
En el nombre del hijo Autora: Lourdes Pasalodos Díaz
ISBN: 978-959-7071-56-3
Págs: 160
Tamaño: 14 x 21 cm
Tirada: 1790 ejs.
Año: 2009
Edición: María Cristina Eduardo Vázquez
Diseño de cubierta: Raúl Martínez Hernández
Realización y diagramación: Carlos F. Melián López
Impresión: Ediciones Caribe
| Palabras de presentación del Libro [Ana Rosa Padrón] |
| La memoria es un armario [Dra. Teresa Díaz Canals] |
| Viaje a la semilla de la ausencia paterna [Raquel Sierra] |
Prólogo [Dr. Julio César González Pagés] |
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Primera parte. Testimonios
Segunda parte. La familia cubana: algunas nociones
Tercera parte. Papel de hombre
Cuarta parte. La ética del cuidado
Quinta parte. Final abierto Anexos
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Palabras pronunciadas por Ana Rosa Padrón Echevarria, profesora de la Universidad Pedagógica Enrique José Varona de La Habana, el martes 16 de febrero de 2010 en la Sala Carlos J. Finlay (2:30 pm) en San Carlos de La Cabaña, La Habana, en ocasión de la presentación del libro en el marco de la 19a Feria Internacional del Libro Cuba 2010.
(…) no deben publicarse sino los libros briosos y activos, que fortifican y abren paso: (…), escribió José Martí.
Puedo decir que el libro”En el nombre del hijo”, de la autora LOURDES PASALODOS DÍAZ, se ha abierto paso entre quienes nos dedicamos al complejo pero apasionante tema de la familia en sus múltiples aristas.
Durante su lectura, se abrieron paso en mí, una combinación de estados emocionales que fluían intensamente a medida que avanzaba. No pude evitar hacer pequeños altos, pensar y proseguir, degustando las diversas historias matizadas por las verdades de quienes las vivieron, sintieron y dieron cuerpo mediante sus testimonios, salidos de esa realidad que solo es permitida contar y compartir por sus protagonistas.
La autora, toca un asunto complejo, pero también necesario por su sensibilidad, como es el rol de padre, rompiendo con los vaticinios de que “padre es cualquiera”. El padre es y será siempre una figura insustituible en la vida de hijos e hijas.
El tema es sensible a una labor social. Si no lo desvestimos como lo logró en esta obra Lourdes, ¿cómo cambiar lo desagradable en agradable?, ¿lo frío en cálido?
Decía nuestro apóstol, (…) se disfruta de un libro que sin ofender la razón calienta el alma, (…)
Con particular estilo sus páginas y tópicos revelan que cada palabra, expresión o acto de un padre a sus hijos, es un mensaje que queda grabado no en el aire, queda grabado en el corazón de los infantes, bien como flores, bien como espinas.
Lo que no sabe la autora que ya yo hice una presentación de su libro en un espacio privilegiado para el diálogo: Con mis estudiantes de la UCPEJV, donde imparto el taller: orientación para la educación familiar.
Casi tengo la certeza de que los jóvenes allí reunidos quedaron atrapados para salir en su búsqueda, y eso lo logró ella.
A propósito, vienen a mi mente unas bellas palabras de nuestro José Martí. ”Qué sanos libros, esos que escribe el alma”.
Respeto y admiro la entrega de su contraseña para que los lectores entren en su obra, la sientan y hagan de ella, no un dogma, sino un himno perenne que los guíe en el camino, no hacia el vacío, sino hacia el amor de quienes son o serán padres.
Gracias Lourdes por este libro.
Agradezco a ti y a TERESITA DÍAZ CANALS por regalarme tan hermosa oportunidad.
MUCHAS GRACIAS…
Ana Rosa Padrón Echevarria
Palabras de la Dra. Teresa Díaz Canals en la presentación del libro En el nombre del hijo de Lourdes Pasalodos Díaz, en el Palacio de las Convenciones en el marco del V Congreso Cubano de Educación, Orientación y Terapia Sexual, el 21 de enero de 2010
…acaba de abrirse otra dimensión: la dimensión de intimidad
Gaston Bachelard, La poética del espacio
Nuestra infancia espera largo tiempo antes de ser integrada a nuestra vida. Ella posee tantas fuentes que sería vano encontrar su historia. En palabras de un poeta: Tantas y tantas historias tengo/ Que contándolas me perdería en ellas.
