitud actual del hombre en el siglo XX y XXI sin antes cuestionar y someter a crítica las propias premisas epistémicas. El control del medio ambiente por medios mecánicos es casi tan antiguo como el Homo sapiens, sin embargo, su imperialismo especieísta sobre una naturaleza concebida inferior y fuera de él al nivel de “sabiduría filosófica”, es legado de las nociones técnicas y mecanicistas de la realidad, que nosotros hemos asimilado irreflexivamente y exteriorizado desde nuestro inconsciente hasta los más recónditos confines del planeta. A esto he denominado desnaturalización epistémica (2.1 Desnaturalización epistémica), es decir, a la justificación racional de presionar, arrinconar, cercar y controlar la naturaleza a fin de conocerla, escudriñarla y manejarla tras razones suficientes (2.2 Optimismo versus pesimismo ante el principio de razón suficiente) en beneficio de un grupo reducido de nuestra especie en detrimento del resto. Este modo de concebir la realidad implica una enajenación (2.3 Contaminación de la razón suficiente y medicina mentis) que es posible tratarla si ponemos en suspenso esa racionalidad que rige al sujeto en cuanto hermeneuta ecorreificador. Aquí presento precisamente como remedio una medicina mentis que nos libera de los intereses que imperan tras aquel modo de conocer y entender, actuando como canalizadora entre el mundo que fue reificado y la naturaleza como tal, disociando a través de una nueva comprensión del medio ambiente las relaciones mediadas por conocimientos que acentúan y que propensan la vulnerabilidad del hermeneuta ecorreificador, a quedar oprimido en el mundo tasado únicamente como si fuera depósito de múltiples recursos naturales y humanos dispuestos tanto para su uso como para su beneficio. En este subcapítulo nos valemos de reflexiones heideggerianas al respecto, para introducirnos en el siguiente apartado (2.4 La naturaleza, la técnica y el pensamiento avalórico en Heidegger) y así responder a preguntas tales como: ¿Es necesariamente sinónimo de indiferencia e insensibilidad legitimar la exclusión de lo valorativo tanto de la filosofía como de la ciencia? ¿Qué puede llevar a buscar dicha neutralidad axiológica, y qué consecuencias trae? Interrogantes altamente problemáticas desde la perspectiva de quienes rechazan que la ciencia moderna esté basada en una distinción marcada entre hecho y valor, limitándose únicamente a señalar cómo hacer algo, pero no qué hacer o si debiéramos hacerlo o no, hecho que no resulta ser independiente de los procesos de deshumanización y despersonalización a los que puede conducir el afirmar la neutralidad axiológica de la ciencia y sus resultados. Estas interrogantes nos adentrarán en una reflexión comparada entre Heidegger y Jonas (2.5 El principio de responsabilidad en Jonas) La crítica de Jonas contra Heidegger (2.6 Nazismo y sionismo. Reflexiones en torno al racismo como preludio del especieísmo) cierra este segundo capítulo y deja de manifiesto que formular una crítica teórica contra los prejuicios de raza o especie es una cosa, y ser consecuente frente a ello es otra cosa. Esto último implica una crítica dirigida a los propios hábitos adquiridos, es decir, una autocrítica en cuanto uno puede actuar responsablemente para salvaguardar los intereses y el bienestar de un grupo a costa de una exacerbada discriminación y, por consiguiente, padecimiento de otro. De ahí el rol fundamental de la sensibilidad socioambiental en torno a la esencia del sufrimiento humano y el misterio del padecimiento en las especies no humanas.
