Centro Félix Varela

logoCuadernos del CIPS 2010: Experiencias de investigación social

AtomoManosDiabloCompiladores: Yuliet Cruz Martínez, Fabián García Luna, Celia garcía Dávila, Juliette I. Fernández Estrada
Colaboradora: Denisse Delgado Vázquez

ISBN: 978-959-7071-75-4
Págs: 216
Tamaño: 15,5 x 22 cm
Tirada: 1000 ejemplares
Año:  2011
Edición: Ileana Ricardo
Diseño y composición: Alexis Ponce

Es una publicación conjunta del Centro Félix Varela (Publicaciones Acuario) y del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS)


Prólogo [Aurelio Alonso]
Palabras en el lanzamiento (FIL Cuba 2012) [Fabián García]

Contenido

Prólogo. Aurelio Alonso

LAS CIENCIAS SOCIALES CUBANAS DE CARA A LA TRANSFORMACIÓN SOCIAL

  • Transformación de la sociedad cubana: contribuciones a un debate actual. Entrevistas a Mayra P. Espina Prieto, Julio A. Fernández Estrada y Juan P. Triana Cordoví
  • Ciencias Sociales para la transformación social. María Isabel Domínguez y Juan Luis Martín
  • Transformación social desde el CIPS. Una valoración. Alba H. Hernández

RESEÑAS DE LOS RESULTADOS DE INVESTIGACIÓN PRODUCIDOS DURANTE LOS AÑOS 2009-2010

  • Las desigualdades en la sociedad cubana en diálogo con la equidad. Lucy Martín
  • ¿Querría quedarme en esta ciudad? Apuntes para una posible respuesta. Idania Regó
  • Acerca de la formación de proyectos de vida profesionales en la juventud. Omar García
  • Aportaciones hacia una socialización para la participación social en instituciones de educación superior. Fabián García
  • La Autonomía Integradora. Una alternativa teórica-metodológica para el abordaje de los procesos comunitarios. Taimi Garriga
  • Desarrollo de Subjetividades y espacios de Participación Comunitaria para la Transformación Social. Ovidio D' Angelo
  • Las nuevas modalidades religiosas. Estudio sobre las variaciones del campo religioso en la región occidental de Cuba. Ofelia Pérez
  • Cultura de Resistencia y Resistencia de una Identidad Cultural: la Santería cubana y el Candomblé brasileño. lleana Hodge
  • Encuadre neoliberal en educación para la ciudadanía: desafíos democráticos para los Estados latinoamericanos. Kenia Lorenzo

RESEÑAS DE PUBLICACIONES RECIENTES

DE LOS AUTORES

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Prólogo

A falta de una publicación periódica propia de mayor frecuencia, que cumpliera el doble papel de difundir de manera más dinámica la marcha de sus trabajos, motivando a los investigadores a ese ejercicio de compartir el proyecto en marcha, que tan útil resulta para ordenar ideas, someter hipótesis a criterios externos, rectificar respuestas, el CIPS cuenta con el Anuario. En todo caso es una suerte que exista esta publicación, que lleva una muestra elocuente del quehacer del Centro a profesionales del conocimiento social, investigadores, docentes, estudiantes, y al público interesado en buscar respuestas más allá de la simple opinión, a emprender con la lectura un diálogo que los confronte con las raíces de los problemas contemporáneos de la realidad cubana.

Los saberes que se concentran en esta institución no abarcan las ciencias de la Historia, y en el mapa del presente, tampoco las económicas. Publicar anualmente en lugar de hacerlo bimestral o trimestralmente no implica solo una diferencia de tiempos sino que le da al producto otro contorno, cualitativamente otro, que calificaría yo de más definitivo. No son pocos los centros académicos que han sabido aprovechar al máximo estas características y hacer de sus anuarios piezas indispensables en muchas áreas del saber.

Tanta labor ha quedado engavetada, y alguna que no encontró editor para configurarse en forma de libro, por la carencia de un medio propio. Desde que vio la luz el Anuario del CIPS, estos riesgos se han reducido. Pero toda publicación tiene su juventud y su madurez, y quisiera comenzar estas líneas haciendo notar que la maduración que revela la edición que ahora prologo me parece profunda y oportuna. Sin que crea por ello que no le queda camino por andar para trasladar de la mejor manera los resultados de los logros significativos de la institución. Trasladar al público y a los denominados «introductores» en esa jerga burocrática de la ciencia.

Ni pienso hacer un recorrido por los trabajos contenidos en este volumen, pues sería innecesario y aburrido para el lector que se quiera aproximar a sus textos, ni voy a citar más que algunos pasajes que propicien soporte a mis apreciaciones preliminares.