El libro de la periodista Lourdes Pasalodos Díaz, En el nombre del hijo me obliga a pensar que lo que nos resulta insensato en el pasado, es ahora un eterno presente, una profunda verdad. Debo confesar algo que ni ella misma sabe. Resulta que la también editora fue mención con el texto que hoy presentamos, en el Concurso de Ética que cada año convoca el Centro Félix Varela. Cuando se decidió en la institución su publicación, casi automáticamente la directora y el jefe de publicaciones lo colocaron de manera automática en el presupuesto del proyecto de género que en ese momento se ejecutaba. Algunas veces dudé de la pertinencia de este texto, exponente de testimonios sobre ausencias y soledades. Incluso manifesté ciertas dudas acerca de la inclusión o no del libro en algo que para mí en ese entonces debía tener el sello inconfundible de “otra mirada”. Solo la insistencia de la autora, el interés por presentar una parte de la vida de un ser muy especial para ella, triunfó sobre mi tibieza.
Con otras claridades, pude entender la posibilidad de albergar desde el punto de vista del feminismo una vocación por la diversidad, por lo otro en su sentido más amplio. En una expresión de Celia Amorós, la especialista española dice lo siguiente: El discurso ético feminista o se universaliza o se pudre . Comprendí entonces que este análisis me demostraba que los dedicados a las ciencias sociales muchas veces aprehendemos la verdad como algo que debe ser conquistado, tomado, apropiado y no como algo con lo que deberíamos establecer una relación, una escucha, un trabajo de alteridad . El feminismo en tanto institución puede entonces llegar a suplantar la palabra y las exigencias de muchas personas. Es importante que entendamos de una vez, como la oposición dual hombre/mujer, esa construcción que hacemos de los sexos es desmontado por lo femenino, porque se refiere no a una práctica sexual, sino más bien a una determinada relación con el mundo, a un modo de concebirlo, a una manera distinta de estar-en-él. Fue Jacques Derrida quien calificó su propio pensamiento como femenino, sabía que asumir esta postura, significaba liberar a la verdad de la ambición del todo, cuya esencia es decir varias cosas a la vez.
Más allá de todo este análisis un tanto abstracto, de este reflexionar a la manera heideggeriana que me induce a aprender el pensamiento en tanto que atienda aquello que es digno de ser pensado, lo cierto es que este libro puede convertirse en un camino que “dé que pensar.”
Ahora recuerdo que una vez la amiga sexóloga y periodista de la Revista Mujeres,Aloyma Ravelo, pasó por el barrio donde vivo en un ómnibus e inmediatamente me llamó riéndose. Ahora sé por qué puedes escribir esos libros, de donde sacas los ejemplos. Efectivamente, ahí lo mismo puedo despertarme a las 3:00 a.m. por los gritos de un vecino preguntándole por más de media hora al padre: ¿Pipo, dónde está el azúcar prieta?, como puedo escuchar casi a diario y por más de una década, las agresiones, a menudo verbales, pero terribles, que una madre puede decirle a una hija. Ante tal hostilidad, pienso en el árbol tranquilo poseedor de la virtud apaciguante de Virginia Woolf en su novela Orlando. Allí recostada me inclino a pensar en el granito de Goethe como ensueño petrificante y escudo de injurias, golpes y abandonos.
Durante muchos años pensamos que la lucha por la justicia social y el cambio de una nación no incluía las pequeñas menudencias de las que se compone la vida de la gente, las cuales se mantienen muchas veces en el ámbito de lo estrictamente doméstico. Hace ya un tiempo la Federación de Mujeres Cubanas alertaba después de una investigación, de la cantidad de padres en el país que no cumplían con el pago de las pensiones a sus hijos después del divorcio.
Con mucha inteligencia y profesionalidad Pasalodos estuvo consciente que el verdadero armario no es un mueble cotidiano, no se abre todos los días, que la llave de la mayoría de los testimoniantes no la tuvo en la puerta. Sin embargo, en el pequeño libro Lourdes lo recogió todo, pues sabe muy bien que las palabras obligan, pero al mismo tiempo logró un desbordamiento, mucho más de lo que ellas pudieron decir, nos abrió el armario de la memoria de algunas personas, entre ellas la de mi propio hijo.
