Marta Abreu: La dama todo corazón
Autor: Juan Manuel Fernández Triana
ISBN: 978-959-7071-68-6
Págs: 160
Tamaño: 21 * 14 cm
Tirada: 1000
Año: 2010
Cuidado de la edición: María Eugenia de la Vega García
Diseño de cubierta: Raúl Martínez Hernández
Diseño interior: María Elena Gil Mc Beath
Diagramación: Zelaida Rodríguez Peña
La edición de este libro ha sido posible gracias al apoyo del Programa OXFAM en Cuba.
| Fuego de raíces: Marta Abreu Arencibia [Teresa Díaz Canals] |
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Todo lo ofrecido es nada.
Todo lo ofrecido son mis tesoros.
No tengo más.
Tengo más.
(…)
Algo queda, nada queda, queda todo.
FINA GARCÍA MARRUZ, en Para otros ojos
Escribir sobre Marta Abreu Arencibia es hacer un homenaje a una de las fundadoras de la nación cubana. Más que un simple recordatorio de rutina, es hacer aparecer en el escenario de Cuba toda, la significación de alguien que no hizo obras de caridad desde su altura de mujer rica, sino quien aportó con lo que tenía: dinero, a la libertad y al progreso de su país. Hubo un concepto en ella de deber cívico de la riqueza.
Leer apenas algunos de los gestos sociales realizados por esta mujer, nos conduce a tener que repensar otra vez una parte de la historia de la Isla. Dicen que hay que hablar de Santa Clara antes y después de ella. Saber un poco más sobre su persona a través de estas páginas, me ha permitido compararla con un pequeño y tenaz fuego que hace duradero y ahonda siempre la ceniza, precisamente por su lentitud de raíz.
La mujer que rechazó un título de nobleza —porque ya no necesitaba ser más noble— ilumina el tiempo que preside nuestra existencia, los días anteriores a nuestros días. Cuando me decidí a buscar literatura que me acercara a una figura regional, encontré tres textos en la sección de Libros Raros de la Universidad de La Habana, uno de ellos era un discurso pronunciado en 1945, en homenaje a los cien años de su nacimiento. Le tuve que pedir al responsable del silencioso recinto, que me apartara las hojas que permanecían hasta ese día cerradas por defecto de fábrica. Pasaron sesenta y cuatro años para que alguien leyera su contenido.
No hay mundo común sin relato. No se trata de construir a partir de nada, en primer lugar, porque es imposible. Pero hay otra cuestión esencial, una mirada que intente ver con otros ojos, escuchar de otro modo, rehabilitar autoras y obras, formas y maneras, debe leer lo que no ha sido leído en lo que hemos leído. Como bien explica el autor de este libro, Marta Abreu fundó escuelas para niños y niñas, financió la construcción del Teatro La Caridad en 1885 y con lo recaudado en él planificó el mantenimiento de colegios y orfanatos. Fue una especie de adelantada de lo que hoy tenemos en el país: agencias de cooperación, pues no financiaba para aliviar la pobreza como acto de filantropía, sino para hacer desarrollar la nación y sobre todo su ciudad natal: Santa Clara. Construyó puentes, contribuyó a mejorar hospitales, cárceles, mejoró las instalaciones de un observatorio metereológico, aportó a expediciones en la guerra de 1895, suministró el dinero para la planta eléctrica de Santa Clara, mandó a construir cuatro lavaderos para las mujeres de su ciudad y de esta manera mejorar su calidad de vida, así contribuyó también a la no contaminación de los ríos.
Jamás permitió que su nombre apareciera en las obras que creó. Rechazó una petición que se hizo para que se le concediera por el gobierno español un título de Condesa. Su vida representa una atención permanente a pequeños cuidados, una vocación de servicio, un acto de amor al prójimo y a la naturaleza, precursora del Trabajo Social en nuestro país. Con su actitud postuló un criterio social, una doctrina ética, una conducta cívica. No era simplemente la mujer que hacía el bien por un noble sentimiento caritativo. Cuando pensamos en ella debemos tener presente a una reformadora social.