Hasta ahora el uso explícito del término especieísmo ha sido empleado únicamente en relación a los animales no humanos. En aras de compensar este lamentable hecho abogué por un extensionismo antiespecieísta. (3. Por un extensionismo antiespecieísta) Mediante esta expresión propugno la concepción de que cada especie constituye un todo distinto de la suma de quienes la compongan sin negar toda posibilidad de sufrimiento y padecimiento holístico en el resto de las especies. (3.1 ¿Indicios de especieísmo pre-histórico?) Se plantea la cuestión si se habría incurrido en lo sustancial en un especieísmo por parte del Homo habilis en caso de que éste haya incidido en la extinción de los Australopithecus. (3.2 Orígenes del término y especieísmo animal en laboratorios) Reflexiono sobre el contexto histórico-científico en el cual surgió el término y como éste influyó posteriormente en el modo de tematizarlo (3.3 Popularización del término y variantes de especieísmo animal) Refutamos a su vez con sólidos argumentos la tesis de que los animales no sufren, lo cual está críticamente relacionado con el apartado siguiente (3.4 Teleología de la vida y especieísmo) donde expongo la problemática de radicalizar, santificando el límite del derecho a la vida humana, hasta el punto de establecer una diferencia sustancial entre los humanos y los no humanos sin permitir que se haga ninguna dentro de nuestra especie. En el apartado siguiente (3.5 Especieísmo vegetal) se aboga por la protección de las especies vegetales como un valor intrínseco de toda Ecoética en cuanto su protección es saludable para todo el universo sintiente. Hoy en día existe una gran manipulación del prefijo “bio” por parte de las élites y las fuerzas productivas para hacer creer que su uso denota siempre una cosa buena, armoniosa con la naturaleza, políticamente correcta y limpia, acorde a las crisis ambientales propias del siglo XXI. (3.5.1 Bioespecieísmo y agrocombustibles). En aras de hacer frente a tal manipulación ideológica aludo a la confusión que suscita, por ejemplo, el término “bio”combustibles para dejar en evidencia que el fomento de los agrocombustibles proviene de la disminución de fuentes destinadas para la alimentación, lo que generará niveles de hambruna y, por consiguiente, de mortalidad nunca antes vistos. Otro ejemplo que doy de bioespecieísmo (3.5.2 El caso del Alto Bio Bio en Chile) es la utilización de energías renovables que son destructivas para el entorno natural y la cultura local.
La austeridad como humildad materializada y el pesimismo autocrítico forman parte de posturas loables –que fundamento a lo largo del libro y específicamente en el cuarto capítulo– para hacer frente a la correspondiente desnaturalización y despersonalización tanto personal como colectiva a nivel de intra y extra-especie, formando parte a su vez de aquel recuerdo originario que no olvida, sino que se hace cargo de esta problemática. (4. La reivindicación socioambiental del recuerdo pesimista) En oposición al olvido optimista el recuerdo originario ayuda a sentir con (de ahí el término com-pasión) enfatizo a sentir con aquellos para quienes el dolor no ha sido lo circunstancial ni lo accidental, sino lo esencial. Presento una interpretación socioambiental del mito de Sísifo en sentido alegórico (4.1 El salario o afán de lucro de Sísifo) para referirme en sentido estricto tanto a la tragedia de las desigualdades sociales como a la ansiedad de consumir para seguir escalando. Nuestro intento de sondear el optimismo erróneo que motiva a las dos grandes cosmovisiones económicas concebidas en la modernidad –marxismo y capitalismo– tiene en vista la sustitución de aquel motor o causa por un pesimismo austero y autocrítico que sirva de resistencia y prevención ante la catástrofe global inminente y que no persiga más sociedades de la abundancia sino de la carencia. (4.2 Dos variantes erróneas de optimismo: el éxito capitalista y la utopía marxista, 4.3 Valores socioambientales de modos de vida no consumistas) Los aspectos problemáticos concernientes tanto a la noción de utopía marxista como a la del éxito capitalista, revelan una connivencia optimista, superficial e ilusoria con respecto a la representación de problemáticas socioambientales futuras, y el peligro que procede tanto de ellas como de las desmesuradas proporciones de la civilización científico-técnico-industrial. Si bien nos reconocemos deudores de la ética jonasiana en nuestro proceder contra el ideal del progreso y en favor del cuidado por las generaciones futuras, dimensionamos el peligro que trae consigo sostener no sólo que una disciplina social tremendamente rígida e impuesta políticamente es capaz de efectuar la subordinación de la ventaja presente a largo plazo del futuro, sino ante todo aunar también esta sentencia con una interpretación limitada y extremista de la heurística del temor, lo cual podría lamentablemente legitimar en un futuro no muy lejano la instauración de un despiadado ecofascismo. (4.4 Austeridad impuesta y ecofascismo, 4.5 Heurística del temor en Jonas) La heurística del temor es un medio para hacer frente a las catástrofes ecológicas venideras que amenazan la existencia de la humanidad. No se trata de un miedo que paraliza o que nos cierra, sino de un temor representado que nos obliga a ser conscientes de la responsabilidad de nuestros actos. Por el hecho de que podemos destruir el planeta, debemos hacernos responsables de la posibilidad de ese malum. Jonas afirma que, frente a la situación actual donde el máximo poder técnico y la máxima capacidad de acción van aparejados con el máximo vacío ético y con el mínimo saber, el miedo puede ser el mejor sustituto de la antigua utopía impulsada por la esperanza. A ello denomina heurística del temor, que desde la filosofía moral debería “consultar antes a nuestros temores que a nuestros deseos”. Nosotros condenamos una austeridad impuesta mediante un régimen que haga uso del temor como arma, y el libro completo es un llamado a prevenir el peor de los regímenes (por ejemplo, un ecofascismo) mediante la sensibilidad socioambiental, la no violencia y el principio del no daño holístico. La protección del medio ambiente exige la valoración de sacrificios y renuncias altruistas mayores en lo personal, sensibles a la posibilidad del padecimiento holístico (4.6 Austeridad como fin y bien en sí) antes que estar regulada y dirigida de un modo exclusivo por políticas públicas.