El volumen cuenta con dos partes perfectamente diferenciadas: la primera, reúne tres materiales que nos colocan ante una perspectiva integral, abarcadora del presente de la ciencia social cubana, en sesenta páginas que no pueden dejar de recorrerse, con lecturas que, sin ser polémicas, tampoco son del todo coincidentes, lo cual estimo excelente; la segunda, el grueso del anuario, la conforman, como es habitual, las reseñas de los resultados más relevantes de investigación realizados en el año —nueve en esta ocasión— seguidas de otras siete reseñas, de libros de autores cubanos que recogen algunos estudios concluidos en el período.

Me voy a permitir concentrar la atención de estas líneas en la primera parte, porque estimo que le confiere a la presente edición del Anuario un rasgo distintivo, y porque otra cosa más cercana al relato extenso no se aviene a mi concepción del ejercicio de prologar.

Comenzaré por referirme al tema de las ciencias sociales en Cuba, aunque no sea este el estudio que abre la sección, expuesto por María Isabel Domínguez y Juan Luis Martín, quienes han recorrido con éxito en su vida, como investigadores, todo el camino de la sociología cubana formada con posterioridad a la victoria revolucionaria. Su mirada a los altibajos de esta andadura, que como historia ya reclama, sin dilación, un escrutinio crítico desde el presente, resulta imprescindible.

Aquí encontraremos una importante reflexión sobre los lastres que sufre la ciencia social, en sentido universal y en nuestras latitudes, en particular la fragmentación que entorpece el desarrollo del enfoque integral que reclama la realidad de nuestro tiempo. Incluso en momentos en que otras ciencias logran acoplarse en «ciencias de la Tierra» o en «ciencias de la Vida». Quedaría por preguntarse, y responderse, si la fragmentación disciplinaria que aún padecemos y aun lastra a nuestras ciencias sociales se debe más a una deformación positivista legada del proyecto hegemónico neocolonial o a la compresión que el dogma reduccionista soviético impuso a nuestras disciplinas.

El estudioso más relevante del período republicano, Fernando Ortiz, puede ser citado indistintamente como etnólogo, antropólogo, sociólogo e incluso como filósofo, a partir de su Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, pues nunca se limitó al instrumental de una sola disciplina. Por otra parte, la estructura curricular de nuestra enseñanza superior no propició, durante la república neocolonial, la formación de una sociología positiva porque le faltaba modernidad, en el sentido liberal.

La academia soviética sí se vio forzada a legitimar en los sesenta lo que llamó «investigación sociológica concreta», para eludir el reconocimiento de la sociología como ciencia; con lo cual la fragmentación positivista entraba de contrabando en los predios supuestamente dominados por el materialismo histórico. Hay que reconocer que tampoco faltaron estudiosos en los centros regidos por Moscú que buscaran distanciarse del dogma, y es evidente que las generaciones de sociólogos, psicólogos, y especialistas en filosofía que se formaron bajo la sombrilla soviética supieron beneficiarse de algunos de aquellos atisbos críticos.

Considero que, visto desde la perspectiva cubana, más complicada, y más polémica, que la fragmentación, ha sido la relación entre la política y el quehacer académico. Los autores destacan positivamente la significación de estos nexos en las dos décadas que precedieron a la crisis de la desintegración socialista, y subrayan una disminución, en la primera mitad de la década siguiente de la demanda de resultados de investigación social por parte de las instancias políticas, «apremiadas en atender la compleja coyuntura», de contracción y desconexión del proyecto cubano. Un razonamiento a la inversa también sería legítimo: si los resultados de la investigación social habían ganado anteriormente reconocimiento entre los decisores de las altas esferas politicas y administrativas, valdría deducir que ante la compleja coyuntura debían ser más necesarios que nunca.

Me inclino más bien a interpretar que dentro del «socialismo real» las reglas del vínculo de la ciencia social con la política se ceñían a parámetros definidos por el razonamiento justificativo y las propuestas acríticas, en tanto, la debacle del sistema no admitía reflexión rigurosa que no se centrara en la crítica. Como debió haber sido siempre aunque, por desgracia, solo pudo abrirse paso cuando las estrategias de los decisores fracasaron. Las de Moscú, ante todo y, en una u otra medida, las de los que formábamos parte del sistema llamado del Este, arrastrados por su centro.

En todo caso no estamos ante un tema resuelto y, sin duda, es un tema esencial, porque la genial oncena tesis de Marx sobre Feuerbach es válida en los dos sentidos: no basta con interpretar el mundo —como creían los pensadores que se definían como la izquierda de su época— sino que hay que transformarlo; sin embargo, para transformarlo en sentido correcto no se puede subestimar, como la subestima la conversión de las ideas en dogmas, donde quiera que se dé, la necesidad de interpretarlo, y reinterpretarlo críticamente una y otra vez.