Es obvio la importancia de la memoria fáctica, de los hechos históricos que nos devuelven los acontecimientos una y otra vez, a través de un constante emerger con la palidez de lo pasado, porque nunca vuelven ni con los mismos rasgos, ni con la misma luz. Sin embargo, lo que deseo subrayar, en ocasión de una nueva publicación sobre la figura de Marta Abreu, es la memoria-imaginación, encargada de colorear cuadros que quisiéramos ver para encontrar valores más allá de los hechos. No es posible hacerlo sin una dilatación psíquica, sin una ensoñación. Poseer ese estado es la única posibilidad de habitar el mundo de la soledad.
Resulta un error pensar que cuando se habla de ensoñación, significa algo que tiene que ver única y exclusivamente con el mundo de la poesía, con una cultura exquisita que niega toda posibilidad de establecer una evidencia de razón. No es ensoñación que adormece, sino ensoñación actuante que dispone obras. Diría que no es una razón que pretende absolutizar la verdad, tomar algo como conquista y apropiación, lo que por lo general siempre hacemos, sino razón compartida, como señal con la que debemos establecer una relación, una escucha, un trabajo de alteridad. Ensoñación a la que le es imposible poetizar, porque no alcanza las palabras del poeta, si bien necesita la imagen para poder vivir de una escritura que despliega el lenguaje.
Un legado de la señora Abreu a la nación cubana, fue sin dudas una ética del cuidado. Cuidar al otro y a uno mismo para impedir el proceso de degradación mutua como única solución de un callejón ¿sin salida? Tomar distancia del tiempo y del espacio para poder desplazarnos, tal vez sea la única forma de cuidar el porvenir. Ante un mundo real como es este, podemos descubrir en nosotros y nosotras el ser de la preocupación, porque estamos de manera constante arrojados a su negatividad, sus peligros, su hostilidad. Adaptarnos a esta realidad, fabricar obras que son realidades son partes de las exigencias que tenemos de la función de lo real. La imaginación vista desde la fenomenología es parte inseparable de esa realidad.
Gaston Bachelard se refería a cómo la ensoñación es, tanto en el hombre como en la mujer, una manifestación del ánima. Explica que amar las cosas por su uso implica masculinidad. Ellas son las piezas de nuestras acciones, pero amarlas por sí mismas, íntimamente, con las lentitudes de lo femenino, nos lleva a la naturaleza íntima de dichas cosas y destaca cómo a veces las palabras son infieles a las cosas, advierte entonces la necesidad de cuidarse de hablar el mismo lenguaje con nombres nuevos. Llorar, por ejemplo, es una manifestación del ánima, pero esta no es una debilidad. De ella recibimos una calma natural, emana una calma sustancial. Esto no quiere decir que lo masculino es inferior y lo femenino superior, ambas potencialidades pierden su fuerza aisladas, son valores biológicos. Pero los mejores ensueños de hombres y mujeres nacen de lo femenino.
Anotó María Zambrano que "nada extraordinario ha sido obvio nunca". [María Zambrano: "Carta a José Lezama Lima 15 de junio de 1958", en Fascinación de la memoria. Textos inéditos de José Lezama Lima, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1993, p. 235.] Escribir en el 2010, Marta Abreu: La dama todo corazón —este libro del joven villaclareño Juan Manuel Fernández Triana— es hacer un acto de justicia, de orgullo nacional. Todavía no conozco al autor de estas páginas de manera personal. Él vive en la ciudad de Marta y yo en la ciudad donde ella conoció al matancero Luis Estévez. A ambos nos une un respeto por nuestro pasado, la admiración hacia alguien que festejó a su tierra.
Marta sigue siendo el corazón del país, no por su caridad magnánima, sino por su proyección a lo colectivo. Amó en los detalles al conjunto, por eso el conjunto le dolía en la alegría de los detalles. Si Antonio Maceo expresó: "voy a contarle mi historia en cicatrices", Marta Abreu bien pudo decir: "mi vida está en las obras que he dejado".
TERESA DÍAZ CANALS
La Habana, 12 de enero de 2010