Le agradezco mucho al CENESEX y a su Directora Mariela Castro esta invitación para estar-aquí, agradezco a la amiga Lourdes por el armario que abrió, por la lupa que acaba de entregarnos para ver otra realidad, a ustedes por prestar atención y prestar atención ¿no es ver ya con una lupa? La atención por sí misma es un vidrio de aumento.
Muchas Gracias
Celia Amorós: Hacia una crítica de la razón patriarcal, Celia Amorós, Anthropos Editorial del hombre, Barcelona, 1985.
Véase Praxis de la diferencia Liberación y libertad François Collin, Icaria editorial s.a., Barcelona, 2006, p. 70.
Nota que publicó SEMlac (Servicio de noticias de la Mujer de Latinoamérica y el Caribe) sobre del libro.
Por Raquel Sierra
Las cicatrices por la ausencia de la figura paterna, cuyas huellas marcan desde la infancia y llegan hasta la adultez, narradas desde el sentimiento y el sentido común, llenan páginas del libro En el nombre del hijo, de Lourdes Pasalodos. Luego de un salto del periodismo a la edición, esta periodista de alma transita a la literatura y pone, en manos de lectoras y lectores su primer libro, "una especie de Aché (suerte) que se abre camino por sí solo", dice, pese a la complejidad e intimidad del tema.
Uno tras otro transcurren los testimonios: algunos firmados, unos con iniciales o nada. En todos se delatan las rupturas y el dolor. Unos hablan del padre que nunca conocieron; otros, de cómo fueron abandonados a mitad del camino. Los recuerdos denotan a veces odio, añoranza, resentimiento y hasta desconfianza en el cariño.
Según la autora, quien se declara ecuménica y vota a dos manos por el mejoramiento humano, por cada testimonio una persona declinó responder y más de uno confesó que no quería revivir el dolor pasado.
El volumen, bajo el sello editorial Acuario, del Centro Félix Varela, fue presentado primero en enero pasado durante el V Congreso cubano de Educación, Orientación y Terapia sexual, y más recientemente, la pasada semana, en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Su génesis pasa también por la vida de su autora.
"Hubo un momento en mi pasado reciente en que un nuevo miembro de mi familia podía haber corrido el riesgo de crecer sin la anuencia y el amor de su papá. Colocada en el lugar de la criatura, que ni siquiera había llegado al mundo, esto me produjo un inmenso dolor", cuenta a SEMlac.
Entonces, sintió "la necesidad de hacer algo, ya no por esa persona en embrión, sino por la infancia toda, y decidí escribir el libro. El detonante me condujo a un sinnúmero de preguntas a mí misma y, de esa manera, fue armándose en mi cabeza el contenido y la forma, lo que quería decir y cómo".
Para ello, Pasalodos contaba con una cantidad de reflexiones sobre el tema archivadas en su memoria. "Los asuntos vinculados con las relaciones humanas siempre han sido de mi interés, de manera que había un sustrato compuesto por búsquedas, intercambios y lecturas", además del ejercicio del criterio sobre el tema en los inicios de su desempeño como periodista en el diario Juventud Rebelde.
Para Lourdes, "el tema familia fue subsumido, como tantos otros, por el llamado período especial", la crisis económica iniciada en la isla en los inicios de la década de los noventa. "Pero debe ser retomado en Cuba con urgencia", agrega. "Si la familia es la célula base, y está enferma, el tejido social se corrompe en perjuicio de cubanas y cubanos de hoy y de mañana".
El prólogo del historiador Julio César González Pagés, profesor de la Universidad de La Habana y estudioso del tema de las masculinidades, señala que "la cuestión de definir la paternidad se vincula con redefinir los papeles de los géneros y las relaciones".
La ausencia paterna, sus causas, repercusiones para toda la familia y su vinculación con el machismo son analizados desde la perspectiva del entendimiento y la sensibilidad, enfocada en muchos destinatarios.
"Escribí pensando en los hombres y en las mujeres reproductoras de los patrones de la cultura patriarcal hegemónica. Para mí la distancia más corta para lograr la equidad de género es la profundización en los temas inherentes a la masculinidad", explica Lourdes Pasalodos.