En cualquier caso, como bien señalan los autores, la sociología y, en general las ciencias sociales, se abrieron paso en el contexto de estas relaciones en Cuba, y aseguraron crédito por su rigor, aún si no de manera sencilla y lineal. Es cierto que el presente siglo ha comenzado con otros signos, y con otras posibilidades de articulación internacional, ahora desde un escenario de Nuestra América, al cual nos corresponde aportar los beneficios de nuestros logros. Pero, al propio tiempo, este giro en el escenario latinoamericano tensa la urgencia de cambios en la concepción del socialismo que el proyecto cubano necesita realizar, tanto en la sustentabilidad económica, como en la institucionalización política y civil que haga efectiva la participación a todos los niveles. El desafío de cambios que enfrenta nuestro país puede valerse del caudal de experiencia y de problematización acumulada en centros como el CIPS y, por supuesto, de un aprovechamiento más regular de su seriedad científica y de su postura crítica.

Cuando leo que contamos con cuarenta y tres centros de investigación y seiscientos investigadores, más unos cinco mil profesores que investigan desde otros cuarenta y dos centros de enseñanza superior, reconozco que contamos con un caudal apreciable de inteligencia en el sector, pero lo que más me impresiona es la brecha entre el número y el impacto visible en la vida económica y social.

Es innecesario aclarar que no es asunto de reclamar reconocimiento para el oficio, sino de hacer integral el impacto que las investigaciones del Centro han logrado parcialmente, como es el caso de los estudios de comunidades y de participación democrática comunitaria, o el caso de los estudios de violencia familiar y, en general, de familia, los sociorreligiosos, los de juventud y relaciones generacionales, y significativamente los estudios de heterogeneidad social y desigualdades, por citar solo algunas de las áreas que figuran en el presente volumen, y que son claves para la configuración de una valoración crítica integral y de la consecuente definición y corrección de políticas.

El CIPS cuenta con el potencial profesional para desempeñar, con sus estudios, un papel en el cambio social que ha comenzado ya a desencadenarse. Se ha reconocido en todos los niveles que se hace indispensable desestimar las «fórmulas cuestionadas por la misma realidad que pretendían encauzar», para decirlo en las palabras de Juan Triana, después de objetar las simplificaciones que llevan a preguntarse si el mercado es o no es enemigo del socialismo, en un extremo, o si la planificación económica sigue siendo necesaria, en el otro. La canasta de los problemas que ahora exigen respuesta es prácticamente infinita.

No olvidemos que la realidad que tienen ante sí nuestros sociólogos, economistas, y estudiosos en general, es la de una crisis que ya dura veinte años, en los cuales la sociedad cubana ha generado incongruencias mayúsculas, que no había conocido antes de 1990. Y que, además, en términos de actores sociales, la generación que arribó entonces a la edad laboral ha sido marcada inevitablemente por esta crisis.

Mayra Espina, en el ensayo que abre el texto, subraya la necesidad de analizar a fondo las fuentes de los cambios y tensiones sucedidos en estos difíciles veinte años. En primer lugar los efectos específicamente atribuibles a la caída económica y la desconexión del proyecto cubano a partir de 1990. En segundo lugar los efectos de onda larga de las reformas adoptadas en los noventa. Y en tercer lugar el shock más reciente que combina dos factores. El externo: efectos directos e indirectos de la crisis mundial desatada en 2008-2009 sobre una economía abierta, dependiente del comercio exterior y, además, maltrecha y estructuralmente poco funcional. Y el factor interno: el agotamiento de los dispositivos de animación económica de las reformas de los noventa, como la saturación de la demanda turística, el estancamiento del cuentapropismo (hasta ser rescatado por el VI Congreso del Partido), la insuficiente efectividad del replanteo de la gestión agraria, y la deformación monetaria interna engendrada a partir de la despenalización de la divisa. Y en el plano político la búsqueda de los caminos hacia un socialismo «multiactoral frente a un socialismo estadocéntrico».

Tampoco diría que las fórmulas se van a encontrar en los archivos del CIPS y, de hecho, cuando llegamos a las listas de propuestas en muchas de las investigaciones, es inevitable que la mayoría de ellas nos queden vagamente expuestas. Las concreciones no suelen ser posibles desde esta fase, sino que tendrían que darse en la química a lograr entre la retorta del científico y las respuestas de los decisores a los problemas concretos, para decirlo mal y rápido. Y a veces, apunta con acierto Alba Hernández, «no somos conscientes de esta comunión o hacemos como si no lo fuéramos».