El capítulo quinto (5. Extensionismo cósmico del padecimiento representado) es a mi parecer uno de los más contundentes del libro, sirviendo de conclusión del mismo. Manifestarse en contra de la ecorreificación del cosmos no implica afirmar, por ejemplo, que dentro de las rocas existan espíritus, sino tan sólo que mi relación con el medio ambiente natural no es la de un intelecto inmaterial que se confronta con objetos materiales inertes que no influyen en un sentir o padecer mayor. El medio ambiente natural es precisamente la relación que establezco con él. Análogamente a la fusión sujeto-objeto de la mecánica cuántica, también lo es la inclusión mediante la responsabilidad y sensibilidad del conocedor en lo conocido para tener una visión holística de la naturaleza como medio ambiente natural. Así el estudio de la naturaleza es a su vez el estudio de nosotros mismos, pero este sí mismo no está solo “dentro” de uno, sino que forma parte de una relación mayor. La naturaleza es comprensible mediante nuestra relación con ella. Si actúo de tal forma no puedo llegar a comprenderla de un modo distinto aunque me afane en ello. La mente y el cuerpo, lo interno y lo externo, sujeto y objeto, son aspectos de un mismo proceso. Las totalidades son capaces de sufrir un padecimiento que las partes no necesariamente padecen. En este capítulo propongo además una nueva concepción de la salud mucho más amplia que la tradicional. (5.1 Salud socioambiental intra y extra-humana, 5.2 La salud como recuperación medicalizada de la enfermedad, 5.3 Cuba: un modelo holístico de salud socioambiental, 5.4 Anhelos adversos de estados “pseudo” holísticos, 5.5 De la experiencia fáctica a la vivencia holística del padecimiento representado) Hoy en día, el vacío espiritual que resulta de nuestra razón suficiente y la carencia de una conciencia holística, aparece sintomatizada en toda clase de trastornos analizados en términos psiquiátricos: alcoholismo, dependencia a ciertas sustancias, depresión bipolar, esquizofrenia, etc. La hermenéutica ecorreificadora se caracteriza por su hostilidad hacia el ambiente y por reprimir tanto el cuerpo como el inconsciente. Muchos de los estados que se vivencian en los casos que he mencionado son un anhelo vivo y perdido de superar la dualidad del hombre con la naturaleza mediante un estado holístico armónico con ella. Ellos han sido quizás más sensibles al daño antropogénico, padeciendo severa y patológicamente de un modo holístico la problemática de la desnaturalización y despersonalización, aunque hasta hoy haya sido esto únicamente interpretado en términos psiquiátricos. Así planteadas las cosas todos podemos ser responsables de haber desencadenado alguno de los estados en los casos mencionados, y por ello proponemos una nueva sensibilidad holística (5.5). El libro concluye (5.6 Pacifismo y pesimismo autocrítico. Hacia un desarme de la crítica bélica) corroborando el sentido y el significado del subtítulo.
Sandra Baquedano Jer
1 Especieísmo proviene de especie, así como racismo proviene de raza. Se aplica a la creencia que aplica la superioridad de una especie en detrimento del resto. Para una explicación más profunda que hemos elaborado del término, véase el Capítulo 3
2 La palabra reificación proviene del latín res, que significa cosa.