A su vez, aclara: "con ello no menoscabo los estudios y conquistas producidos por el feminismo y su enorme valor histórico. Las mujeres y los hombres, aun en el mejor de los casos, vivimos en una situación conflictiva, no pocas veces de lucha por el poder. Los expertos en mediación y solución de conflictos afirman que estos deben encararse de modo tal que todos ganen", reflexiona.
"El padre es una figura importantísima en la vida de la descendencia. La sociedad, machismo mediante, privilegia la maternidad; tanto, que eso son en primerísimo lugar las mujeres: madres. Y muchas de ellas tienen una profunda proyección machista, reproducen el patrón", incluso "algunas que se llaman feministas", agrega la escritora..
"De lo que se trata ahora es de mostrarles a los hombres, desde la masculinidad, que son victimarios y víctimas del machismo. Y que se pierden un montón de vivencias gratificantes, entre ellas la atención afectiva de sus hijos. Pienso que, o actuamos 'con todos y para el bien de todos' o avanzaremos poco y demasiado lentamente", sostuvo la escritora a SEMlac.
"Si hoy en Cuba la paternidad no es más responsable, no es solo una consecuencia de la actitud de un buen número de hombres. La política y los medios aún reflejan al padre como al segundón que, además, es el decisor por excelencia en el seno de la familia nuclear".
En su libro, Pasalodos señala que "los hombres debían proclamar por sí mismos su emancipación", pues ellos "tienen mucho que aprender y numerosos deberes y derechos que ganar".
Y agrega que "la primera aspiración de las mujeres con espíritu liberador debía ser no reproducir los patrones machistas en la educación de los hijos. Criamos hijos machistas y después luchamos por la equidad y contra la segunda jornada. Por ahí hay un primer problema a tener en cuenta. Esta batalla comienza por y desde nosotras en casa".
En el nombre del hijo aborda también la ética del cuidado, en una entrevista al profesor de Psicología clínica y Psicoterapia infantil de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, Miguel Ángel Roca, e incluye la Convención sobre los derechos del niño, adoptada por la Organización de Naciones Unidas en 1989.
Para el profesor González Pagés, "el desafío que nos propone En el nombre del hijo es imposible de obviar por necesario, audaz y comprometido".
Uno de los capítulos del libro aborda las definiciones de familia y las relaciones intrafamiliares en dos documentos legales de la nación caribeña: la Constitución y el Código de Familia, adoptados en 1976 y 1975, respectivamente, y que ya han sido superados por el tiempo y la propia vida.
"Más temprano que tarde, Cuba deberá recontextualizar el capítulo Familia de la Constitución de la República y el Código de Familia; ambos han caducado para bien", señala Pasalodos.
"La sociedad no solo ha avanzado, además se ha complejizado. Hay un número importante de asuntos esenciales que no existían en los años setenta, cuando fueron promulgados esos documentos jurídicos. Han ocurrido avances y retrocesos. Y aunque los problemas no se solucionan por decreto, las bases jurídicas desempeñan un papel de no poca importancia", alerta la periodista.
La paternidad muchas veces es reflejo de las expectativas sociales y culturales de lo que representa ser padre. Tanto las percepciones de los hombres como las de las mujeres se hallan entrañablemente ligadas, aun sin ser idénticas, a las de la masculinidad. Los modelos de paternidad son producto de las relaciones de género, de familia, las sociales, amén de las situaciones económicas.
Los mismos hombres regularmente pueden mostrar diversos contrastes en su conducta hacia los hijos. En algunos ejemplos se ven hombres que cuidan y quieren a los hijos con quienes conviven a la vez que descuidan y hasta rechazan a los que han tenido con otras mujeres, concebidos en matrimonios previos o en relaciones casuales.
Al definir el modelo hegemónico de masculinidad, el padre se caracteriza por proveer sustento económico, por ser autoritario, una persona fuerte, de emociones reprimidas, racional. Es evidente que esta definición se edifica frecuentemente en contraste con un paradigma paralelo y complementario de la maternidad: que brinda sustento emotivo, que escucha de manera comprensiva; un ser suave, cariñoso, irracional.