Siguen a estos textos, como señalé arriba, nueve reseñas de investigaciones en las cuales no voy a detenerme, pero son las que configuran el cuerpo detallado del Anuario. Las de los libros, que vienen después, son todas valiosas, pero podrían salir igualmente en otro lugar. No las desestimo, pero en cualquier caso ahí están los libros, en tanto las nueve que preceden, junto a la muy oportuna sección introductoria, son, a juicio mío, los textos que verdaderamente hacen el Anuario.

No puedo pasar por alto, como antiguo investigador del CIPS, y particularmente de su equipo de estudios sociorreligiosos, fundado y dirigido hasta su fallecimiento por Jorge Ramírez Calzadilla, que me satisfizo notar la presencia de dos capítulos de este colectivo en el volumen. Uno de ellos sobre los cambios en el campo religioso, de Ofelia Pérez, en el cual da cuenta de la visibilización progresiva de las instituciones religiosas, y de la diversificación de creencias, en la sociedad actual.

Tampoco quisiera pasar por alto el trabajo de Kenia Lorenzo, el último de esta sección, resumen del resultado de investigación de una beca de CLACSO, el cual se centra en el análisis crítico del discurso de la OEA sobre la educación para la ciudadanía. Lo señalo porque trasciende las fronteras nacionales con el mérito de proveer un elemento de confrontación para una de las vertientes esenciales de la realidad social cubana, en tanto proyecto de justicia social y ante el reto de formar una democracia socialista, sine qua non de cualquier aspiración de sustentabilidad para rebasar la lógica del capital.

Para no hacer más largas estas líneas, deseo saludar al CIPS, a sus investigadores y su equipo de dirección, a sus trabajadores todos por este nuevo Anuario. Nuevo en más de un sentido, muy especialmente en el que nos pone en sintonía más plena con la magnitud del cambio que se ha propuesto nuestro Partido y, con él, nuestra sociedad, y deja ver las posibilidades de potenciar aún más su aporte con la penetración, el rigor, el ingenio, y la audacia de su labor científica.

Aurelio Alonso

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Presentación en la FILH 2012

El martes 14 de febrero (2012)fue presentado en la sede de la Naciones Unidas en Cuba, a las 10:00 a.m, Cuadernos del CIPS 2010, la última entrega de los cuadernos científicos del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas del CITMA, cuyo tema principal es la transformación social, en su vínculo con las ciencias sociales.

La presentación estuvo a cargo de Juan Carlos Campos, Vicedirector Científico del CIPS, Aurelio Alonso, prologuista del libro, y Fabián García, uno de los compiladores principales de la publicación.

Cuadernos del CIPS es un texto elaborado y compilado por sus propios investigadores e investigadoras, y tiene como propósito fundamental, además de dejar un legado del trabajo científico de la institución, ser fuente de consulta de académicos, docentes, políticos, estudiantes, y de toda aquella persona deseosa de profundizar en la comprensión de la sociedad cubana. Es un libro estructurado en 3 secciones, en la primera se aborda el tema principal del libro, la segunda contiene las reseñas de los resultados de investigación producidos durante el año, y la última sección presenta las reseñas de las publicaciones más recientes del CIPS.

Los y las investigadoras del CIPS han optado con esta publicación atender lo esencial hoy en la sociedad cubana: ¿qué transformar y cómo? Acerca de esta pregunta y otras, se reflexiona en la sección principal: Las Ciencias sociales cubanas de cara a la transformación social. En este apartado se recoge la visión de varios intelectuales del área de la sociología, la economía y el campo jurídico sobre la relación transformación social-sociedad cubana. También se analiza, por varias investigadoras del CIPS, el papel que las ciencias sociales deben cumplir en el proceso de transformación social; y el rol que históricamente ha jugado dicha institución en acciones transformativas.

También se incluyen en sus páginas, además de reseñas de las publicaciones más recientes del CIPS, un conjunto de reseñas sobre los principales resultados investigativos producidos fundamentalmente en el año 2010. Estos tienen como núcleo principal el tema de la socialización y la participación social en los entornos educativos y comunitarios; y refieren a análisis de procesos de heterogeneidad y desigualdad en nuestra sociedad; a estudios sobre el campo religioso, sobre el universo juvenil en aspectos tan importantes como la identidad territorial, la participación social en el ámbito educativo y comunitario, y la formación de proyectos de vida profesionales durante esta etapa de la vida. El actual Cuaderno del CIPS, tiene la peculiaridad de presentar por primera vez un resultado investigativo que traspasa las fronteras nacionales, que presenta diferentes problemáticas para los estados latinoamericanos relacionadas con una educación para la ciudadanía dentro de un esquema neoliberal.

La lectura de Cuadernos del CIPS 2010 será sin dudas provechosa, sobre todo para aquellas personas interesadas no sólo en el estudio de la sociedad cubana, sino y sobre todo, en la imprescindible e impostergable transformación de la misma.

Fabián García Luna

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Contenido

 

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