
El sexo de los ángelesAutora: Isabel Moya Richard
ISBN: 978-959-7071-67-9
Págs: 120
Tamaño: 14 x 21 cm
Tirada: 2000
Año: 2010
Edición y corrección: Waldo González López
Obra plástica de portada: Juan Carlos García Marrero
Cubierta, diseño y composición: Danay Hernández
Este libro tuvo una presentación nacional en la actividad el sábado del libro que organiza el Instituto Cubano del Libro el 18 de septiembre de 2010. Al respecto huvo repercusión en la prensa:
El género invisible por Luis Hernández Serrano (Juventud rebelde, 01-10-2010)
¿Cuál es el sexo de los ángeles? por Luis Hernández Serrano (Juventud rebelde, 01-09-2010)
| A manera de lead |
| Raros instantes, Teresa Díaz Canals |
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Del azogue y los espejos Voces secuestradas Ese cuerpo orlado de bellezas Lo gay también vende Internet, el «voyeurismo» en los medios y los estereotipos de género Sobre una gorda sin sentimientos, la devoradora felina y otras especies Bibliografía |
Después de debates que han atravesado varios milenios, existe cierto consenso acerca de la naturaleza andrógina de los ángeles. Sin embargo, esa supuesta neutralidad se suele representar en masculino desde el lenguaje y las expresiones iconográficas. A pesar de que algunos, como Mario Benedetti, afirman que «una de las más lamentables carencias de información que han padecido los hombres y las mujeres de todas las épocas se relaciona con el sexo de los ángeles», la mayoría piensa que es un debate estéril. La expresión «discusiones bizantinas» utilizada para tipificar disquisiciones que no conducen a ninguna parte, nació precisamente el en el antiguo Bizancio, donde los cristianos del Oriente examinaron una y otra vez este asunto.
La descalificación del tema, evidencia uno de los sustentos ideológicos de la cultura judeocristiana: la separación artificial entre cuerpo y alma, entre espíritu y sexo, entre la sublime luminosidad de la incorporeidad y la oscura suciedad que presupone el deseo de un cuerpo sexuado.
No es mi interés detenerme en el aspecto teológico del asunto; lo tomo sólo como una referencia para reflexionar sobre la elaboración de los mitos que acerca de lo masculino, y lo femenino, el cuerpo, y la sexualidad —lo que hoy llamamos las construcciones de género— se han erigido a lo largo de la historia humana y han gravitado sobre el presente con una carga insospechada que llega, incluso, a «naturalizar» asignaciones culturales.
A finales del segundo milenio, a los elementos socializadores más tradicionales de las representaciones simbólicas: la familia, la religión y la escuela, se sumaron, en una dimensión aún desconocida, los medios de comunicación de masas. Son los relatos mediáticos, importantes conformadores de los mitos de nuestros días.
Los medios han devenido un ámbito donde se da sentido a la realidad vivida o pensada y, a su vez, conforman el sentido de esa realidad. Se constituyen en el escenario por excelencia para la puesta en escena del mundo «políticamente correcto». Moscovici ha afirmado que las representaciones sociales en nuestras sociedades, —entre las que se incluyen las mediáticas—, se corresponden con los sistemas de creencias de las sociedades tradicionales. Mi estudio pretende aproximarse a los medios utilizando la Teoría de Género, pues considero que no es posible hoy la investigación comunicológica, si no se tiene en cuenta esta dimensión en todo el complejo fenómeno de mediaciones que constituyen el acto de comunicación masiva. De igual forma, la Teoría de Género —para poder entender y explicar los procesos por los que la sociedad asigna juicios de valor y roles a mujeres y hombres, y a su vez, la articulación de estas dinámicas en la conformación de las identidades individuales— debe recurrir a la Teoría de la Comunicación y detenerse, de manera especial, en los medios.
Precisamente, una aproximación epistemológica a los nexos entre la Teoría de Género y la Teoría de la Comunicación abre mi propuesta de una mirada de género a los medios, que luego se detiene en la ausencia de las voces femeninas en la llamada gran prensa y el predominio de un discurso androcéntrico; en las representaciones mediáticas del cuerpo femenino, como una forma para legitimar el poder de la ideología patriarcal, en la manipulación mediática del respeto a la diversidad sexual en el caso de la publicidad comercial que utiliza la estética «gay», en la marca sexista de Internet, en especial en las salas de chat y, por último, expongo algunas consideraciones sobre la imagen de la mujer en los medios en Cuba.
Por supuesto, con estos tópicos no se agota un tema controversial, en el que apenas se ha comenzado a incursionar durante los últimos años. Muchas son las aristas desde las cuales se pueden abordar las relaciones entre el género y los medios. Pero pretendo, sobre todo, reivindicar —y uso el término con toda la carga combativa que se le atribuye —la necesidad de articular estos dos ámbitos del saber. Sé que es este un objetivo ambicioso, pues como ha alertado Jesús Martín Barbero
la problemática del hacer teórico sigue mirándose en América Latina como algo sospechoso. Desde la derecha, porque hacer teoría es un lujo reservado a los países ricos y lo nuestro es aplicar y consumir. Desde la izquierda, porque los problemas «reales», la brutalidad y la urgencia de las situaciones no dan derecho ni tiempo al quehacer teórico. Y sin embargo la teoría es uno de los espacios claves de la dependencia.
Repensar la teoría: he aquí el fin y el desafío.
En el lenguaje periodístico se le llama lead al primer párrafo de un texto informativo que debe responder las preguntas clásicas quién, qué, cuándo, dónde y por qué.