Por lo tanto, la cuestión de definir la paternidad se vincula con redefinir los papeles de los géneros y las relaciones. Hay quienes creen que los modelos existentes de paternidad y maternidad deben ser desconstruidos para alcanzar relaciones más saludables y más factibles entre padre e hijo.
La amenaza de la obligación financiera sigue siendo un factor prominente para el hombre al decidir si emplear o no métodos anticonceptivos. En consecuencia, a menudo los hombres no asumen responsabilidad (financiera u otra) por hijos que son fruto de relaciones casuales, aun cuando presuman de la existencia de estos como prueba de su masculinidad.
En casi todas las culturas, el padre tiene que ganarse el pan de la familia. Fracasar o ser incapaz de cumplir este deber, puede ser una fuente de humillación, de la que se derivan violencia y (o) abandono. Si él es la principal fuente de sustento financiero, dispone de un enorme poder sobre sus hijos y la toma de decisiones dentro de la familia.
En Cuba se han realizado disímiles acciones para revertir los modelos de paternidad hegemónicos, que van desde leyes y decretos, hasta programas de educación alternativos. Por eso es muy importante el aporte que pueden brindar a estos esfuerzos textos como En el nombre del hijo de Lourdes Pasalodos Díaz.
La autora nos permite un recorrido, en cinco partes, sobre la experiencia de la paternidad irresponsable, desde su propia familia hasta los testimonios de hombres y mujeres que, como Julio Antonio alegan: «siempre he odiado a mi papá tanto físicamente como en su personalidad». Las vivencias de estas personas se convierten en muchos casos en punto de referencias de nuestras propias vidas o las de nuestra familia.
Otras cuestiones emergen con fuerza como el Código de Familia, la ética, los derechos de los niños y las niñas, la Constitución, y los desafíos que tiene la sociedad cubana para enfrentar temas contemporáneos. La autora establece un diálogo comentado con especialistas de diferentes temas para dejarnos un final abierto que aliente nuestras propias reflexiones.
El desafío que nos propone En el nombre del hijo es imposible de obviar por necesario, audaz y comprometido.
Julio César González Pagés
La Habana, enero de 2009
A todas luces puede percibirse cómo la sociedad cubana –signada por la cultura patriarcal– no confiere igual relevancia al papel de las madres y de los padres en la responsabilidad y la educación de los hijos.
Pensar en esa diferencia –con particular énfasis en el rol masculino– y reflexionar en «alta voz» es el propósito de este libro basado, esencialmente, en historias sobre las licencias que se permiten algunos hombres –testimonios de personas de diferentes edades y géneros sobre las actitudes irresponsables de sus padres, a las que sumo mis propias experiencias positivas de vida–, el análisis de artículos puntuales de dos cuerpos jurídicos como la Constitución de la República y el Código de Familia. Y de colofón –dos anexos– la entrevista al profesor de Psicología clínica y Psicoterapia infantil, Miguel Ángel Roca y la Convención sobre los Derechos del Niño.
«Actitudes irresponsables» es un tema demasiado amplio, que incluye, por ejemplo, al padre violento o alcohólico o jugador o mujeriego…, conviva o no con sus hijos. Solo se trata, en este caso, de los padres que no asumen –afectiva y económicamente– a los hijos, pues los abandonan y desatienden tras un nacimiento indeseado o la separación de la pareja. Queda implícita una arista no menos sensible, la de quienes cohabitan, pero se desentienden y le dejan toda la responsabilidad a la madre.
Algunos lectores pudieran pensar que les voy a achacar los problemas a los hombres como si las mujeres no los provocaran también; sin embargo, estas páginas intentan un acercamiento al tema de la necesidad de la figura paterna en la vida de las personas, en su papel insustituible, y el saldo traumático ante esa ausencia.
Parte importante de la realización de los hombres y las mujeres pasa por la experiencia maravillosa de ser, respectivamente, padres y madres. Un hijo es un ser humano. Vive, aquí y ahora, y merece como mínimo el amor y los cuidados de quienes lo trajeron al mundo.
Es tan obvio escribir lo que estoy escribiendo, y sin embargo, como me dijo una de las personas que ofrece su testimonio en este libro, «la historia se repite eternamente». Hoy en Cuba, país con innegables avances sociales, hay una gran cantidad de hombres sin la menor conciencia de su responsabilidad como padres.
Tenemos dos opciones: nos cruzamos de brazos o hacemos algo. El tema es de absoluta pertinencia, como mínimo para advertir:
Ojo: cuídese de hacer niños no deseados que no va a asumir, no todos van a parar al cesto de una sala de abortos: son seres humanos y una buena parte de lo que serán sus vidas dependerá en gran medida de usted.
Este libro está dirigido de manera especial a los hombres –jóvenes y maduros, con hijos o inclusive sin ellos–, se remite a las mujeres, quienes ejercen una gran influencia en los hijos y están llamadas a inculcarles sentimientos y valores desde que nacen. También es para las parejas de homosexuales y lesbianas1 que quieren tener descendencia adoptada o mediante reproducción asistida y luchan por el ejercicio de ese y otros derechos. No olvidemos, en cualquier caso, que la realización de un deseo íntimo y humanamente comprensible, no debe perjudicar el sano desarrollo de quien no eligió su familia ni decidió su nacimiento.
Estas páginas no están escritas sobre la base de la metodología, el estudio de casos y las estadísticas, sino desde el sentimiento y el sentido común; no son por ello ni mejores ni peores, se trata simplemente de la elección de un enfoque: no soy psicóloga ni socióloga; trato, no obstante, de apegarme a la ciencia.
Quienes ofrecen su testimonio han hecho un enorme esfuerzo emocional para contar sus experiencias; ello supuso remover y escribir por primera vez recuerdos que hubieran preferido olvidar, y ese ejercicio tiene un gran valor. Por cada testimoniante, uno potencial declinó; algunos argumentaron que no querían revivir el dolor y a otros los vi ensombrecerse en silencio de desdicha.
No siempre podrá hallarse aquí la expresión mejor desde el punto de vista literario, pero el propósito no es hacer literatura, sino contar realidades vividas para movilizar conciencias. El lector sabrá interpretar, armarse el cuadro y, sobre todo, pensar, comparar estas historias con su experiencia de vida, positiva o no, con lo que observa a su alrededor.
He tratado de usar formas incluyentes, siempre que no perjudicaron la limpieza de lo dicho; de ahí que no falten los tradicionales genéricos masculinos de nuestro idioma.
Este libro no tiene conclusiones, propone un tema y (se) hace preguntas; quiere provocar interés en el asunto y sugerir el replanteo de un debate que –como otros– ha sido postergado en nuestro país, donde la vida va por un lado y los estudios no siempre inciden en el diseño de las políticas.
¿Qué factores contribuyen a que un hombre no asuma una paternidad responsable? Sin duda, varios, y algunos de ellos con más o menos peso en cada caso. Pienso que hay dos que pudieran estar entre los más importantes: la menor jerarquía que se otorga todavía en Cuba a la figura paterna y una historia de vida en la que el padre no desempeñó su papel de manera adecuada. El ejemplo individual es fundamental, pero solo –sin que medien la debida condición social de los padres y la educación consciente– puede ser frágil, a veces demasiado frágil, y no tiene la misma fuerza que cuando se acompaña de la voluntad colectiva, el acto de pensar, dialogar y construir, en principio, desde la familia.
Por lo general, los padres y las madres –al menos en Cuba– suelen estar muy preocupados y ocupados por la orientación sexual de los hijos, y les dicen a los varones: «los hombres no lloran», «los hombres no se lamentan», «los hombres son fuertes», «mientras más novias tengas, mejor»…
¿Cuántas les hablan a los hijos de su futuro rol como padres? ¿Qué patrón les ofrecen?.
1 Vivimos en una sociedad heterosexista y este libro está enfocado en la perspectiva de las tradicionales y mayoritarias parejas formadas por un hombre y una mujer, pero hoy día no se debe desconocer que la existencia y legitimación de uniones de homosexuales y lesbianas, nos puede conducir a la validación de su derecho a la paternidad y la maternidad, debate emprendido con fuerza en otros países, que comienza a darse tímidamente en Cuba. En lo personal comprendo el noble y humano sentimiento, tengo dudas, no obstante, respecto a cómo podría asimilarlo la sociedad cubana de hoy. Subrayo «heterosexista» porque es término no aprobado en nuestra lengua.